lunes, 23 de abril de 2018

Día del Libro

Hoy es el Día Internacional del Libro y estoy celebrándolo con la mesita de noche abarrotada, como el resto del año, de estas fascinantes obras encuadernadas, que mezclan títulos de literatura, poesía y ensayo, y que reflejan mi gusto ecléctico en la lectura, puesto que en realidad soy de los que leen hasta los prospectos de los medicamentos. Por destacar algunos libros, en este Día dedicado al fruto de Gutemberg y el ingenio del hombre, señalaré los que acabo de leer -y están en proceso de una vuelta a sus páginas para revisar sus enseñanzas (los libros siempre me enseñan algo) y asentar lo subrayado por mí (tengo la manía de subrayar y hacer anotaciones cuando leo)- y los que pacientemente aguardan turno, invitándome constantemente desde sus portadas a que les hinque el diente, es decir, la vista. Son estos:

La obra completa de Miguel Hernández, edición a cargo de J. Riquelme y C.R. Talamás, editorial Edaf.

Ricos y Pobres. La desigualdad económica en España, de Julio Carabaña, editorial Catarata.

Jardín nublado, de Francisco Brines, edición de Juan Carlos Abril, en la colección La Cruz del Sur de la editorial Pre-Textos

Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel, Editorial Ariel.

Ordesa, de Manuel Vilas, editorial Alfaguara.

La expulsión de lo distinto, de Byug-Chui Han, editorial Herder.

Autorretrato sin mí, de Fernando Aramburu, editorial Tusquets.

Hay muchos otros alineados y amarilleándose con el tiempo en mi biblioteca, en una de cuyas estanterías, a la altura de la vista, descansa un cartel que reza: “Leerse todos los libros del mundo es imposible, pero hay que intentarlo”. A ello dedico instantes felices de mi vida.

sábado, 21 de abril de 2018

Doctor Luis Montes, in memoriam


Acaba de fallecer (el día 19 a causa de un infarto), a la pronta edad de 69 años, el doctor Luis Montes, conocido anestesista del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid) que fue injustamente acusado, tras una denuncia anónima, de causar la muerte a enfermos terminales del centro hospitalario mediante sedaciones irregulares. La persona que soportó con dignidad y firmeza aquella carnicería mediática y judicial de la derecha madrileña hasta conseguir, años después, salir absuelto de todas las imputaciones, fue el doctor Montes, por aquel entonces coordinador de Urgencias del hospital madrileño.

Hoy muere la persona, pero su memoria y el recuerdo de su inquebrantable lucha por la Sanidad pública, el derecho a una muerte digna y contra los embates privatizadores en la Sanidad, perdurarán en el tiempo mucho más que las ofensas y el nombre de quienes intentaron desprestigiarlo, con una campaña de linchamiento moral e injurias, para derribar a través de su persona un modelo público sanitario.

Luis Montes, un médico sensible y coherente, era la cabeza visible de un grupo de facultativos madrileños que perseguía una práctica médica de servicio público y carácter progresista. En los cargos de responsabilidad que ocupó durante su trayectoria profesional, apostó porque los hospitales asumieran la realización de abortos, que en aquellos tiempos de ilegalidad se relegaba a clínicas privadas o centros poco fiables, facilitaran el derecho de una muerte digna a los pacientes terminales que así lo dejaran establecido y combatió con denuedo la privatización de hospitales que promovía el Gobierno conservador de Madrid.

Ante la altura moral y profesional del doctor Montes, la expresidenta Esperanza Aguirre (apartada de todo cargo por sus relaciones con la corrupción) y su mamporrero Manuel Lamela, exconsejero de Sanidad, (en empresas privadas como premio por laminar lo público) quedarán en esta infamante historia como autores materiales de unas acusaciones falsas y la cacería de brujas que tuvo que padecer el Jefe de Urgencias del Hospital Severo Ochoa por oponerse, desde sus convicciones y su dignidad, a los arrebatos neoliberales de unos gobernantes sin escrúpulos para privatizar los servicios y prestaciones públicos, como la Sanidad.

Descanse en paz este médico leal que ejerció al servicio de los ciudadanos y al que la Justicia reconoció, demasiado tarde como siempre, que no había actuado mal.

jueves, 19 de abril de 2018

Entre lonas, arena y montes

Estamos en plena semana festiva de Sevilla, los días en los que se celebra la festividad anual de la Feria de Abril, la fiesta grande, divertida, derrochadora y multitudinaria en que la ciudad se transmuta en su doble de casetas de lonas y calles de albero por donde discurren en aglomeración mujeres ataviadas con ceñidos trajes de flamenca y flores en el pelo y pasean jinetes enhiestos sobre hermosos caballos, sujetando con una mano las riendas del animal y apoyando la otra sobre el muslo o asiendo una copa de manzanilla, para que un millón de visitantes participen del espectáculo de beber, cantar, comer y bailar en familia, amigos, conocidos y desconocidos hasta que el cuerpo aguante y el bolsillo lo permita. Es la primera fiesta del calendario con que se da carpetazo al invierno y se inauguran los cielos azules y los primeros calores con el fragor infernal de una calle de “cacharritos” ruidosos que levantan el estómago, tómbolas en las que siempre toca y circos ambulantes con sus enanos, trapecistas y elefantes. También son siete días de atascos imposibles en la ciudad, hoteles repletos de turistas y trenes abarrotados que vomitan visitantes en la estación, atraídos como moscas por los colores, sonidos y aromas de la gran fiesta por antonomasia de Sevilla.

Otros, también muchos en la diversidad, optan por sustituir el bullicio, el ruido y la obligación imperativa del jolgorio y la diversión con el sosiego de una playa inmensa, silenciosa y plácida como el amor de una madre, aprovechando la bondad de una primavera caprichosa. O las caminatas sin prisa entre matorrales y quebradas para entablar diálogo silente con las aves cantoras, las llamadas lejanas de animales que no se ven pero se adivinan o el suave murmullo del viento entre las ramas de los árboles. Incluso para huir al sillón favorito, al abrigo de una habitación en soledad, en el que abandonarse a la lectura siempre dispuesta o la cabezada ocasional, sin que nadie te chille ni empuje.

Son posibilidades de disfrutar estos días, entre lonas, arena y montes, que se nos brinda para quebrar la cotidianeidad rutinaria del año y que cada cual aprovecha a su antojo, mientras la ciudad se entrega por sevillanas y hedonismo a su impetuoso florecer primaveral. Salud y que los disfruten como gusten.