sábado, 29 de febrero de 2020

Un día extra


Hoy hacemos que el año dure un día más y sume 366 días en los últimos doce meses. Es lo que se conoce como año bisiesto, circunstancia que se produce cada cuatro años. El motivo astronómico es conocido y remite al movimiento de traslación de la Tierra, que no es tan exacto como para ser medido con la precisión que anhela la ciencia. El planeta tarda algo más de 365 días en completar un giro en torno al Sol, y ese pico de más suma un día extra cada cuatro años, que se añade al mes más corto, que es febrero. Tal anomalía métrica del tiempo no influye ni en el movimiento de los astros ni en el comportamiento de la naturaleza, incluyendo a todos sus seres vivos, todo lo cual es indiferente a nuestros intentos por racionalizar con leyes y normas la realidad, aunque a veces tengamos que corregir nuestros cálculos.

Los únicos que sufren alguna perturbación son los que nacen un día bisiesto, porque no pueden celebrar su cumpleaños con la regularidad anual acostumbrada, puesto que el 29 de febrero sólo aparece en los calendarios cada cuatro años. Cualquier registro humano que se base en este día, deberá hacer constar su excepcionalidad temporal para que sea tenida en cuenta en el futuro. Y es que disponer de un día extra, aunque sea cada cuatro años, trastorna nuestras rutinas y convenciones. Porque nacer o morir un 29 de febrero se convierte en una complicación, cuando no una extravagancia.  

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