lunes, 30 de septiembre de 2019

Diez años de Lienzo


Sin caer en triunfalismos irrelevantes, no deja de ser un hecho destacado que un blog se mantenga activo diez años, publicando entradas de manera continua, aunque con relativa y desigual fortuna. Tal “efemérides” es la que celebra hoy este blog, una bitácora nacida para expresar a través del ciberespacio las preocupaciones y pareceres de su autor acerca de lo que le condiciona por fuera y por dentro -el contexto social como la nada duradera y el ser individual como el todo pasajero (parafraseando a Unamuno*)-, provocándole más desasosiegos que satisfacciones, más incertidumbres que certezas. En todo este tiempo, tal vez habría que destacar, más que la longevidad del blog, el empeño de su autor por mantener en la blogosfera un artefacto de humilde y parcos resultados, a pesar de su ambición desmedida -y mantenida- por compartir lo que muy pocos, unos exiguos pero fieles seguidores, aceptan compartir: sus opiniones, comentarios y divagaciones extemporáneas. Esos diez años de pertinaz empecinamiento son, en cualquier caso, un hecho que merece figurar en los anales de las iniciativas inútiles o inverosímiles.

Lo cierto es que una década es un período de tiempo muy extenso dedicado a la comunicación -la palabra- y al diálogo, mimbres de todo lenguaje. Un lenguaje que posibilita las interacciones y comentarios que generan muchas de las entradas publicadas. Y un diálogo que, a decir de Emilio Lledó**, se desarrolla, como pensamiento, en la mente del lector, al asumir con su propio lenguaje -el lenguaje conocido que nos constituye- las proposiciones nuevas que le suministra toda lectura, también las nuestras. Así, es factible llegar a comprender, ser capaz de “ver con los ojos de nuestras palabras los conceptos de las ajenas”. Compartir experiencias es, por tanto, dialogar, buscar, con esa estructura dialéctica de lo escrito, el sentido de las palabras y, a través de ellas, acercarse a los espacios inconmensurables del saber y el conocimiento, incluida la consciencia de cuanto se ignora. Expresado en términos menos filosóficos, cultivamos la curiosidad para despertar inquietudes y buscar un conocimiento que nos haga vislumbrar la verdad, a partir de reflexiones individuales que, plasmadas por escrito, se transforman en diálogo colectivo. Un conocimiento que se inicia por medio del lenguaje, es decir, de la palabra y el diálogo. Tal ha sido la pretensión de Lienzo de Babel durante todos estos años.

Por todo ello, a este blog nada de lo humano le ha resultado ajeno, aunque supusiera un objetivo nietzscheano desmesurado. La cultura, la política, la religión, la sociedad, el arte, la economía, la ciencia, la literatura, los amigos o la simple observación del transcurrir del tiempo han sido objeto de opiniones y reflexiones que, en la medida de las posibilidades de quien no es experto en nada, han servido para mover inquietudes y motivar un “diálogo” entre distintos puntos de vistas o distintas versiones de los hechos. Lienzo de Babel ha procurado poner en cuestión dogmas, desconfiar de la autoridad de quienes los imponen, criticar el poder y tratar de expurgar parte de la verdad entre las montañas de rumores, bulos y falsa información con las que constantemente nos manipulan y tratan de someternos. De ahí que compartir y disentir sean, desde tales premisas, respuestas igual de significativas a la hora de avanzar hacia un conocimiento enriquecedor sobre nosotros mismos y la realidad que nos rodea y conforma. También ha pretendido elucubrar utopías con las que abrigar esperanzas sobre un mundo mejor donde impere la justicia, la igualdad, la sostenibilidad medioambiental, el progreso compartido por todos y la paz. Evidentemente, de tan grandes propósitos este blog no ha conseguido ninguno.

Pero lo ha intentado con inusitado tesón. Estos diez años se resumen en más de 1.800 entradas publicadas, cerca de 120.000 visitas de páginas registradas, un centenar de comentarios recibidos y una audiencia que se distribuye, fundamentalmente, entre España, Europa, Estados Unidos y Sudamérica. Son cifras que, pese a la humildad y simpleza del blog, denotan cierta trascendencia, máxime si sus páginas no buscan ni acogen publicidad y los asuntos que aborda no persiguen el entretenimiento. Pero también confieren una enorme responsabilidad que abruma a su autor y le hace asumir una deuda de gratitud impagable con todos los “babilonios” que rastrean Lienzo de Babel. A todos ellos sólo podemos expresar nuestro reconocimiento más sincero y darles las gracias por permitir que durante una década hayamos podido participar de esta fascinante aventura de comunicación y diálogo.
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*: Poema La Sima, Miguel de Unamuno.
**: El surco del tiempo, Emilio Lledó.   

sábado, 28 de septiembre de 2019

Desgarraduras


Tanto la Historia -el hombre sujeto al tiempo- como la vida -cuya más sólida invención es la muerte- comparten una franca decadencia. Es algo que se percibe cuando se asiste a progresos que se basan en la eliminación de lo conquistado y a una vejez -el castigo por haber vivido-, cuya meta es la nada absoluta. Es decir, cuando se descubre la inanidad de lo que se persigue y la inutilidad de todo progreso. Es la síntesis de una obra de Emil M. Cioran (1911-1995)*, de la que extraigo las siguientes píldoras:

La mayor proeza de mi vida es la de seguir aún con vida.

Dichosos los que ignoran que madurar es asistir al agravamiento de sus incoherencias y que ese es el único progreso del que debería estar permitido vanagloriarse.

Quien desea instalarse en una realidad u optar por un credo sin llegar a conseguirlo, se dedica por venganza a ridiculizar a quienes lo logran espontáneamente.

Las sectas permiten que el ciudadano dé libre curso a su locura.

Estamos resentidos, sobre todo, con los animales. Puesto que nos está prohibido el encanto de la existencia irreflexiva, de la existencia como tal, no podemos tolerar que otros gocen de él.

La muerte es un estado de perfección, el único al alcance de un mortal.

Existir es un fenómeno colosal… que no tiene ningún sentido.

Cualquier acto de valor es obra de un desequilibrado. Los animales, normales por definición, siempre son cobardes, excepto cuando se saben más fuertes, lo cual es una pura cobardía.

El paso del tiempo, la emergencia y el desvanecimiento de cada instante, la interminable descomposición del presente.

El verdadero escritor escribe sobre los seres, las cosas y los acontecimientos, no escribe sobre el escribir, utiliza palabras pero no se detiene en las palabras.

Lo que escribimos no da sino una imagen incompleta de lo que somos, debido a que las palabras sólo surgen y se animan cuando estamos en lo más elevado y en lo más bajo de nosotros mismos.

Mi misión consiste en matar el tiempo y la de éste es matarme a mí. Entre asesinos nos llevamos de perlas.

No perder nunca de vista que la plebe lloró a Nerón. Deberíamos recordar esto cada vez que nos veamos tentados por alguna quimera.

Es necesariamente vulgar todo aquello que está exento de un ligero toque fúnebre.

La amistad es un pacto, una convención. Dos seres se comprometen tácitamente a no airear nunca lo que, en el fondo, cada uno piensa del otro. Ninguna amistad soporta una dosis exagerada de franqueza.

Cada individuo que desaparece (muere) arrastra el universo tras de sí. Nuestra conciencia es la sola y la única realidad.
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*Desgarradura, de E. M. Cioran. Editorial Austral/Tusquets.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Otra de ciencia ficción


Ni qué decir tiene que las películas de ciencia ficción siempre me han gustado, desde niño. Como es comprensible, no todas las películas, cualesquiera sea su género, aciertan a satisfacer al espectador, bien por deficiencias del guion, mediocres interpretaciones o vulgaridades técnicas en sus efectos especiales o sus montajes. Lo mismo sucede con los filmes de ciencia ficción, sean de viajes espaciales o de un futuro distópico dominado por máquinas y robots. Pero algunas excepciones consiguen sobresalir y quedar como obras maestras de la filmografía futurista, como 2001, una odisea en el espacio, Alien, el octavo pasajero, El planeta de los simios, Blade runner y pocas más. Ahora está de estreno Ad Astra, una película envuelta en un atractivo papel de regalo (Brad Pitt, efectistas efectos especiales, mucha publicidad) que, sin embargo, esconde un producto endeble y hasta defectuoso. Y me cuesta decirlo.

Ni la historia, ni la trama, ni el futuro representado, ni los avances técnicos de ese futuro, ni el final de la película están a la altura de las expectativas que desata la propaganda del filme. No es que Brad Pitt, Tommy Lee Jones o Donald Sutherland trabajen mal -se esfuerzan en representar sus papeles-, sino que sus personajes no son coherentes con el relato que nos cuentan. Es por ello que chirría que un astronauta, perfectamente adiestrado, padezca un trauma freudiano que ninguno de los test psicológicos a los que de continuo es sometido lo detecten… hasta muy tarde. Que, en vez de satélites, existan antenas de decenas de kilómetros de altura, ancladas en tierra, que rastrean mensajes procedentes del espacio. Que, para viajar a la cara oculta de la Luna, se deba utilizar rovers que se desplazan por la superficie desde la parte iluminada, un hecho incomprensible si, para colmo, existe el riego de tropezarse con ¡piratas!. Que, para mandar un mensaje a Neptuno, haya que viajar a Marte para grabarlo y enviarlo. Que, de camino a Neptuno, la expedición atienda una llamada de socorro de otra nave en la que unos monos han matado a toda la tripulación. Que, en órbita sobre Neptuno, el padre del astronauta, un psicópata que lleva treinta años viviendo solo, haga todo lo posible por no regresar a la Tierra con su hijo, sin dejar claro que la causa de las alteraciones magnéticas que sufre la Tierra se deba intencionadamente a la maldad del progenitor. Y que, como colofón, el astronauta vuelva sano y salvo a nuestro planeta, aprovechando los efectos de una explosión atómica con la que destruyó la nave del padre, para finalmente reconocer, en un momento de lucidez crepuscular, que está enamorado de quien podría ser su esposa. Es definitiva, que la película ni es de ciencia ficción de manera absoluta, solo como contexto temporal, ni de complejos trastornos psiquiátricos del protagonista, solo como apunte argumental para dramatizar la historia. Y, por una cosa y la otra, defrauda al espectador.

Y es una lástima. Porque la industria cinematográfica cuenta en la actualidad con recursos técnicos y medios suficientes para elaborar una solvente y coherente película de ciencia ficción, si bien no obra maestra, al menos del nivel de Matrix u otras. Pero carece de guionistas que construyan buenas historias. Es por ello que, por muy bien que sea la actuación de los actores citados, Ad Astra no alcanza a elevarse de la tierra de los productos insustanciales, pero bellos.

martes, 24 de septiembre de 2019

El dictador, a su sitio


Estaba pendiente el último trámite judicial y ya se ha resuelto. El Tribunal Supremo ha avalado por unanimidad la decisión del Gobierno de sacar los restos del dictador Francisco Franco de su cripta de la Basílica del Valle de los Caídos para su inhumación en el cementerio de la localidad madrileña de El Pardo-Mingorrubio, donde la hija del dictador compró una sepultura.

Valle de los Caídos
Exhumar a Franco era la iniciativa más simbólica del Gobierno socialista de Pedro Sánchez que, debido a los recursos interpuestos por los familiares del líder fascista, no se había podido llevar a cabo con la celeridad que el Ejecutivo pretendía. Ahora, tras el aval del Supremo adelantado hoy, sólo resta completar los trámites y aprobar en Consejo de Ministros el traslado definitivo de la momia de Franco al sitio que le corresponde, si la autoridad eclesiástica permite el acceso a la Basílica de Cuelgamuros para la exhumación. Aunque el cura Santiago Carrera, Prior de la Basílica -un lugar público que se financia con dinero público-, se niega a conceder tal permiso, sus superiores en el Vaticano han asegurado que mantienen su postura de no oponerse, si el fallo de la Justicia, como es el caso, avala la exhumación.

La aparente “neutralidad” del Vaticano tiene por objeto evitar que la momia del dictador sea inhumada en la cripta de la Catedral de la Almudena, única opción que contemplaba la familia Franco, y convertir al templo de Madrid en un santuario para la exaltación del único líder fascista de Europa enterrado en una catedral. La familia del dictador, liderada por el abogado Luis Felipe Utrera Molina -hijo de un ministro falangista de la dictadura-, procura por todos los medios (piensa seguir recurriendo sentencias) que los restos de Franco continúen vinculados a una Iglesia, que en vida lo paseaba bajo palio, como forma de preservar la "dignidad" del personaje.

Abascal, líder ultraderechista
Un personaje, no hay que olvidarlo, que lideró un levantamiento militar contra el gobierno legítimo de la República e inició una guerra civil para instaurar una dictadura en España que, no sólo prohibió derechos y libertades hoy afortunadamente recuperados, sino que asesinó sin juicio previo o tras juicios sumarísimos a centenares de miles de españoles inocentes, acusados de haber sido leales a la República, albergar ideales izquierdistas y progresistas o, simplemente, no manifestar con la debida convicción su adhesión inquebrantable al “Movimiento Nacional” que impuso Francisco Franco. Hoy es, pues, un día en que España recobra la moral y la normalidad democráticas de situar en su sitio -como hizo Alemania con Hitler, Italia con Mussolini, Argentina con Videla o Chile con Pinochet, etc.-. a aquellos personajes que protagonizaron las páginas más negras de su historia. Y no es revanchismo, como acusa la ultraderecha, sino ser consecuentes con la veracidad histórica.