viernes, 17 de noviembre de 2017

La “hazaña” de La Manada


No a las agresiones sexistas.
Se creen muy machos y que lo que han hecho es una “hazaña” propia de su virilidad, de su condición de hombres con todos sus atributos, con pelos en el pecho y rebosantes de testosterona hasta las cejas. Juntos, en manada humana formando pandilla, en plena diversión festiva, ahítos de alcohol y pulsiones primarias, dan rienda suelta a sus instintos y entre los cinco componentes de la misma follan en un portal a una chica que, como ellos, también pensaba divertirse en los Sanfermines del año 2016. Graban la “hazaña” para enorgullecerse de ella a través de las redes sociales. Ni siquiera son conscientes de la animalidad que cometen al participar en comandita de un acto que se supone individual e íntimo, envuelto en pasión pero fruto de la atracción y el afecto, cuando no del amor. Abusan, si no violan, de la desinhibición que, nacida del carácter o las copas, hizo que una joven confundiera aquel grupo de simpáticos y hasta atractivos chavales con personas que sabrían comportarse como tales y no como fieras. Que sabrían que los juegos y el desenfado llegan hasta donde empieza el respeto que merece toda persona, hasta donde la dignidad impide la animalidad y nos distingue de ella.

Hoy los cinco son juzgados por la supuesta “hazaña” y se justifican en que la víctima la consintió sin oponer resistencia. No caen en la cuenta, como machos que son y no varones sensibles, que ni siquiera así es admisible un comportamiento tan mezquino y bajo que aprovecha la euforia de una chica, que tal vez no sabía ni lo que hacía, para de manera colectiva, como una jauría embriagada de lujuria, satisfacer un deseo que en ningún caso se comparte en manada, sino en compañía de quien lo hace germinar hasta superar la simple atracción física. Pero ninguno se interesó por la chica, ni por su deseo, sino que consumaron su apetito con la urgencia y la inhumana voracidad de una hiena, de una alimaña que tiene la fortuna de encontrar carroña. Tampoco caen en la cuenta de que, si aquella orgía hubiera sido consentida como arguyen, lo más lógico es que hubieran acompañado a la chica hasta donde se alojaba e intentaran conservar el contacto con ella. Sin embargo, la dejan abandonada y humillada en aquel portal donde cometen su “hazaña” hasta que la policía la rescata en medio de un estado de shock y cubierta en lágrimas. Embebidos en su triunfo, se vanaglorian de él y distribuyeron la “hazaña” a través del móvil, sin pensar siquiera que ni a las putas está permitido violarlas de ninguna manera. Para colmo, un guardia civil y un miembro del Ejército forman parte de esa manada hambrienta de sexo, demostrando el nivel ético y la calidad humana de quienes tendrían que velar por nuestros derechos y valores cívicos. Hasta tal punto alcanza su “hazaña”, hasta denigrar los uniformes que, si el juez no lo remedia, podrían vestir y la dignidad de las mujeres a las que ataquen o relacionen. Una “hazaña” propia de una manada de animales.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cuatrocientos años de Murillo en Sevilla


Bartolomé Esteban Murillo
Se conmemora este año el IV centenario del nacimiento de uno de los pintores más universales de Sevilla, Bartolomé Esteban Murillo (1617-2017), que nació y murió en esta ciudad, una urbe que cuenta con el privilegio de albergar una parte importante de su legado artístico, repartido por los diferentes espacios que frecuentó o para los que realizó algunas de sus obras. Por tal motivo, el Ayuntamiento de la ciudad conmemorará, a partir de este mes de noviembre y hasta 2018, tan magno acontecimiento con un ambicioso programa que reunirá más de 100 obras del pintor, entre originales y reproducciones, a través de ocho exposiciones, además de organizar itinerarios por la ciudad para visitar los lugares emblemáticos en los que dejó su impronta, conciertos y ciclos musicales, actividades divulgativas, proyectos de investigación y un congreso internacional con la finalidad de abordar la vida y la obra del pintor sevillano, máximo representante del Barroco español.

Una tarea ingente sobre un artista universal que con sus obras revolucionó la pintura barroca de su tiempo para convertirse en precursor de la pintura moderna. Y es que hablar de Murillo es hablar de Sevilla, ya que el pintor estuvo vinculado durante toda su vida a esta ciudad, centro administrativo del comercio con Indias en el siglo XVII y símbolo de una gran metrópolis, en la que su obra concitó el interés de instituciones, fundamentalmente  eclesiásticas, y particulares. En ella comenzó a pintar obras costumbristas, de corte tenebrista y luz uniforme, en las que aborda el retrato (Justino de Neve, Don Andrés de Andrade, etc.), escenas de la vida cotidiana de la sociedad de su tiempo (Niños comiendo melón y uvas, Vieja espulgando a un niño, etc.), y las imprescindibles iconografías religiosas, para posteriormente evolucionar hacia las transparencias, los contraluces y un colorido fluido con los que ejecutaría esas bellas y delicadas inmaculadas, en las que se especializó, realizando más de veinte cuadros de inmaculadas (Concepción Grande, Inmaculada Concepción de El Escorial, Inmaculada Concepción de Santa María la Blanca, etc.) en su vida de pintor. La calidad y la excelente factura de su pincelada, con las que creó un estilo propio, pronto le granjearon un merecido reconocimiento que se tradujo en los numerosos encargos que recibió por parte, fundamentalmente, de clientes religiosos (iglesias, fundaciones, conventos, etc.) que lo convirtieron en el pintor más importante y popular de Sevilla. En la actualidad, templos, palacios, hospitales, fundaciones y museos cuelgan en sus paredes parte destacada del patrimonio artístico de Murillo que se ha podido conservar en la ciudad que lo vio nacer, aunque otra parte, no menos importante, o bien fue saqueada durante la invasión napoleónica o repartida por la Desamortización de Mendizábal (la ciudad se quedó sólo con 47 lienzos de los 400 Murillos que tenía antes del saqueo, según el catedrático de la Universidad de Sevilla Enrique Valdivieso), o bien ha ido a parar a instituciones o coleccionistas extranjeros.

La práctica totalidad de la producción pictórica de Murillo -que se estima en más de mil obras, de las que se conservan poco más de 400- se elaboró en Sevilla, la ciudad natal del pintor y en la que falleció en 1682. Ya de niño manifestaba aptitudes para el dibujo, razón por la que, a los 14 años, ingresó en una de las cuatro escuelas de pintura que había por aquel entonces en la ciudad, la de su pariente Juan del Castillo, donde no tardó en destacar. A los 22 años establece su propio taller de pintura que le permite ganarse la vida pintando cuadros que vende en ferias de los pueblos o a encargos para el Nuevo Mundo. Conoce copias de cuadros de Van Dyck y la pintura flamenca y veneciana, lo que le motiva a perfeccionar su estilo. Para ello marcha a Madrid y consigue trabajar en el estudio de Velázquez, el otro gran pintor sevillano afincado en la Corte, quien le abre las puertas de los palacios reales de Madrid, Toledo y el Monasterio de El Escorial, dándole oportunidad de conocer y admirar, incluso copiar, obras de diferentes y grandes maestros, como Zurbarán, Ribera, Rubens, Tiziano, Caravaggio o el mismo Velázquez, el pintor interesado por los misterios de la luz. Tras este período, de apenas dos años, Murillo regresa a Sevilla, donde se consagra como un reputado pintor y funda una Academia de Dibujo, de la que es el primer presidente y cuya dirección comparte con Francisco de Herrera el Mozo. Al poco tiempo, tras el fallecimiento de su mujer, deja el cargo y es sustituido por Juan Valdés Leal, y comienza su época de más fecunda actividad, recibiendo numerosos encargos que hacen que sus pinturas sean disputadas por diversas instituciones religiosas.

Es la época en la que pinta lienzos para el Claustro del Convento de San Francisco y para el de San Francisco el Grande (La cocina de los ángeles), ambos de Sevilla. También es requerido para pintar el retablo de los Capuchinos de Cádiz y, en Sevilla, lienzos para la Iglesia Santa María la Blanca, pinturas para el retablo mayor y capillas laterales de la Iglesia de los Capuchinos, el Monasterio de San Agustín, el Hospital de la Caridad e, incluso, para la Sala Capitular de la Catedral hispalense.

Aunque a Murillo se le conoce fundamentalmente por sus obras religiosas, en las que destacan sus vírgenes e inmaculadas, también sobresale por expresar con gran realismo la vida de los niños pobres y mendigos de la calle (Niños comiendo fruta, Niños jugando a los dados, etc.), hasta el punto de que Hegel, en su Estética, lo considera el primer artista moderno por sus cuadros de temática infantil, en los que refleja, con gran dignidad, la sociedad que le toco vivir.

Bartolomé Esteban Murillo es el pintor sevillano, junto a Diego Velázquez, más importante de España y el artista español que mayor reconocimiento tuvo en la Europa de su tiempo. Sus obras se exhiben en el Museo del Prado de Madrid, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, el Louvre de París, el Leningrado de Rusia, y en galerías y palacios de buena parte del continente europeo, sin olvidar las iglesias, conventos y capillas de Sevilla, Cádiz y otras ciudades.  

Ahora, con ocasión del IV centenario de su nacimiento, se podrá conocer y admirar en Sevilla una amplia muestra de las obras de Murillo, con 60 originales y más de 100 reproducciones en alta resolución, recorriendo un itinerario cultural y turístico casi rectilíneo por los lugares y espacios más representativos de su vida y su arte. Un itinerario que enlaza, por una punta, el Museo de Bellas Artes, que contará con cerca de treinta cuadros originales y dos reproducciones; pasando por la Iglesia de la Magdalena (zona en la que nació y fue bautizado), la Catedral de Sevilla, donde se expondrán una veintena de obras en la Sacristía Mayor, el Trascoro, la Capilla Bautismal, la Sala Capitular y anexos; el Hospital de la Caridad, la entidad privada con más Murillos del mundo, y acaba, por la otra punta, con el Real Alcázar, el Hospital de los Venerables y la Iglesia de Santa María la Blanca. Otros sitios por donde discurrirá el itinerario lo conforman el Ayuntamiento de la capital andaluza, el Palacio Arzobispal, el Archivo de Indias, la Casa Murillo, la Casa de los Pinelo, el Palacio de las Dueñas, el Convento de San Leandro, el Convento de los Padres Capuchinos, la Capilla de la Expiración de la Hermandad del Museo, el Monasterio de San Clemente y el Convento del Carmen (actual conservatorio de música), todos ellos con obras del pintor sevillano.

Una oferta cultural y una ocasión única para descubrir y conocer una de las figuras más representativas del patrimonio artístico de Sevilla, la ciudad de Murillo.  

lunes, 13 de noviembre de 2017

La imagen del independentismo catalán

Tras años y meses de acaparar por sí solo la recurrente actualidad española y de representar, al mismo tiempo, la mayor preocupación de los españoles durante todo este tiempo, más aún que el paro y la corrupción, lo que queda para el recuerdo del problema del independentismo catalán es una imagen que, en su miscelánea, refleja el sinsentido y la estulticia de una aventura política que ha transmutado en opereta bufa. Podrán escribirse tochos de cientos de páginas para intentar explicar, con racionalidad histórica, lo acaecido en una comunidad autónoma por empeño de unos políticos soberanistas que optaron por la ilegalidad, la movilización emocional de masas y la violación del orden democrático y constitucional con tal de declarar unilateralmente la independencia de Cataluña con respecto de España, pero serán unas simples imágenes las que mejor resuman la inutilidad de lo ocurrido.

Unas imágenes que captan la manipulación de un pueblo con mentiras y burlas; la huida cobarde a Bélgica de la máxima autoridad regional, el presidente Puigdemont, en cuanto advirtió el fracaso del despropósito que lideraba; el destino carcelario de la mitad de los miembros abandonados de su gobierno sedicioso que permanecieron en España; la renuncia ante el juez a cuánto había inducido contumazmente, desde instancias civiles e institucionales, la presidenta de aquel parlamento, Carme Forcadell, una de las activistas “nucleares” más señaladas de la rebelión: las rejas que silenciaron la agitación civil de desobediencia y enfrentamientos dirigida por los “jordis”, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, líderes de la Asamblea Nacional Catalalana y de Òmnium Cultural, respectivamente; la miserable actitud de Artur Mas, quien reclama, como hiciera en su tiempo una folklórica por sus deudas con Hacienda, la contribución de los votantes engañados para que le ayuden a afrontar las responsabilidades económicas de su conducta delictiva de malversación; y, en fin, el reconocimiento internacional a la democracia española y al  Estado de Derecho cuando ha hecho frente legalmente, mediante la aplicación del artículo 155 de la Constitución, al absurdo atentado a la ley del independentismo catalán. Hasta organizaciones de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional, han salido al paso para recordar que en España no hay presos políticos, sino políticos arrestados por la comisión de delitos y violar la ley.

Este puzzle gráfico es, en sí mismo, más contundente y aclaratorio que mil palabras sobre el fracaso del independentismo catalán y la afrenta a la legalidad democrática y constitucional que supuso su intento de declaración unilateral y a la fuerza, despreciando las leyes, la soberanía nacional y hasta el propio Estatuto de Autonomía de Cataluña. Es la imagen de un independentismo que no fue ni podrá ser, menos aún a las bravas, en contra de la historia, la razón, la democracia y la legalidad. ¿Aprenderemos la lección? El día 21 de diciembre sabremos la respuesta.