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Foto: Loli Martín |
viernes, 28 de febrero de 2014
Febrero inestable
jueves, 27 de febrero de 2014
Luto por Paco de Lucía
Ayer murió Paco de Lucía, a los 66 años de edad. Para una persona de nuestro tiempo, se trata de una muerte prematura e injusta. Era un prestigioso guitarrista flamenco que exploró otros estilos, como la música clásica -sin saber leer un pentagrama- y la fusión de flamenco y jazz, siendo un adelantado de la moda que luego surgió de mezclar el flamenco con otras expresiones musicales. Depurado técnicamente y sobrado de inspiración, su inquietud con el instrumento de seis cuerdas lo llevó a ser considerado uno de los guitarristas más prestigiosos del mundo y un genio de la guitarra en nuestro país, que creó escuela. Sin proponérselo, señalaba el camino que otros, como Manolo Sanlúcar, recorrieron con parecido éxito, dividiendo a los melómanos de uno y otro artista.
Por ese motivo, siendo yo un profano que en nada gusta del
flamenco, es como conocí y seguí a Paco de Lucía. Su famosísima composición “Entre
dos aguas” fue la melodía que acompañó mis años adolescentes en bares y
atracciones de coches locos. Incluso sirvió de modelo para intentar
interpretarla con humillante torpeza en aquellas guitarras de ínfima calidad
que todo buen hippie debía saber rasgar en cualquier guateque.
Pero Paco de Lucía era algo más que un guitarrista de
flamenco. Era un excepcional músico que demostró su inmenso talento, no sólo en
los tablaos, sino en los escenarios más reputados de todos los teatros del
mundo. No en balde colaboró con Al Di Meola y John McLauglin en un disco de
colección y recibió premios de la categoría del Príncipe de Asturias de las
Artes y el Berklee College of Music de Boston, entre otros.
Su muerte tiñe de luto a los que incorporaron a este músico serio y
reservado, que sólo hablaba a través de su guitarra, en el bagaje cultural
de toda una época y de varias generaciones de españoles. Su música nos acompañará
siempre.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Un debate para la galería
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Rubalcaba y Rajoy |
Como cabía imaginar, Mariano Rajoy leyó desde la tribuna un
discurso triunfalista centrado en lo que más le convenía, la situación económica,
para subrayar que se ha superado la recesión, que la prima de riesgo se ha
reducido y que la recuperación es ya un hecho, aunque sea de manera moderada. No
ahorró cifras y comparaciones para vanagloriarse de que “ya no vamos hacia la
ruina”. Y proporcionó estudiados golpes de efecto para contentar al respetable
que ansiaba buenas noticias: ayudas a la contratación indefinida para empresas
que aumenten plantilla, si antes no han despedido ni individual ni
colectivamente a ningún trabajador de forma improcedente. Tarifa plana de 100 euros
al mes por la cuota de contingencias comunes que paga la empresa, si mantiene al trabajador durante, al menos, tres años. También
anunció que los que ganen menos de 12.000 euros al año no pagarán el IRPF, algo
que estaba ya en vigor porque se hallan exentos de pagar ese impuesto los que
ganan menos de 11.100 euros.
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Bancada de la oposición del Congreso |
El presidente del Gobierno eludió significativamente los
asuntos más controvertidos, como la ley del aborto, los casos de corrupción que
afloran en su partido y otras formaciones políticas, el empobrecimiento y las
desigualdades que aparecen en amplias capas de la sociedad y el simulado pero
esperanzador desarme de ETA. La realidad de la nación está, para Rajoy, en los
datos macroeconómicos que apuntan hacia el final de la crisis, y a ello
circunscribió el 80 por ciento de su discurso.
Pero para el representante del PSOE, Alfredo Pérez
Rubalcaba, la situación es bien distinta: se sigue destruyendo empleo, la deuda
pública escala cotas nunca antes conocidas y los recortes y reformas se llevan por delante las ayudas a la dependencia, becas, gastos educativos y sanitarios,
el poder adquisitivo de las pensiones, y en definitiva, las cosas han ido a
peor. El líder de la oposición también empleó golpes de efectos: recuperó un
viejo artículo de Rajoy para reprocharle que siempre legisla contra los más débiles,
la “apoteosis de la desigualdad” que define la gestión gubernamental y la pérdida
de derechos y libertades que prometió devolver en cuanto recuperen el Poder. Enarboló
un discurso ideológico a favor de los castigados y golpeados por la crisis y en
contra del optimismo del Gobierno.
Ninguna novedad, por tanto, en lo exhibido durante el debate
sobre el estado de la nación, en el que ante las cámaras de televisión y la prensa
cada cual representa su papel. Los demás intervinientes se amoldan a seguir fielmente
el papel de comparsas del mayor espectáculo teatral de la democracia: un debate
para la galería que sólo es útil para detectar estados de ánimo entre los
principales contendientes con capacidad de gobernar, a fin de colegir tendencias
en las intenciones sociales de cara a próximos comicios. Es decir, para
entretenerse en especular, no para afrontar los males que aquejan a la nación. Aplausos, al final, desde las filas de cada grupo parlamentario.
martes, 25 de febrero de 2014
Risto me aburre
Empecé sin ganas a ver el show de entrevistas de Risto Mejide y apagué el televisor a los
pocos minutos. Reconozco que ni lo hubiera encendido si no fuera porque el expresidente
José Luis Rodríguez Zapatero era el personaje que inauguraba un espacio tan
desperdiciado en Cuatro. Nada hay más frustrante que la representación en la
que se aparenta ser lo que no se es. Y el entrevistador de gafas de sol
impertinente no es periodista, sino una figura mediática que busca la provocación
en programas de entretenimiento. El papel de crítico fustigador de personajes
cuya coraza ha de ser traspasada por preguntas que desnudan lo que en realidad
piensan, sienten y desean, le queda tan grande a Risto como los trajes de David Byrne,
el líder de Talking Heads, en Stop making
sense. Un auténtico agitador que sacude sensibilidades abotargadas.
La fórmula no es nueva, sólo el nombre que evoca un estilo
de sofá bastante hortera para los tiempos que corren y que no conduce a ninguna
parte. Más que “Viajando con chester” habría sido más apropiado titular al
programa como “Arrumbados sobre el chester”, para prevenir la sensación de pérdida
de tiempo que derrocha este canal de televisión en vez de ofrecer un espacio
informativo de entrevistas que esté al nivel del ciudadano medio, no al que está
acostumbrado este conductor, famoso por sus broncas de estercolero en concursos
que buscan el espectáculo más arrabalero.
Lo más profesional del nuevo espacio de entrevistas de Risto
Mejide fue la promoción previa de la cadena, en la que se dejaba entrever a un
Zapatero supuestamente acogotado por el reconocimiento (constaría en el guión)
del entrevistador de que se sentía traicionado por el expresidente. Quitando el
tuteo, las impertinencias, la falsa agresividad, una sinceridad impostada, desparpajo
ensayado en lo anecdótico y las posturitas y gestos que, al menos, desfilaron
en los primeros minutos que pude soportar, el programa no sólo no acorraló con
preguntas al entrevistado, sino que le permitió lucirse en lo ya conocido,
eludir lo que consideraba inoportuno sin que el conductor ni se diera cuenta y
hasta devolverle algún que otro golpe, como aquel de “Risto, has estado más político
que yo”, que ya es hundirte en lo insustancial.
No cabía esperar otra cosa y seguramente el propósito de Viajando con chester no sea el de competir, aunque coincidan en la
franja horaria, con el Salvados de
Jordi Évole, que multiplicó por tres la audiencia del primero. Pero si como
espacio informativo no tiene ubicación, como programa de entretenimiento es
sumamente aburrido. A mi, al menos, Risto me aburre, especialmente cuando se
disfraza de intelectual.
domingo, 23 de febrero de 2014
El hedor de una semana
Hace justamente una semana que no me asomo por esta ventana virtual para otear la realidad e intercambiar impresiones y el hedor me echa para atrás. Es la descomposición de sólo unos pocos días, pero su olor es insoportable para cualquiera que posea un olfato sensible. La realidad en nuestro país es fétida cuando se descubre al conocimiento el material con que está elaborada. No aguanta ni una semana.
La primera náusea la produce la peste que desprende saber
que la Guardia Civil se dedica en
Ceuta a tirar con balas de goma al pichón negro que flota en el mar. Querían
señalar una línea imaginaria en el agua, sin ánimo de dar, pero resultan 15 personas ahogadas en una actuación tan benemérita como encomiable en una
policía de fronteras. Los que llegaron con vida a la playa fueron expulsaron
inmediatamente “en caliente” (un sarcasmo decir “caliente” cuando nos referimos
a gente que sale del mar tiritando de frío) a Marruecos, de donde procedían los
inmigrantes. De los muertos no sabemos si los enterramos aquí en fosas anónimas
o también los entregamos a los “moros”. Había una patrullera detrás de la supuesta
línea imaginaria, agentes en la costa, cámaras de visión por infrarrojos para
ver en la oscuridad, un espigón que separa ambos países, una valla alambrada
con espinas metálicas que cortan como cuchillas, una estructura de centros de
acogida a inmigrantes, leyes, jueces, un Estado de derecho y acuerdos
internacionales de colaboración entre países, aparte de la
Cruz Roja , ONG que ayudan a socorrer a
quienes huyen del hambre, la guerra y la miseria, una religión que reza y
protesta contra el aborto de los no-natos y que no se pronuncia contra nacidos
y ahogados por nuestra integridad nacional, pero alguien prefirió no utilizar nada
de este sistema y ordenó reprimir con material antidisturbios, como si de una
manifestación de ciudadanos hastiados de ser empobrecidos se tratara, contra
inmigrantes a nado en medio del mar, indefensos y desarmados, cuyo delito era
pretender entrar a España. Ese “alguien” primero lo niega todo y luego, cuando
las evidencias son abrumadoras, amenaza con querellas criminales contra quienes
injurien y calumnien al benemérito cuerpo de la Guardia Civil por criticar su
actuación. Es decir, este comentario podría acarrearme un juicio. Sin embargo,
todavía están pendientes una investigación que depure responsabilidades y la
“cabeza” de ese responsable que aún pasea orgulloso su triunfo por los pasillos
de la política, dejando un hedor que delata su podredumbre.
Otro “aroma” pestilente de los últimos días proviene de las
Islas Baleares, donde tuvo que acudir la Infanta Cristina de Borbón a prestar declaración como
imputada ante el juez Castro, ya enfrentado al fiscal del caso que “defiende” a
la acusada de tamaño atentado contra su honorabilidad por ser quien es. Allí se
ventilaba, dejando tan mal olor, una trama de corrupción orquestada por el
marido de la hija del rey de España, el espigado y espabilado Iñaki Urdangarín,
para saquear, con la complicidad de varias Administraciones entonces dirigidas
por Jaume Matas y Francisco Camps (ambos también con problemas con la Justicia ) dinero público
a través de una sociedad presuntamente sin ánimo de lucro, el Instituto Nóor, y
la instrumental Aizoon, de cuyas directivas formaba parte tan noble señora. La
defensa de la Infanta
echó por tierra décadas de reivindicación feminista al refugiarse en el
socorrido argumento de que en su casa (mejor dicho, palacete) decidía su marido
y ella se dedicaba a sus “labores”, es decir, a firmar lo que él le pusiera por
delante, confiada y segura como estaba de su amor puro y “empalmado” (como dejó
escrito en un email el susodicho). Y para pedir “préstamos” a su padre el rey
con que pagar los recibos de la hipoteca y tirar para adelante, como hace cualquier
familia con hijos en paro y problemas económicos. No sé, no me acuerdo y no
me consta fueron las respuestas al resto de un interrogatorio de horas del
que el juez sacará sus conclusiones: o la absuelve o la acusa. Toda la
maquinaria estatal y gubernamental, incluyendo al fiscal, está a favor de una
de las disyuntivas. ¿Adivináis cuál? Pues eso es lo que huele de forma tan
nauseabunda.
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Claro que comportamientos tan “dignos” no son exclusivos de
la aristocracia. Hay también “líderes” políticos, curtidos a la sombra de la
“lideresa” de Madrid y ¡mira por dónde! condesa, Esperanza Aguirre, como el
engominado Francisco Granados, exsecretario
general de los populares madrileños.
Resulta que escarbando en cuentas en Suiza se ha encontrado un millón y medio
de euros a nombre de este personaje que nunca había declarado a Hacienda,
aunque él, como el citado director de la Guardia Civil , primero niega la
existencia de los hechos para después “recordar” que había abierto una cuenta
cuando todavía no vivía de la política. El olor de una doble mentira se detecta
enseguida porque la cuenta, efectivamente, existía y porque su titular ya era
concejal y luego Alcalde de Valdemoro cuando ordenaba “ingresar” dinero en ella.
El verbo “ingresar” se usa con cautela en vez de “evadir” a expensas de lo que
su correligionario Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, esclarezca al
respecto. Para eso se hizo una amnistía fiscal en este país. Este personaje fue
consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid,
organizó una trama de espionaje a sus compañeros de partido Ignacio González
(actual presidente de la
Comunidad ), Manuel Cobo y Alfredo Prada que acabó siendo
archivada por el juez, y presidió la comisión del tamayazo, caso protagonizado por dos tránsfugas del PSOE que
posibilitaron la investidura de Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad tras repetir
las elecciones. Tiene innumerables intereses urbanísticos y ha sido señalado en
el caso Gürtel, la trama de
corrupción que afecta e infecta al Partido Popular, aunque no está imputado...,
por el momento. Es decir, Granados sirve de ejemplo de la actitud desprendida y
vocacional del político en quien confiamos con nuestro voto vidas y haciendas,
y que hace que este país, y sobre todo su futuro, huela a podrido.
Tan podrido como el chanchullo del alcalde de Alcázar de San Juan (Ciudad Real),
Diego Ortega, de privatizar el suministro de agua a la población en contra de
la opinión de sus propios vecinos, muchos de los cuales mantuvieron un encierro
de tres días en el Ayuntamiento para que el regidor sometiera a consulta popular
dicha iniciativa. Como si un fuenteovejuna
moderno se tratara, todo el pueblo se enfrenta a la cabezonería del alcalde
para impedir la tropelía, esta vez económica, de traspasar a la gestión privada
un servicio público que, en aras de una “sostenibilidad” que lo haga rentable,
se verá afectado por los consiguientes encarecimientos en los recibos. Y, si
no, al tiempo. Continúa, pues, ese afán “liberal” por privatizar servicios básicos
que son financiados gracias a impuestos que, en teoría, pagamos todos. Todos
los que dependemos de una nómina, al menos, y no tenemos cuentas en Suiza. A
los encerrados se les impidió cualquier avituallamiento para doblegar su
voluntad y no se tuvieron en cuenta las miles de firmas recogidas en la
localidad a favor del referendo. La decisión estaba tomada porque así está
inscrita en el modelo de gobierno de la formación política que asume el poder
en los ayuntamientos que controla. Autoritarismo, desprecio a la opinión de los
ciudadanos, entregar a la gestión privada los servicios públicos más
“rentables” y precarizar los que queden en manos públicas para que los usuarios
se vean obligados a optar por alternativas de iniciativa privada, y
mercantilizar la política en beneficio de una élite que monopoliza, a través de
puertas giratorias perfectamente permeables, todos los resortes económicos,
financieros, políticos y sociales de la colectividad. Así es una ideología que
permite “nacionalizar” las pérdidas millonarias de los bancos, pero no puede
atender prestaciones públicas porque vuelven insostenibles los gastos del
Estado. El hedor que destila ese empeño en “adelgazar” las administraciones desde
las que se proveen servicios básicos a
los ciudadanos, y que corrigen desigualdades, se está volviendo irrespirable, dado
el empobrecimiento al que condena (desde la del Estado y autonómicas hasta las
locales o municipales) a la mayor parte de la población. Súmense todos los
“ahogamientos” provocados y nos haremos una idea de lo que están consiguiendo:
medicamentos, pensiones, funcionarios, sueldos, ayudas a la dependencia,
subidas de impuestos, prestaciones por desempleo, copago sanitario, reducción
de becas, incrementos en tasas y facturas eléctricas, cierre de centros de
salud, privatización de hospitales y, ahora, ayuntamientos que entregan a
empresas privadas los servicios públicos que debían prestar, etc. La peste de esta
rapiña nos tiene adormecidos en una parálisis mortal.
Y eso sin enumerar retrocesos en derechos y libertades
individuales, como suponen la contrarreforma del aborto y la propuesta de ley
de manifestaciones, además de los sablazos que supuestamente se proponen para
luchar contra la piratería en Internet pero que sirven para recaudar por enlaces
a contenidos ajenos, más la vergüenza de un ministro que huye de la ceremonia
más importante del sector del que es responsable. Todo ello conforma una
atmósfera viciada y contaminante que, en sólo una semana, me hace vomitar de
asco.
sábado, 22 de febrero de 2014
75 años de la muerte de un hombre bueno

“Estos días azules y este sol de la infancia”.
______
Nota: 1) "Antonio Machado, antología de su prosa. 4. A la altura de las circunstancias". De Aurora de Albornoz. Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1976.
lunes, 17 de febrero de 2014
Síncope

Aparentaba 10 años más de los que tenía, a pesar de estar en esa frontera en que puedes ser maduro o viejo según cómo te haya tratado la vida. El rostro estaba surcado por arrugas que delataban un origen campesino y los padecimientos soportados con el estoicismo de quien está acostumbrado sólo a recibir golpes. Iba adónde lo mandaban y hacía lo que le decían. Ni una queja salió de su boca ni un mal gesto borró la expresión de náufrago que pendía de su cara. Se acomodó en el asiento dispuesto a esperar el tiempo que fuera necesario y acurrucó las manos en los bolsillos de unas ropas tan envejecidas y descoloridas como él mismo. Al poco rato acudió a la llamada de un enfermero que hurgó en busca de unas venas finas y escurridizas de las que extraerle la muestra que dijeron era pertinente antes de continuar. Volvió a sentarse frente a los ascensores con esa paciencia humilde que disimula un cansancio insoportable y remoto. Había dormido poco, como de costumbre, y a las cuatro de la madrugada se había levantado harto de aguardar a un sol todavía desterrado por la noche. Un vaso de leche templada sirvió para saciar un hambre inexistente que lo acompañó hasta el hospital muy temprano. Ya estaba aposentado en las sillas cuando el personal iniciaba la jornada. Finalmente lo mandaron a otro edificio tan perdido entre un laberinto de pasillos y puertas como aquel en que se hallaba, no sin preguntar a cuantas batas blancas se cruzaban en su deambular desorientado. Cuando consiguió llegar a la habitación apenas tenía fuerzas. Respiraba con dificultad y un sudor frío había empezado a pegarle la ropa al cuerpo. No sabe qué le pasó. Sólo recuerda que se despertó en una cama rodeado de médicos y enfermeros que no dejaban de manipularlo y preguntarle cómo se encontraba. Pasó el resto de la mañana con un suero en el brazo y los pantalones manchados de orina. Había sufrido un síncope que dibujó la muerte entre las arrugas de su cara. Sin ningún reproche y con su humilde silencio, se incorporó cuando le dijeron que podía marcharse, que ya estaba recuperado, pero que se posponía la prueba hasta el día siguiente. Arrastrando el cansancio que lastraba su vida, se perdió lentamente por aquellos pasillos blancos que no entendía dónde conducían. Sin protestar, sin un mal gesto, con el rostro arado de arrugas pálidas y profundas que lo hacían más viejo de lo que en realidad era.
domingo, 16 de febrero de 2014
Es hora de respuestas
Acusaciones judiciales contra Adif por el accidente del Ave en Galicia;
contra el Ministro del Interior por mandar los antidisturbios a repeler inmigrantes
en medio del mar, con resultado de 16 muertos; contra el titular de Cultura por
esquivar el acto más importante de la industria cultural española –la entrega
de los premios Goya de cine- y volver a reimplantar la asignatura de religión
en la educación, restringiendo las becas; al de Justicia por imponer una
contrarreforma en la ley del aborto que la retrotrae a los tiempos de la
clandestinidad; a un Gobierno regional que pretendía privatizar hospitales y
centros de salud; a una ministra del Trabajo que lo abarata con sus reformas,
facilita el despido y lo desvincula del convenio colectivo; a la titular de
Sanidad por el copago de medicamentos, el repago asistencial, la reducción de
la cartera de servicios y la expulsión de colectivos del derecho a ser
atendidos en nuestro país; contra el encargado de Industria por enredar el
recibo de la luz para camuflar un encarecimiento de su precio mientras disminuye
las ayudas a las energías renovables; contra el Fiscal General del Estado por
actuar teledirigido por el Gobierno y hacer de abogado defensor de la élite
gobernante en vez de hacer cumplir las leyes; contra el responsable de Hacienda
por aumentar impuestos, quitar desgravaciones fiscales a los trabajadores,
salvo a los pudientes con fortunas evadidas del fisco, y menguar el salario
de los empleados públicos; contra el titular de Economía, antiguo delegado de
una agencia de calificación de riesgo, por ayudar prioritariamente al capital y
los bancos en vez de a las familias y las víctimas de la crisis económica:, contra
el presidente del Gobierno por no dar la cara rehuyendo las comparecencias públicas,
hacer lo contrario de lo que promete y causar vergüenza ajena con sus balbuceos
y manidas frases hechas en vez de dar explicaciones convincentes y razonadas;
contra los partidos políticos que aseguran su continuidad frente a la regeneración y la transparencia en la gestión pública, sin importarles realmente la corrupción que los invade; contra los sindicatos que se acostumbran
a financiarse del erario público y olvidan la defensa del trabajador; contra
los delegados del Gobierno que se comportan como delegados políticos del
partido al que pertenecen; contra una Monarquía que se descompone entre escándalos
y deterioro físico de su amuletado titular; contra las tensiones separatistas
de algunas comunidades por intereses económicos, no realmente identitarios; contra una iglesia que se no
se acuerda que su reino no es de este mundo y se dedica a la política; contra
un sistema electoral que privilegia el bipartidismo frente a la pluralidad
existente en la Sociedad ;
y contra los que depositamos un voto por inercia, sin ninguna reflexión. Vivimos
tiempos de acusaciones encadenadas, sin que falten motivos para todas y cada
una de ellas, en medio de la mediocridad asfixiante que nos envuelve. ¿Cuándo
llegará la hora de las respuestas? ¿Cuándo se tendrá en cuenta a los ciudadanos?
sábado, 15 de febrero de 2014
Tonta, ignorante y sumisa
La mujer lleva décadas reivindicando la igualdad en derechos con el hombre y persiguiendo le sean concedidas las mismas oportunidades e idéntico trato que al varón, sin que el sexo represente ninguna discriminación que impida su pleno desarrollo personal. El movimiento feminista, tan vilipendiado por el pensamiento de derechas, cuestiona la dominación y la violencia que sufre la mujer por parte del hombre y la sujeción a roles sociales determinados exclusivamente en razón al sexo, sin tener en cuenta ni la capacidad ni la valía ni el mérito. Gracias a la vindicación feminista, la mujer ha alcanzado importantes logros, impensables hace relativamente pocos años, como el derecho al voto, la igualdad “formal” ante la ley, emancipación respecto al hombre y “regulados” derechos reproductivos, entre otros.
Como ser humano, la mujer conquista al fin la consideración
de sujeto de plenos derechos, sin que sean supeditados a raza, sexo, cultura,
religión o lengua. Eso es lo que dicen, al menos, todos los tratados y
legislaciones de los países más avanzados del mundo, del Primer Mundo al menos,
y recogidos en la
Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ya no es
un ser subordinado al hombre, dedicado a una función reproductiva y detentador
de tareas domésticas por obligación “natural”.
Hoy día, la mujer ocupa nuevas posiciones en el tablero
social, sin el estigma de los prejuicios seculares que la condenaban a
permanecer “en casa y con la pata quebrada”, y disfruta de espacios laborales,
políticos, culturales y sociales que le estaban vetados por ser, simplemente,
mujer. Un progreso que, no obstante, impregna con cierta dificultad la
mentalidad incluso de las propias mujeres antes que los hábitos y las normas de
la sociedad. Así, por ejemplo, es posible que una mujer dirija una importante
empresa o conduzca un autobús, pero su presencia aún provoque opiniones contaminadas
de un machismo intolerable.
Es por ello que, a estas alturas de la liberación femenina, resulta
descorazonador contemplar el espectáculo que brindan quienes, precisamente por
su formación y autonomía económica, debieran, al menos, evitar caer en el
estereotipo de la esposa dependiente y sujeta al criterio absorbente de su marido.
Ni siquiera como estrategia de defensa ante un problema judicial. No sólo no es
ético, sino tampoco estético.
Es la imagen caduca y poco creíble que desprenden
declaraciones realizadas por mujeres que se ven involucradas en escándalos
cometidos por sus parejas o exparejas y que son ofrecidas a modo de disculpa en
el Parlamento, en los Juzgados o ante los medios de comunicación, como las de
la infanta Cristina de Borbón ante el juez Castro, en Palma de Mallorca por el caso Nóos, o las de Ana Mato en el
Congreso de los Diputados a causa del caso
Gürtel que salpica a su exmarido. Son sólo dos ejemplos de actualidad.
Mujeres supuestamente “liberadas” de sus maridos declaran no
saber nada, desconocer absolutamente cuánto sucedía frente a sus narices y
realizado por quien dormía con ellas en la cama de matrimonio. Así, una no
sabía los tejemanejes societarios de un Duque consorte que le permitían hacer
mejoras en su residencia-palacio, contratar al servicio doméstico y disponer de
tarjetas de crédito con las que abonar hasta clases de baile. Y otra, ignorar
la existencia de un vehículo de alta gama (Jaguar) en su garaje, las facturas
de las fiestas de cumpleaños de sus hijos o el pagador de sus viajes y
vacaciones en el extranjero, en destinos exclusivos. Mientras disfrutaban de todo
ello, se comportaban como sumisas, ignorantes y tontas esposas, cuya voluntad estaba
dominada por sus maridos, en quienes confiaban absolutamente, a tenor de sus
declaraciones.
Ni por un momento sospecharon que, sin una actividad
concreta o con la simple dedicación a la función pública, era incompatible el suntuoso
dispendio con los ingresos “conocidos” y declarados. Por eso, causa bochorno
que el recurso a la mujer dependiente sea la coartada para alejar la responsabilidad
de unas actividades en las que aparece legalmente la infanta Cristina como copropietaria
-junto a su marido- de la sociedad Aizoon
y como miembro de la Junta Directiva
del Instituto Nóos, entramados societarios
que han servido supuestamente para cometer fraude fiscal, evasión de capitales
y desvío de fondos públicos.
Bochorno porque, de un plumazo, reniega con sus
declaraciones de las conquistas que las mujeres han reivindicado, durante todos
estos años, del papel de igualdad con el varón en cuanto a derechos y
oportunidades, también de obligaciones, para refugiarse en el de paciente y
fiel esposa subordinada a su marido hasta para firmar cualquier documento,
único capaz en la pareja de decidir gastos, conocer ingresos, contratar fiestas
y vacaciones o comprar casas y coches. Una ignorancia y una sumisión que no se
corresponden con ninguna mujer consciente de su papel equiparable al del
hombre, y menos aún con el de aquellas que gozan de autonomía profesional,
laboral y económica en sus vidas.
Que Ana Mato no supiera que su marido tenía un Jaguar o que Cristina
de Borbón firmara contratos como arrendataria y arrendador al mismo tiempo, no
sólo es expresión de una actitud tonta, por increíble que parezca, sino un
desprecio a su condición de mujeres modernas, liberadas de los estereotipos que
las limitaban a parir y cuidar los niños. Echan por tierra reivindicaciones del
movimiento feminista que han posibilitado que ellas mismas puedan acceder a los
puestos de trabajo que en la actualidad ocupan, puedan dedicarse a actividades
profesionales y no las domésticas, puedan votar y ser elegidas como
representantes de los ciudadanos en las Cortes españolas y hasta puedan
participar de una opinión pública que reclama la eliminación de la ley sálica de
nuestra Constitución para que la mujer se siente por derecho propio en el
sillón de rey, no sólo el varón, en una monarquía.
Todas las mujeres médicos, soldados, jueces, albañiles,
delineantes, taxistas, empleadas y amas de casas se han sentido abofeteadas por
esas declaraciones en las que la única defensa era regresar al papel de tonta,
ignorante y sumisa esposa. Realmente denigrante para el sitio de la mujer en
una sociedad moderna, que reconoce derechos y libertades a las personas, sin
distinción. Iguales ante la ley, dicen.
lunes, 10 de febrero de 2014
Periodismo y democracia
Es consustancial a la democracia la libertad de información. Una sin otra no se entiende. Por ello, cuando la democracia es asediada por fuerzas que desean imponerse al margen de la opinión de los ciudadanos, el periodismo actúa de termómetro para medir la calidad de un sistema que se basa en el reconocimiento de derechos y libertades. Cuanto más perseguida es la prensa, menos democracia existe y mayores actitudes autoritarias, en el mejor de los casos, o dictatoriales, en el peor, la desplazan. Cada año, el registro de los periodistas secuestrados, asesinados o encarcelados retrata los países donde la censura y la falta de libertades campan por sus respetos. Y no vamos a mejor.
Según Reporteros Sin
Fronteras (RSF), el año pasado aumentó un 129 por ciento el número de
periodistas secuestrados, una cifra de 87 informadores. Otros 75 fueron
asesinados, más de 2.000 agredidos y otros muchos han tenido que huir. Es Siria el país que encabeza la lista donde buscar la verdad
para contarla resulta más peligroso. Siempre es la guerra el contexto que hace
del periodismo un testigo incómodo y lo convierte en su primera víctima. Tras
Siria aparecen Somalia, Pakistán e Irak, países que confirman la regla anterior, pues
en ellos actúan grupos armados, milicias islamistas y gobiernos corruptos que
impiden la labor informativa.
España aporta reporteros a estos escenarios tan peligrosos
para ejercer la profesión. Javier Espinosa y el fotógrafo Ricardo García son
dos ejemplos de ello. Para la presidenta de RSF, Malén Aznárez, los periodistas
se convierten en “monedas de cambio” en estos conflictos. No sólo se les
enmudece, sino que los intercambian para alcanzar otros objetivos (económicos,
mediáticos, etc.)
Aparte de los secuestros y los asesinatos, la cárcel es otro
destino recurrente del periodismo, en aplicación de leyes reguladoras y
coercitivas de la libertad de opinión e información. China, Irán, Eritrea y
Turquía son los países que más periodistas tienen en prisión del mundo, con un
total de 200 informadores apresados entre rejas por dedicarse al ejercicio de
su profesión sin amoldarse a las directrices del poder de turno.
En este sentido, es preocupante la deriva autoritaria del
Gobierno español al pretender entorpecer la labor periodística con la próxima
Ley de Seguridad Ciudadana. Con la aplicación de esta ley, los informadores tendrán
mayores dificultades para recoger información y grabar imágenes de las
actuaciones policiales en sus enfrentamientos con manifestaciones en la calle,
lo que equivale en la práctica a un tipo peculiar de censura.
El cierre de televisiones públicas autonómicas, como Canal
Nou en Valencia, el control gubernamental de la RadioTelevisión Española
y la progresiva concentración de medios de comunicación en manos de empresas
privadas ajenas al negocio periodístico, dibujan un panorama inquietante para
la libertad de información en nuestro país. Incluso la Ley de Transparencia,
recientemente aprobada por el Parlamento, es considerada insuficiente por RSF,
ya que no reconoce el acceso a la información como un derecho fundamental y
establece el “silencio negativo” de la Administración como
mecanismo para negar esa información.
El periodismo en España también desvela las carencias de
nuestra democracia y los retrocesos que se consuman en derechos y libertades,
así como en la pluralidad informativa.
domingo, 9 de febrero de 2014
Aguas mil

Se suceden las borrascas que cubren la península de nubarrones negros, preñados de lluvia. Vienen acompañadas de fuertes vientos y temperaturas bajas que nos hacen recordar que continuamos estacionados en el invierno. Castigan especialmente el oeste y el norte de España, donde un mar embravecido, con olas tan altas como edificios, golpea puertos, espigones, acantilados y faros con una violencia inaudita que destroza muros y puentes e inunda zonas urbanas costeras. Desde primeros de mes no deja de llover por esa sucesión continua de tormentas que, dada su intensidad, bautizamos como “ciclogénesis explosiva”: especie de pequeños huracanes en latitudes infrecuentes para ellos. Aparte de daños materiales, esta racha de mal tiempo se ha cobrado la vida de infortunados curiosos que se han sentido atraídos por el rugir del mar y la bella estampa violenta de unas olas que vencen con estrépito cualquier obstáculo que hallan en su camino, arrastrando piedras, barandillas, árboles o personas. Y es que febrero ha decidido obsequiarnos con aguas mil, para rebosar pantanos, hacer crecer los ríos e inundar nuestras débiles defensas humanas, inútiles ante la ira de la Naturaleza. Todo un espectáculo sumamente peligroso.
sábado, 8 de febrero de 2014
¿Pecado o delito?
Entre los muchos problemas que aquejan a la iglesia católica, hay uno que no ha sabido, podido o querido afrontar con sinceridad y firmeza: el de la pederastia. No son casos aislados en los que un sacerdote, amparado en la superioridad de su magisterio y de su edad, abusa sexualmente de menores con los que se relaciona en parroquias o escuelas donde ejerce su función. Abusos que en la inmensa mayoría de las ocasiones quedan ocultos por el silencio de la víctima, reacia a denunciarlos por la intimidación que la autoridad eclesiástica hace prevalecer y una voluntad doblegada por el miedo, la vergüenza y la impotencia. Sin embargo, en los últimos años comienzan tímidamente a desvelarse ultrajes cometidos por pedófilos con sotana que están siendo denunciados, investigados y comprobados, sin que la jerarquía católica adopte ninguna medida contundente para condenarlos y castigarlos como merecen y como lo que son: delitos, no sólo pecados o faltas que se solventan con el perdón y un cambio de destino del “tentado por la carne”.
Justamente esa falta de interés por castigar y enmendar sus
“pecados” es lo que reprocha la ONU al Vaticano: no reconocer
“la magnitud de los crímenes sexuales” que el clero ha cometido contra muchos menores
de edad, favoreciendo que queden impunes por su negativa de entregar a la
justicia a estos criminales. En un implacable informe de la Comisión sobre los
Derechos del Niño, la ONU acusa abiertamente a la Santa Sede
de no prestar protección a los niños expuestos a las aberraciones de religiosos
pederastas, los cuales, ante la carencia de medidas correctivas y coercitivas
eficaces, siguen abusando de ellos de forma sistemática. La iglesia católica,
como institución, se comporta de manera cómplice, al inhibirse de presentar denuncia,
de las “decenas de miles de casos” que se han producido o se siguen produciendo
en su seno y por sus miembros.
Ningún santo pontífice de Roma ha combatido con severidad
unos escándalos que, no sólo causan el descrédito de la organización religiosa,
sino que corroen los cimientos morales en los que basa su razón de ser y su
discurso. En una actitud endogámica, la iglesia prefiere negar los hechos y
hasta ocultarlos antes que afrontar un problema que las autoridades civiles
deberían perseguir con mayor celo, evitando que se diluyan entre las penumbras
de los templos. Tan reacia es la iglesia a castigar a sus “pecadores” que
prefiere indemnizar a las víctimas a cambio de desistir de procesos penales,
aunque ello acarree la bancarrota de algunas diócesis. O adoptar posturas
defensivas de supuesta incapacidad para evitar los delitos cuando declara que
“somos pastores, no policías”. O pensar que la proliferación de denuncias sobre
pederastia forma parte de un plan mediático perfectamente orquestado contra la
iglesia y sus sacerdotes. Cualquier cosa antes que reconocer su gravísima
culpa: no enfrentarse a los delitos que comete su personal con hábito y
denunciarlos ante la justicia.
Y es que a la iglesia católica le parece más grave abortar
que abusar de un menor. No ahorra críticas de las iniciativas favorables a la
interrupción del embarazo, encabezando manifestaciones en contra de este
derecho de la mujer, pero en cambio es incapaz de condenar las atrocidades
cometidas contra niños indefensos por miles de religiosos en todo el mundo.
Dice defender la vida de una “persona” en estado celular embrionario, en una concepción distinta a la científica,
pero no le importa destruir la de un inocente niño al que un sacerdote traumatiza
de por vida o le provoca graves trastornos psicológicos. La iglesia traiciona sus propias normas cuando opta por
amparar a un delincuente sexual entre su clero antes que poner en riesgo la
imagen y el prestigio de su estructura orgánica, la institución religiosa. Y se
equivoca.
Se equivoca al cometer dos errores que socavan la
credibilidad y la confianza, no sólo entre los fieles sino también de la
sociedad en su conjunto, de una institución religiosa que no renuncia a servir
de guía espiritual de la sociedad y pretende orientar la acción de la política.
Es un error no expulsar de sus filas a los sacerdotes que violan tan gravemente
sus propios preceptos morales e intentar ocultarlos con traslados de parroquias
o piadosas excusas exculpatorias. Tres avemarías y un padrenuestro no resuelven
la violación sexual de un menor ni lavan la afrenta porque el pederasta no
recibe castigo alguno que impida volver a cometer su delito. La iglesia comete
el error de dejar que el mal siga en su seno pudriendo su estructura, sin
atajarlo ni extirparlo.
Y se equivoca también al pretender aislar los casos de
pederastia simplemente con medidas “morales”, obviando las respuestas civiles
ante delitos que no distinguen categorías sociales. Un sacerdote es, en primer
lugar, un ciudadano que, además de las normas que voluntariamente abraza al
integrarse en una orden religiosa, está sujeto obligatoriamente al ordenamiento
legal del Estado de derecho. Y si realiza un delito contemplado en el Código
Penal, deberá responder por él ante los tribunales de justicia que resuelven
estos casos, no sólo ante la autoridad eclesiástica de su institución
religiosa. No hacerlo así traslada la sensación de “privilegios” al personal
religioso que confieren impunidad por unos hechos que el resto de los ciudadanos
deben ventilar ante la justicia. Un distingo que, evidentemente, ocasiona el
descrédito y el repudio de la institución “privilegiada”.
La iglesia católica no sabe o no quiere afrontar el mal de
la pederastia que anida en su seno. Siempre ha vivido con él y su sospecha le ha
acompañado en cualquier lugar del planeta donde exista una comunidad religiosa
de sacerdotes católicos, únicamente masculinos y obligados al celibato. Es
posible que enfrentarse al problema requiera reflexionar sobre unos votos que,
más que facilitar la espiritualidad de la conducta, exacerban en algunos casos
la “animalidad” del sujeto. Pero, en todo caso, lo que es insoslayable es que,
ante un delito de pederastia, el delincuente debe ser entregado a la justicia,
vista sotana o pantalones.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Sainete popular andaluz
Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla y presidente regional
que siempre ha advertido de su transitoriedad al mando del partido en Andalucía,
no acaba de ver expedito el camino para su relevo, a pesar de haber avalado por
activa y por pasiva a José Luis Sanz como sucesor. Ni siquiera contando con el
beneplácito de la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de
Cospedal, puede librarse del cargo. Por segunda vez en poco tiempo, los
intentos por designar un líder regional tropiezan con “dificultades” internas
que desvelan, en contra de lo asegurado, que la “piña” de los populares andaluces no es de una pieza.
Hay divergencias importantes y enfrentamientos poderosos.
Al parecer, existe una lucha soterrada entre Cospedal y
Arenas por “controlar” a la persona que deba conducir a los populares al Poder en Andalucía, único
territorio importante que se les resiste y que, aunque lo nieguen, les deja en
evidencia con políticas que intentan no
hacer caer sobre los ciudadanos los costes de la crisis económica y los
recortes que impulsa el Gobierno central.
Es la segunda intentona que emprende Zoido, con la
complicidad de Cospedal, por imponer a José Luis Sanz, actual secretario general del PP
andaluz, alcalde Tomares (Sevilla) y senador, como presidente regional del
partido. Ayer tenía prevista una cena con todos los presidentes provinciales
para cerrar un pacto y presentar formalmente la candidatura de Sanz en la Junta Directiva regional que ha
celebrado hoy, sin ningún candidato. Por segunda vez, alguien lo impidió. Además
de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y de los populares y cuya autorización
aún no ha sido conseguida, Javier Arenas también representa un serio obstáculo por
su lucha en afianzar su control del PP. Además, los líderes populares de Cádiz
y Málaga se muestran claramente en contra del candidato sevillano, argumentando
su falta de carisma y la imposibilidad de hacer una oposición eficaz en el
Parlamento andaluz, al no ser diputado autonómico.
Los tiempos, en cualquier caso, se echan encima. Por ello,
los populares han acordado celebrar
un congreso extraordinario el 1 y 2 de marzo en Sevilla, en el que formalmente
se designará el sucesor de Zoido frente al partido en Andalucía. Y abren hasta
el 12 de febrero un plazo para la presentación de candidaturas, que deberán
reunir, como mínimo, el aval de 90 militantes. Entonces se conocerá
definitivamente al “capitán” que intentará pilotar al PP rumbo a la presidencia
de la Junta de
Andalucía. Es la tercera vez que Zoido pronostica tener un sucesor. Así lo ha
asegurado cuando afirmó que “el mes que viene” habrá otro “capitán”. Esperemos que, esta vez, sea la última.
lunes, 3 de febrero de 2014
Una convención de autoayuda
Los congresos de las formaciones políticas se celebran para insuflarse ánimos y cargar pilas de cara a próximos retos. Raro es el cónclave que sirve para resolver los problemas que aquejan a la colectividad a la que dicen servir estos grupos con pretensión redentora. Antes bien, las respuestas sobrevienen por la evolución de los acontecimientos sociales e históricos, no por iniciativa partidista. Claro ejemplo de ello es la reinstauración de la democracia en España. Ningún partido político puede colgarse la medalla de conseguir para los españoles el modelo de convivencia más aceptado –y menos malo- por los seres humanos para hacer valer y respetar la pluralidad existente en cualquier sociedad, sin dejarse llevar por el sectarismo o la intransigencia más cainita. Todos los agentes políticos, tras la extinción de la dictadura por muerte natural, se adhirieron a la democracia cuando ella ya estaba instalada en el sentir de la gente, que la exigía clamorosamente, incluso jugándose el pellejo.
El Partido Popular acaba de celebrar tres días de debate, el pasado fin de semana, en la ciudad castellana de Valladolid, donde se han congregado todos los dirigentes de la derecha gobernante -desde el presidente del Gobierno hasta concejales municipales-, en una especie de sesión de autoayuda de la que salen mentalizados en poder ganar las próximas elecciones y convencidos de que
El momento elegido para la Convención Nacional
como los temas abordados en la misma demuestran el carácter terapéutico, casi
taumatúrgico, de tales reuniones. En esta ocasión, el partido de Mariano Rajoy
lo hace cuando más cuestionado está, tanto por los votantes como por una
parte llamativa de sus personalidades más señeras. Es en estos momentos de
“peligrosa” debilidad cuando se han de aplicar terapias que infundan ánimo y
aglutinen a los “agentes” de la marca, los representantes que han de recabar
la confianza de los gobernados. Es, además, la ocasión para expiar los
“pecados” que los casos Gürtel y Bárcenas, entre otros, han revelado al escaparate de la opinión pública. Y sobre todo, es el pistoletazo de salida
para afrontar con renovados ímpetus nuevos
retos electorales, empezando por el de mayo próximo –elecciones europeas- y el
del año que viene –autonómicas-. El momento, por tanto, no ha podido ser más
oportuno para una convención de estas características, tan engendradora de
ánimo e ilusión.
Pero, por el mismo motivo, los asuntos a tratar no pueden
generar discusiones ni enfrentamientos, sino apelar al sentimiento de “piña” y
unidad de todos y a las bondades de lo realizado. Por tal razón, los temas que
motivan el cuándo quedan convenientemente relegados del qué, no pasan a formar
parte del debate y las ponencias. Con una escenografía “colegial”, los
encargados áulicos de cada “disciplina” gubernamental, sentados informalmente
en taburetes y rodeados por un “alumnado” de congresistas, van impartiendo “lecciones
magistrales” sobre la eficacia de lo realizado y el éxito de lo conseguido, sin
ninguna sombra de la más mínima crítica ni el contraste con otras opciones
también posibles. Allí se va a lo que se va, a reconocerse lo buenos que son
todos. Hasta Alberto Ruiz-Gallardón, el ministro de Justicia que ha provocado
la regresión más traumática en los derechos de la mujer con su reforma de la
ley del aborto -hasta el punto de resucitar las viejas manifestaciones en
Europa a favor de la libertad en España, como en los tiempos de Franco-, ha
obviado la controversia no sin antes intentar justificarse en los pasillos,
alardeando del respaldo de Rajoy a su reforma y de resistir a insultos y gritos.
Fue un comentario defensivo, no un debate de ideas en torno a un problema creado
por el ministro, no surgido en la sociedad, donde las personas se rigen de acuerdo
a sus creencias, sin imposiciones ni dogmas, como pretende el autor de la
reforma del aborto.
Tampoco se citan a José María Aznar ni a Jaime Mayor Oreja,
expresidente de Gobierno y exministro de Interior que entablaron negociaciones
con ETA y trasladaron presos al País Vasco, pero ahora se muestran inflexibles
hasta con sus propios compañeros ideológicos y deciden no acudir a la convención
de su formación política. Allá ellos, parecen decir los reunidos en
Valladolid, con tal de que nada les amargue la sesión de autobombo y autoestima.
Y eso que hay un nuevo partido, a la derecha del Partido Popular, con los
disconformes con que el Gobierno se atenga al cumplimiento de las leyes, derogue la retroactividad de la doctrina Parot y excarcele a terroristas tras cumplir condena.
Allí no se habla de la reforma sanitaria que privatiza
hospitales, ni de la educativa que recupera la asignatura de religión, recorta
becas (en cuantía y duración) y blinda a los colegios que segregan, ni de la
laboral que desprotege a los trabajadores y crea trabajo precario, ni de las
pensiones que pierden poder adquisitivo, ni de la financiera que rescató a los
bancos y no a la población, ni de la dependencia que se abandona sin recursos,
ni del Estado de bienestar que se deja famélico, ni de nada que pueda preocupar
a los ciudadanos.
Una convención nacional se organiza para congregar un
auditorio de fieles que aplaude al líder que posibilita la dedicación política
de todos mientras detenta el Poder y la gloria, pero ni un minuto más, y
recuperar fuerzas para mantenerse en la poltrona. Ninguna conclusión sustancial
brota de estos encuentros, ninguna iniciativa transformadora de la sociedad,
ninguna respuesta a las demandas de los ciudadanos, ninguna solución a los
problemas de la gente, salvo generalidades inconcretas a horizontes benéficos,
promesas que siempre se aplazan al futuro y cantos a la bondad de las medidas
adoptadas y la entrega incondicional de quienes las impulsan.
Tan vacío es el contenido de estas reuniones que lo único
que recordarán los españoles de la Convención Nacional
del PP es que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, mandó a callar al líder
de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba. ¿Y para eso tanta fanfarria?
domingo, 2 de febrero de 2014
Siempre febrero

Siempre regresará febrero con sus dolores, la soledad de días grises y domingos luminosos que cincelan la luz como un lienzo velazqueño. Con caminos perdidos en el recuerdo y lluvia que acompaña la impertinencia de los sueños. Paisajes lejanos en busca de una emoción solitaria y charlas que tejen la ilusión esquiva. Febrero siempre se yergue en la memoria como un puente del invierno, por donde el frío ha de transitar para dejar paso a la eclosión primaveral. Deja atrás la congelada esperanza para desembocar en la tibia realidad. Febrero siempre ha de retornar para hacernos recordar que mañana, felicidades, otro día amanecerá.
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