Si se pudiera hacer un puzzle con aquellas imágenes representativas
de este año que hoy finaliza, bien podría resultar el siguiente. Imágenes de una
España en la que los ricos disfrutan indiferentes de la abundancia y los pobres, cada vez más
pobres, se ven obligados a encaramarse a las vallas de la desigualdad y la marginación. Ante esta
terca realidad de infortunios (para vivir y para ejercer derechos) por obra y
gracia de interesadas decisiones políticas y no a causa de catástrofes naturales, como es exponer a la sociedad española a una nueva y mortal enfermedad aquí inexistente en vez de combatir el foco y las condiciones que la propagan, el
presidente de Gobierno se muestra exultante de optimismo por una recuperación y
un "despegue" de España -con seis millones de personas en paro y miles sin cartilla sanitaria-, que sólo él y
los privilegiados de la sociedad perciben. ¡Benditos sean los ojos que ven
vestida esa maldita realidad desnuda!
miércoles, 31 de diciembre de 2014
domingo, 28 de diciembre de 2014
La herencia prevista
Falta aproximadamente un año para las próximas elecciones generales y el Partido Popular, que siempre ha esgrimido la “herencia recibida” como lastre para justificar sus medidas más impopulares, tiene ya, en el curso de una única legislatura, un insoportable “legado” que no sólo hipotecará al próximo Gobierno que salga de las urnas, sino que pesará como una losa a los actuales gobernantes a la hora de intentar conseguir otra vez el favor y la
confianza de los ciudadanos. Nunca antes ningún Gobierno había defraudado tanto
las expectativas de la población como lo ha hecho el Ejecutivo de Mariano Rajoy,
tras haberse presentado como el valedor de un bienestar y una prosperidad
socavados por una fuerte crisis económica, pero que no dudó endosar,
prácticamente en exclusiva, al anterior mandatario socialista.
Estas “dotes” de la herencia que legará el actual Gobierno condicionarán sobremanera al futuro Ejecutivo que tenga que asumir las riendas del país. Si Mariano Rajoy siempre se ha quejado de la herencia recibida, la que él dejará será notablemente mucho más abultada y compleja. Las señaladas anteriormente son, a mi juicio, las más problemáticas, por su gravedad y trascendencia. Se suman a ellas las directamente debidas a la situación económica, el aumento del paro (más de los que recibió en herencia), la precariedad del trabajo y salarios, la desprotección de los trabajadores frente al empresariado, la subida de impuestos, la reducción de becas y otras prestaciones sociales, los desahucios de viviendas, la pobreza energética, el abandono de las energías renovables, etc. Tal será la magnitud de la herencia que el próximo Gobierno, aun resultando este reelegido, tendrá enormes dificultades para convencer a los ciudadanos de la bondad de su gestión. Que luego no se llame a engaño.
Por eso, puestos a hacer balance de esta legislatura que afronta
su recta final, el Gobierno tiene difícil “maquillar” el resultado de lo
realizado sin caer en contradicciones o variar de parecer sobre lo que ayer
criticaba con extrema dureza. Los tímidos signos de una lenta recuperación, sólo
perceptible en las magnitudes macroeconómicas, debida antes a causas favorables exógenas
que a las famosas “reformas” estructurales impulsadas por el
Gobierno, han sido pronto anotados como frutos de la política gubernamental, no
teniendo empacho en presentarlas como mérito de haber transformado España en la
“locomotora” de la economía europea, la única que crece mientras las demás
apenas mantienen el pulso. Ni una cosa –la crisis- ni otra –la recuperación- son
consecuencias exclusivas de un único y sólo agente, por lo que esa tendencia a culpabilizar
a los demás de todo lo negativo y arrogarse los méritos de todo lo positivo deja
en evidencia una forma de hacer política poco honesta del actual presidente del
Gobierno. Eso será un signo patognomónico de su legado.
La corrupción,
que afecta al partido en el Gobierno más que a cualquier otro, será con
seguridad el motivo de mayor peso para la retirada de esa confianza de los
ciudadanos en la política, en general, y en el partido en el Gobierno, en
particular, dada la acumulación de escándalos que se han conocido en los
últimos tiempos. Desde la trama Gürtel (con 187 imputados), al caso Bárcenas
(financiación ilegal del Partido Popular y condena de prisión a su tesorero
general), la operación Púnica (31 detenidos y 250 millones de euros de
adjudicaciones a cambio de comisiones) y las tarjetas “Black” de Bankia y antigua Caja Madrid (Blesa, Rato y
otros directivos detrajeron 15,5 millones de euros en sobresueldos opacos al
fisco), son algunas de las “irregularidades” que se descubren allí donde el
Partido Popular gobierna y tiene poder en Administraciones y entidades
financieras. A pesar de todas las medidas adoptadas por evitar verse
relacionado con estos escándalos antes que para erradicar la corrupción, el
Gobierno dejará en herencia una justificada alarma social que se ha instalado
entre los ciudadanos y causa su desafección de la política. Faltan explicaciones
y actitudes más contundentes de los partidos para combatir una corrupción que
corroe al sistema político, empezando por el Partido Popular.
Pero es que este Gobierno, además de la corrupción, dejará
también en herencia la manipulación e injerencia en sus relaciones con los demás
poderes democráticos, especialmente el Judicial. Aunque ya es conocido el
alineamiento ideológico de la persona escogida por el Gobierno para ocupar el
puesto de Fiscal General del Estado, tampoco nunca antes se había visto que el
seleccionado dimitiera del cargo debido a las presiones insoportables
recibidas. No se trata sólo de una cuestión de disparidad de criterios, sino de
deslealtad institucional e invasión
en la autonomía de los poderes en que se sustenta un Estado democrático. Tan
grave es la violación que hace el Gobierno de la separación de poderes, que ha
provocado la protesta inédita de trece jueces de la Sala de lo Penal del Tribunal
Supremo por las injerencias que recibe por parte del Poder Ejecutivo. Estos últimos
elementos (corrupción y deslealtad institucional) son, por sí mismos,
intolerables en cualquier democracia que se precie de tal nombre, pues no sólo
socavan el funcionamiento y el equilibrio de los poderes que la articulan en
representación de los ciudadanos, sino que preceden y caracterizan a los
regímenes totalitarios que adolecen de un comportamiento verdaderamente
democrático. Es, con todo, la más preocupante deriva que dejará en herencia el
actual Gobierno, el cual, precipitándose hacia un Estado policial, aprueba una
Ley “Mordaza” que cercena libertades públicas e impide o limita las
manifestaciones, la toma de fotografías de abusos policiales y otros derechos
derivados de la libre expresión y manifestación.
La otrora intolerante formación contra cualquier decisión
que pudiera percibirse como afrenta a las víctimas del terrorismo, el Partido Popular, ahora en el Gobierno, será el que
mayor número de “etarras” va a dejar en libertad por medidas judiciales, sin
que rectifique antiguas acusaciones de connivencia con los violentos en casos
de idéntica actuación gubernamental. Aquel apoyo a las víctimas del terror,
utilizado como arma partidista y política, se vuelve en contra del Gobierno
cuando ha de atenerse a una escrupulosa legalidad penal y penitenciaria, lo que
supone un lastre en su herencia a la hora de volver a encauzar en su favor las
emociones y sentimientos que genera una lacra, afortunadamente, del pasado,
como esta del terrorismo.
Y es que el retroceso
en libertades y costumbres que imponen, entre otras, la modificada Ley del
Aborto, volviendo a penalizarlo, y la Ley
Wert , que reintroduce la asignatura de religión en el
curriculo escolar, sólo es defendido por las capas más conservadoras e
inmovilistas de la sociedad, aquellas a las que el Gobierno ha mimado por
representar el modelo social que persigue y en las que se integra esa élite
pudiente que goza de toda clase de privilegios. Estos privilegios y los
recortes que se han cebado sobre el resto de la población han agrandado la
brecha entre ricos y pobres en España, hasta el extremo de ser el país en el
que más han aumentado las desigualdades de Europa. Con la excusa de la crisis
económica, el Gobierno ha aprovechado para desmantelar el Estado de Bienestar y
ha limitado la asistencia sanitaria, ha encarecido los medicamentos, ha
congelado las pensiones, ha entorpecido y prácticamente anulado las ayudas a la Dependencia , ha disminuido
el número de empleados públicos, sobre todo en sanidad y educación, y, en
definitiva, ha consumado un empobrecimiento general de la población, mientras
al mismo tiempo elaboraba una amnistía fiscal a los evasores de dinero y asumía
un rescate a los bancos y las autopistas con cargo al dinero de los
contribuyentes. Este retroceso moral y material de la sociedad es otra herencia
de este Gobierno.
Así como el conflicto
territorial con Cataluña, en el que se enfrentan posturas inamovibles entre
el nacionalismo catalán y español, cada uno tirando hacia el lado opuesto y
dispuestos a romper los lazos que unen aquella comunidad con la Nación española. Unos
buscan la independencia y otros el retorno al centralismo más trasnochado, sin
querer ninguno explorar espacios intermedios de concordia y entendimiento. El
Partido Popular alentó desde la oposición unas reacciones ahora desbordadas de
secesión, con campañas publicitarias anticatalanas y recursos al Tribunal
Constitucional por artículos del Estatuto catalán que admitía, en cambio, en
otros estatutos. Hoy, derivado en parte de aquella compulsiva beligerancia
antirreformista, el Gobierno se enfrenta a un desafío territorial sin
precedentes, al que no sabe o no quiere abordar políticamente, sino con medidas
legales y, llegado el caso, penales. De esta manera, un presidente autonómico
está próximo a ser imputado por un delito de desobediencia a la Justicia al consentir una
consulta a la población sobre el modelo de relación entre su comunidad y el
resto del Estado. El diseño autonómico que consagra la Constitución queda,
así, sometido a tensiones centrípetas y centrífugas que presionan hacia el
centralismo y el federalismo más antagónicos. Grave y complicado problema que
recibirá en herencia el próximo Gobierno que surja de las urnas.
Estas “dotes” de la herencia que legará el actual Gobierno condicionarán sobremanera al futuro Ejecutivo que tenga que asumir las riendas del país. Si Mariano Rajoy siempre se ha quejado de la herencia recibida, la que él dejará será notablemente mucho más abultada y compleja. Las señaladas anteriormente son, a mi juicio, las más problemáticas, por su gravedad y trascendencia. Se suman a ellas las directamente debidas a la situación económica, el aumento del paro (más de los que recibió en herencia), la precariedad del trabajo y salarios, la desprotección de los trabajadores frente al empresariado, la subida de impuestos, la reducción de becas y otras prestaciones sociales, los desahucios de viviendas, la pobreza energética, el abandono de las energías renovables, etc. Tal será la magnitud de la herencia que el próximo Gobierno, aun resultando este reelegido, tendrá enormes dificultades para convencer a los ciudadanos de la bondad de su gestión. Que luego no se llame a engaño.
jueves, 25 de diciembre de 2014
El primer mensaje insustancial del rey
El rey de España, Felipe VI, estrenaba esta Nochebuena su primer mensaje grabado a la
Nación. Sigue así una costumbre –esperemos que la única- de
su padre, el rey Juan Carlos I, que abdicó a causa de los escándalos y los
tropezones que había acumulado en su vida. Existía cierta expectación por
conocer el contenido de este primer mensaje navideño del Jefe del Estado, y
también morbo: había morbo por ver cómo trataba el rey el asunto de la imputación
por corrupción de su hermana, la infanta Cristina de Borbón. Pocos se perdieron
anoche, pues, el citado mensaje.
Cambiando el despacho por el rinconcito de algún salón de Palacio -algo más diáfano, moderno, pero con las insustituibles fotos familiares-, Felipe VI pronunció puntual y bien leído su primer discurso navideño a los españoles a través de las cámaras de televisión. Y resolvió la faena como cabía esperar: aburrido, con grandes deseos de todo tipo e insustancial para quien esperara más compromiso del primer servidor público frente a los problemas y las circunstancias que ahora preocupan a los ciudadanos en España.
Cambiando el despacho por el rinconcito de algún salón de Palacio -algo más diáfano, moderno, pero con las insustituibles fotos familiares-, Felipe VI pronunció puntual y bien leído su primer discurso navideño a los españoles a través de las cámaras de televisión. Y resolvió la faena como cabía esperar: aburrido, con grandes deseos de todo tipo e insustancial para quien esperara más compromiso del primer servidor público frente a los problemas y las circunstancias que ahora preocupan a los ciudadanos en España.
Es verdad que abordó el problema de la corrupción cuando
dijo que había que cortarla de raíz y sin contemplaciones. Pero le faltó añadir
que, en un Estado de Derecho, nadie está por encima de la ley y, frente a ella,
todos los ciudadanos son iguales. Esa mínima referencia hubiera bastado para
mostrar nítidamente su posición respecto a los problemas de corrupción que
asolan incluso a su propia familia, en la persona de su hermana la infanta
Cristina.
También se refirió al paro como la primera prioridad a la
que deberían enfrentarse nuestros gobernantes, pero confió su resolución a una
economía que debía estar al servicio de las personas, cuando en este país la
deuda figura como un deber prioritario en la Constitución frente a
los derechos y servicios públicos reconocidos a los ciudadanos. Citó el Estado
de Bienestar como garantía de la atención a los más desfavorecidos y
vulnerables, cuando desde el Gobierno se reducen prestaciones, se limitan
derechos y se dejan sin partidas presupuestarias políticas tan necesarias como
las ayudas a la
Dependencia , entre otras. Mostrar confianza en lo que se está
desmontando y aniquilando para que el sector privado sea el que satisfaga las
necesidades de la población, no deja de ser un insulto a los vulnerables y a la
inteligencia de todos.
El grave problema territorial que plantea Cataluña, con su
ambición independentista, fue resuelto con apelaciones a los sentimientos y
emociones que, a juicio del rey, nos unen formando un tronco común. Reconoció
en la Constitución
de 1978 el instrumento más eficaz para aglutinar en la unidad del país las
distintas identidades y sensibilidades de los pueblos de España, donde nadie es
adversario de nadie. Requirió esfuerzo para reencontrar los afectos y reclamó
respeto a la Constitución ,
pero evitó pronunciarse sobre reformas de la Constitución , la
configuración territorial del Estado y la necesidad de arbitrar políticamente respuestas
a un enfrentamiento que vayan más allá de la mera exigencia de
responsabilidades penales a los dirigentes catalanes.
Adobó todo su discurso con alusiones a la solidez de nuestra
democracia, en la que hay que corregir fallos y acrecentar sus activos, con el
objetivo de recuperar la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Hizo
un llamamiento a la regeneración política y a preservar la unidad de España
desde la pluralidad, pero sin dedicar ni una palabra a las nuevas iniciativas
ciudadanas que responden a estos planteamientos, buscan superar los límites
actuales y desean airear la política del aire contaminado en que está inmersa.
En definitiva, el nuevo menaje del rey sonaba a viejo, a
repetido y anquilosado discurso de una institución y su representante, el rey,
que no se adecua a los tiempos que vivimos, no profundiza en sus problemas y no
conecta con las demandas y aspiraciones de la sociedad española del siglo
veintiuno. Tras tanta expectación, sólo hemos escuchado el primer mensaje
insustancial del rey Felipe VI.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Joe Cocker
Nos gustaba su voz aguardentosa, ronca de madrugadas
y humo y rota de rabia en canciones que nos hacían brincar como endemoniados o nos
incitaban a fundirnos en un cuerpo deseado, cual esclavos del amor o petimetres
en busca de una caricia o un roce. Así era el cantante Joe Cocker, un inglés
feo con el que nos identificábamos porque tenía un don, esa garganta prodigiosa
para cantar lo que aflora de dentro, como en el soul o el flamenco, un recurso
extraordinario que él supo utilizar desde que en los años sesenta se subió a un
escenario para demostrar su fuerza y su rabia, para desvelar su alma negra. Murió
el lunes pasado víctima de la edad, una enfermedad y los excesos juveniles,
cuando el resto del mundo se aprestaba a los fastos de navidad y ya pocos le echaban
de menos. Nos deja piezas memorables, interpretaciones intensas y llenas de
emoción con cada una de sus canciones. Porque Joe Cocker no cantaba, sino que
actuaba cada tema, agitaba y convulsionaba cabeza y manos para subrayar
palabras y estrofas de sus canciones. Y transmitía, con las letras y la
cinética de su cuerpo, el mensaje del pundonor con el que versionaba canciones
de otros, de Los Beatles o Leornard Cohen, o mostraba su portentosa capacidad
para el rock furioso y desgarrador. Me gustaba Joe Cocker y ya no puedo esperar
nada nuevo de él, sino recordar en el tocadiscos aquella voz negroide que salía
del cuerpo de un antiguo hippie pelirrojo, desgreñado y descuidado, de los
viejos tiempos de la contracultura, cuando los jóvenes queríamos comernos el
mundo y todas las revoluciones nos parecían posible. Descanse en paz.
martes, 23 de diciembre de 2014
Felicitación a los lectores
Este blog se suma a la costumbre, no por tópica menos aceptada, de saludar a sus lectores y seguidores con ocasión de unas fiestas de Navidad y Año Nuevo que tantas satisfacciones deparan, sobre todo, a los mercaderes de felicidad y profesionales de la hipocresía. Que el paso de los años, que es lo que en realidad celebramos, confiera sentido crítico y racionalidad a nuestras ideas y conductas, liberándonos de ataduras y supersticiones. Es nuestro deseo más ferviente para todos, siempre.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Cuba, de la geoestrategia a la realpolitik
Que Cuba ya no es lo que era es algo que ha quedado
demostrado con la nueva posición de Estados Unidos con su otrora enemigo
público número uno doméstico, aquel foco permanente y peligroso de irradiación
del comunismo a las puertas mismas del imperio. Tampoco el comunismo es lo que
fue, una tentación idealista para pueblos oprimidos por la Historia y la promesa de una redención alcanzada por el igualitarismo materialista. Ya nada es lo ha sido, y hay que adaptarse a los nuevos tiempos y a otras circunstancias. Barack Obama lo ha visto claro y ha respondido cuando podía hacerlo, cuando los votantes no pueden reprochárselo en las urnas.
EE UU se presenta ahora ante los cubanos con la magnanimidad del poderoso e invita a una población empobrecida y reprimida a probar las mieles del consumo y la libertad, posibilitando negocios a empresas norteamericanas que se precipitarán a la conquista de un potencial mercado en el que está casi todo por hacer y a tan sólo unos centenares de kilómetros de distancia. Y dejará a los viejos líderes de la contumacia a seguir desempeñando el trasnochado papel de malecones contra el bienestar y la prosperidad, mientras el faro de Florida ilumina un futuro radiante que encandilará a los insulares. La suerte está echada: el final dela
Cuba con “rumbo socialista” se orienta hacia una progresiva
asunción de la economía libre de mercado. Y aunque la bloguera cubana, Yoani Sánchez, considere que la actitud de EE UU está envuelta en “el amargo sabor de
la capitulación”, lo cierto es que se trata, estratégicamente, de ejecutar una
jugada que desbloquea una situación de tablas a favor del habilidoso Obama,
quien, con ayuda del Vaticano, coge a todos desprevenidos. Cuba abandona la
geoestrategia ideológica para inscribirse en la realpolitik de un mundo, para ellos,
nuevo y prometedor. ¡Ojalá sea para mejor!
Tras 53 años de una política de aislamiento al régimen
cubano, EE UU afloja la soga y decide restablecer relaciones diplomáticas con
la isla y superar, así, décadas de un enfrentamiento soterrado que no ha
impedido ni que Cuba abandonara el comunismo ni que EE UU lograra ejercer
influencia sobre aquel régimen. Los únicos afectados por esa prolongada e
inútil situación han sido el resignado pueblo cubano y sus ansias, siempre sofocadas,
de libertad. Era una situación inconcebible y hasta inconveniente para los
tiempos actuales y los intereses norteamericanos en un mundo global que presenta
otros problemas.
Si alguna vez las banderas que bajaron de Sierra Maestra
para ondear en La Habana ,
el 1 de enero de 1959, supusieron un reto inaceptable para los intereses
geoestratégicos de EE UU, máxime si exportaban revolucionarias metástasis cheguevaristas por toda la región, hoy
en día el viento de la historia apenas las agita deshilachadas como símbolos de
la decrepitud y agonía de aquella ideología y sus dirigentes, que dan sus
últimas palpitaciones vitales. El sueño que perseguían hace años se había
esfumado entre el estruendo de la caída del Muro de Berlín y el abrazo ruso a
la economía de mercado. Ni el comunismo ni Cuba representaban ya ninguna
amenaza para el capitalismo que lidera el vecino del norte, enfrascado en otras
guerras y otros asuntos mucho más graves.
Y es que tampoco EE UU había podido doblegar a los obcecados
castristas por la fuerza, a pesar de todas las invasiones reales y virtuales
que durante décadas han venido practicando contra aquel enemigo isleño. Un
pulso realmente alarmante cuando alguno de los contendientes pensaba que podía
ganarlo. Pero ni Bahía de Cochinos y el desembarco fallido, ni la crisis de los
misiles que obligó a Kennedy a responder el zapatazo de Kruschev, sirvieron
para afrontar la revolución cubana, más allá de convertirla en un mito que
exageraba sus virtudes y ocultaba sus debilidades.
Once presidentes de EE UU después, se produce lo que parecía
lógico: dejar que se consuma entre estertores el régimen castristas y preparar
a los cubanos a una realidad que perciben desde los cuatro puntos cardinales
del Caribe y que se materializa en un mundo en el que los polos enfrentados no
son ya la democracia y el comunismo, sino Occidente contra el terrorismo
islámico. Había llegado el momento de pasar de la geoestrategia ideológica y
practicar la realpolitik que define el pragmatismo de los Estados Unidos, una
potencia capaz de mantener relaciones con China y Rusia, estandartes mundiales
de lo que fueron y en parte son una economía centralizada y regímenes autoritarios
que violan los derechos humanos, pero estoicamente obsesionada con ese
“socialismo” latino de Cuba, cuyo máximo error fue confiscar sin pago las
empresas norteamericanas en la isla, lo que supuso el embargo comercial durante
décadas. Ni Corea, ni Vietnam, ni Japón, ni Nicaragua ni ningún otro país
ideológicamente enfrentado a EE UU ha sufrido semejante castigo.
EE UU se presenta ahora ante los cubanos con la magnanimidad del poderoso e invita a una población empobrecida y reprimida a probar las mieles del consumo y la libertad, posibilitando negocios a empresas norteamericanas que se precipitarán a la conquista de un potencial mercado en el que está casi todo por hacer y a tan sólo unos centenares de kilómetros de distancia. Y dejará a los viejos líderes de la contumacia a seguir desempeñando el trasnochado papel de malecones contra el bienestar y la prosperidad, mientras el faro de Florida ilumina un futuro radiante que encandilará a los insulares. La suerte está echada: el final de
sábado, 20 de diciembre de 2014
Semillas filiales
Cuando son simientes, nos volcamos en cuidarlas, protegerlas y regarlas para que nada les falte ni impida su crecimiento. Abonamos con mimo unos suelos fértiles para que sus raíces sean fuertes y profundas, sin darnos cuenta que sus troncos se yerguen sólidos hacia las alturas, desde las que contemplan unos horizontes mucho más amplios que los que les proporcionamos con nuestra protección y afanes. Ignoramos, en nuestra obcecación amorosa, que ya no son semillas sino maduros individuos que se valen por sí mismos y determinan su futuro con la misma pasión y entrega con que los criamos. Un día nos sorprenden con decisiones para las que pensábamos no estaban preparados y nos devuelven el fruto de su libertad, prendida en las muestras de unos lazos filiales que, aun en la distancia, son cada vez más estrechos y sinceros. Los hijos nos corresponden, así, haciéndonos sentir orgullosos de ellos, dondequiera que estén, y despertándonos la añoranza endulcorada de su niñez sujeta a nuestro regazo. Por eso nos rendimos ante las babas de los nietos y nos fundimos en abrazos con sus padres. Nunca dejaremos de ayudarlos y amarlos, como si los acabáramos de sembrar.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Promesa de viernes
El viernes es como una promesa, la posibilidad de conseguir ese anhelo que llevas toda la semana deseando y que sólo hoy, a partir de hoy, puede ser realidad. Es un día como los demás pero con el aliciente de que, cuando finalices las rutinas laborales de la semana, podrás entregarte a saciar las horas con tus apetitos reprimidos, a complacer tus deseos, a disfrutar de autonomía para no estar sujeto a obligaciones y horarios, a hacer tu santa voluntad. La promesa de los viernes es el espejismo de un libre albedrío que nos hace creer ser dueños de nuestra conducta, cuando en realidad nos predispone a seguir atados a las correas con las que controlan nuestras vidas. La promesa del viernes es una ilusión de libertad.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Cumbre del clima pospuesto
Desde que el científico Charles Keeling hiciera las primeras mediciones del dióxido de carbono (CO2), en 1958, el mundo ha comenzado a preocuparse por los niveles de ese gas que provocan lo que se conoce como efecto invernadero: una “tapadera” de gases que hace aumentar la temperatura global de la atmósfera del planeta y, en consecuencia, un cambio climático que perjudica enormemente el actual equilibrio medioambiental. Se consideró, a partir de ese descubrimiento, estudiar la magnitud de tal cambio climático como una amenaza real para el planeta y buscar fórmulas para contrarrestarlo, celebrándose, en 1979, la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima, en Ginebra, que exhortaba a los Gobiernos a prever y evitar las posibles alteraciones del clima provocadas por el hombre. Como resultado de esta concienciación que, a instancias de
De ahí que el acuerdo de mínimos logrado in extremis en Lima, para reconducir la
situación y hallar mecanismos que permitan abordar un futuro post-Kioto,
muestre una tibia esperanza y visualice un entendimiento inédito entre los
países desarrollados -responsables del 80 % de las emisiones de estos gases “tapadera”-
y los países emergentes, que sufren los efectos del cambio climático y no
desean pagar las consecuencias de los excesos de aquellos ni lastrar su
desarrollo. Ya todos, desarrollados y emergentes, parecen convencidos de que
han de comprometerse, en la medida de sus capacidades y responsabilidades, a
combatir el cambio climático y reducir la emisión de gases de efecto
invernadero. Un entendimiento entre países ricos y pobres que incluye debatir
las ayudas (Fondo Verde) necesarias con las que financiar proyectos y actividades en los países
emergentes que promuevan la innovación, el desarrollo y la adopción de
tecnologías “amigables” al clima. Y ello, no por un prurito meramente
ecológico, sino también económico, ya que, según el Informe Stern, basta una
inversión del 1 % del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio
climático, mientras que, de no hacer esa inversión, el mundo se expondría a una
recesión que podría alcanzar el 20 % del PIB global.
Una preocupación mundial que, afortunadamente, se alinea con
las advertencias de los científicos ante un cambio climático que determinará
las características y las condiciones del desarrollo del mundo en las próximas
décadas. Y aunque el expresidente español José Mª Aznar, en la presentación de
un libro editado por su fundación FAES, en 2008, calificara de “mito” el
calentamiento de la atmósfera y tachara de “ideología totalitaria” los
esfuerzos que, como estos de la
ONU y sus Cumbres del Clima, persiguen soluciones planetarias
al cambio climático, sus peligros constituyen una amenaza indiscutida desde que
se comprobó, en 1961, que la concentración de CO2 en la atmósfera estaba
aumentando.
Pocos son los que en la actualidad dudan, si no es por
ceguera ideológica, que la actividad industrial del hombre contribuye al
aumento acelerado de la concentración de gases con efecto invernadero que
modifica el clima, eleva el nivel del mar, aumenta la temperatura media de la
superficie terrestre y oceánica, acidifica el mar, derrite el hielo de los
polos, altera los patrones de precipitación y genera eventos meteorológicos
extremos, todo lo cual se manifiesta de manera global, aunque de forma
heterogénea, y a largo plazo nos enfrenta a un elevado nivel de incertidumbre y
peligros catastróficos, si no se adoptan medidas correctoras.
Por eso, estas cumbres de
lunes, 15 de diciembre de 2014
¿Partícipes del lucro o cómplices?
Se ha puesto de moda últimamente un término jurídico que, a la hora de redactar algunos autos o sentencias, parece que suavizan, no sólo nominal sino también penalmente, lo que los ignorantes en derecho solemos considerar como “cómplices”. Se trata de la figura que cataloga, en litigios que les afectan, las conductas de Ana Mato y la infanta Cristina de Borbón como “partícipes a título lucrativo” de delitos en los que están involucradas sus respectivas parejas. Tal precepto edulcora acusaciones que pesan sobre personalidades que al parecer, por condiciones de cuna o fortuna, merecen estar exentas de un trato que al común de los mortales les acarrea imputaciones de graves delitos penales. Esa es, al menos, la impresión que recibe el profano en leyes que sigue las informaciones que los medios de comunicación divulgan sobre estos casos judiciales que desatan el interés general.
Resulta que legalmente el Código
Penal identifica a quien, en la ignorancia de un ilícito penal, se ha beneficiado
de los rendimientos de éste, por lo que está obligado a restituir (cosas) o
resarcir (valor) del daño en la cuantía de su participación. Se le atribuye,
pues, al “partícipe del lucro” una responsabilidad civil directa por cuanto ha
obtenido un beneficio o aprovechamiento ilícito derivado del delito atribuido a
otra persona, pero no se le recrimina delito alguno al ser considerado ajeno a
la existencia del hecho criminal.
La “línea roja” que separa al
cómplice del partícipe del lucro es extremadamente sutil, pues se basa en la
apreciación de ignorancia del hecho penal, y se aplica de manera estricta sólo
en los casos de adquisición lucrativa. Pero en las causas tan complejas en que
se ha aplicado este término, como son el caso
Gürtel, en el que está imputado el que fuera marido de la exministra Ana Mato,
y el caso Nóos, que incrimina al
esposo de la infanta Cristina por tráfico de influencias y otros delitos,
resulta verdaderamente complicado diferenciar objetivamente quién actúa como
receptador penal -el que conoce el origen ilícito del lucro- y el partícipe
lucrativo -que dice ignorar la existencia del delito-. Tan difícil es esta
distinción que provoca la disparidad de criterios entre el juez Castro,
instructor del sumario que implica a la infanta Cristina, y el fiscal del
mismo, Pedro Horrach, quien solicita su exculpación en el escrito de petición
de penas a los inculpados.
En ambos casos, la aplicación del
precepto de “partícipe a título lucrativo” causa asombro y no pocos recelos
entre la ciudadanía que contempla cómo, gracias a recursos legales tan poco
diáfanos y objetivos como éste, una determinada élite social y política puede
eludir la acción de la
Justicia y salir indemne de los delitos económicos y
patrimoniales en los que se ve involucrada.
Porque es cuanto menos “chocante”
que Ana Mato no tuviera conocimiento de que en su hogar se recibieron más de
730.000 euros de manera ilegal entre los años 1999 y 2005. Pagos ilegales con
los que la trama Gürtel presuntamente
sobornaba a su marido, Jesús Sepúlveda, cuando era senador del Partido Popular
y después como alcalde de Pozuelo de Alarcón. Y aunque ella se separó de él en
el año 2000, mantuvo la sociedad de bienes gananciales con él hasta 2005. Entre
esos ingresos ilegales figuran entregas en efectivo o metálico que salían de la
caja B de la Gürtel en forma de
sobresueldos mensuales, nunca declarados a Hacienda, o entregados directamente
por parte de Francisco Correa, cabecilla de la trama. También figuran
comisiones conseguidas por las adjudicaciones publicitarias de las campañas
electorales del PP de los años 2003 y 2004. Es difícil alegar ignorancia sobre
estos ingresos cuando Ana Mato era, precisamente, la encargada de negociar las
campañas electorales del PP durante esos años. La Unidad de Delitos
Económicos y Fiscales de la
Policía (UDEF) resalta que, con la elaboración de los vídeos
electorales que Mato se encargó de coordinar, la red mafiosa de la Gürtel
consiguió cerca de tres millones de euros de beneficios.
Pero es que, además, en el domicilio
de la exministra se recibieron regalos familiares que beneficiaron al
matrimonio y a sus hijos de forma directa, entre viajes en avión, alquiler de
vehículos, facturas de hotel y servicios turísticos. Parte de esas dádivas
fueron regalos personales a Ana Mato, que ella disfrutó sin su marido. También
constan gastos familiares y servicios de carácter privado, como artículos de
Louis Vuitton para la exministra y la celebración de fiestas infantiles en los
cumpleaños de sus hijos. Sin embargo, lo más increíble es su declaración de que
no conocía la existencia de dos vehículos de lujo –un Jaguar S-Type 4.0 V8 y un
Range Rover 4.4 V8 Vogue- que la trama corrupta había regalado al matrimonio. Entraba
y salía de su casa sin percatarse de esos coches en su garaje, en los que, para
colmo, ha viajado.
Efectivamente, el disfrute de todos
estos ingresos “adicionales” hace a cualquiera partícipe de un lucro del que
difícilmente se puede ignorar la procedencia o, al menos, despertar cierta
curiosidad sobre el modo de su obtención.
En idéntica situación se encuentra
la hermana del rey Felipe VI, la infanta Cristina de Borbón, quien se ve
inmersa en un escándalo de corrupción, que se investiga desde 2010, por
supuesta malversación de seis millones de euros de dinero público en el que
están implicados su esposo, Iñaki Urdangarín, y el socio de este, Diego Torres,
entre otros. Para el juez que instruye la causa, hay indicios suficientes de que
la Infanta se
benefició del dinero de la sociedad familiar Aizoon, de la que era copropietaria a medias con su esposo, para
evadir impuestos. Aunque no la administraba, manejó sus cuentas, gastó sus
fondos, alquiló un palacete para la sede, firmó el contrato y cobró
mensualidades. Esa empresa era, en realidad, una sociedad instrumental que
servía de pantalla para enmascarar de manera fraudulenta los ingresos que
captaba el Instituto Nóos, en teoría
sin ánimo de lucro. El nombre de Cristina de Borbón, su estatus y su
pertenencia a la Familia Real
española sirvieron de “gancho” para los “negocios” que su marido y sus socios
realizaron con los gobiernos del PP en Baleares y la Comunidad Valenciana ,
valiéndose del tráfico de influencias, prevaricación, malversación, entre otros
delitos.
Al igual que Ana Mato, ella declara
no conocer la procedencia de los
ingresos que obtenía la sociedad de la que era copropietaria y que
servía, entre otras sociedades satélites de Nóos,
para canalizar sus rentas. También alega ignorancia de los “manejos” efectuados
-de los que se acusa a su esposo y sus socios- para el blanqueo de capitales,
la generación ilegal de fondos y la malversación de caudales públicos, entre
otras prácticas delictivas, que se cometieron en el entramado societario del
que formaba parte.
Aunque el fiscal del caso atribuye a
la infanta Cristina una “participación a título lucrativo”, sin imputarle la
comisión de ningún delito al considerarla ajena del blanqueo de capitales (la
acusación más grave por las penas que conlleva), el juez Pedro Castro disiente
de las exculpaciones de la fiscalía y ve “sobrados indicios” de que la Infanta participaba en la
trama corrupta, lucrándose en beneficio propio, al contribuir de alguna manera,
de modo activo u omisivo, a la defraudación generada.
Otra vez, y ésta de parte del
Ministerio Fiscal, no de sus abogados defensores, se utiliza el precepto
“partícipe lucrativo” en un caso que afecta a una alta personalidad de la
aristocracia española, con la pretensión de librarla de sus responsabilidades
penales con la Justicia. Ninguna
de las afectadas por estos escándalos de corrupción, Ana Mato y Cristina de
Borbón, conocía lo que hacían las personas con las que dormían y con las que
firmaban cheques, recibían regalos, compartían ingresos y disfrutaban de un
nivel de vida que ocultaban a Hacienda. Tal precepto jurídico será legal, pero
resulta sospechoso que sólo se utilice cuando afecta a muy ilustres esposas de
delincuentes. Otras, haciendo lo mismo –y ejemplos de ello abundan en la
actualidad-, dan con sus huesos en la cárcel. Y es que la Justicia es igual para
todos, aunque para unos más que para otros... y otras.
domingo, 14 de diciembre de 2014
Lluvia melancólica
El viento, el frío y la lluvia se han confabulado para impregnar Sevilla de una melancolía a la que no está acostumbrada y que le hace estornudar secreciones por las alcantarillas. Una luz triste y grisácea se apropia del paisaje y de unos ojos que se refugian en las miradas perdidas de los desamparados bajo los paraguas o embebidas con las tazas en las cafeterías. El agua que se desploma sobre la ciudad se entretiene en golpear cristales y cubiertas con un ritmo a veces frenético y otras parsimonioso, como las pulsiones que animan a los que huyen de la intemperie para evitar empaparse de frío y soledad. Sólo los que asisten al espectáculo desde los butacones abrigados de sus casas celebran esta danza melancólica de la lluvia en Sevilla.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Placeres cíclicos
No es la primera vez, ni será la última, que traigo este
disco que me acompaña desde hace muchos años, y cuya música, variaciones al piano
de George Winston, me transporta a ese estado que contadas ocasiones
alcanzamos y que nos enfrenta a nuestros pensamientos, haciéndonos vagar, sin rumbo, por todos
los rincones de nuestra existencia. Las horas finales de los fríos días de invierno,
cuando buscamos el abrigo del hogar y ese calor familiar que desprenden las
cosas que nos rodean en su interior, suele ser el momento en que me refugio en
el salón para escuchar estas melodías, tan tranquilas y solitarias como el alma
que traspasan y a la que elevan al más sublime de los nirvanas que pueden
disfrutarse en la intimidad de tu ser en soledad. Es un hábito al que no
renuncio y en el que reincido cada vez que necesito hallarme conmigo mismo, aislarme del ruido de la vida y librarme de las ataduras que nos condicionan, sin
importar incluso que sea diciembre para escuchar precisamente December. Cíclica coincidencia.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
El desnudo como protesta
![]() |
El Huffington Post España |
Femen, el grupo
feminista que suele acabar detenido tras sus actividades, atrae la atención hacia
sus denuncias con los senos desnudos o pintados con palabras alusivas a los
motivos de sus protestas. Consiguen así una difusión de sus reivindicaciones
que de otra manera pasarían inadvertidas. Compiten con una publicidad que hace
lo mismo, mil veces más persuasiva y potente, pero con fines totalmente
distintos. Los pechos al aire de las manifestantes pretenden sensibilizar de
situaciones, leyes, actuaciones y abusos que siempre perjudican a la población
o a los más débiles e indefensos, sean personas, pueblos, animales o la naturaleza. Es decir,
no persiguen venderte un coche haciéndote creer que con él serás irresistible
para las mujeres, sino que reconozcas la inteligencia de la mujer para decidir
sobre su embarazo y abortar si quiere, por ejemplo.
O para denunciar que, sin ser necesario, criemos en las
peores condiciones y luego matemos animales por el capricho de vestir sus
pieles y aparentar un “estatus” social, no para protegernos del frío, gracias a un
baño de sangre cruento e inútil. Justo eso es lo que buscan los activistas de la asociación AnimaNaturalis que
posan desnudos en Barcelona, tintados con sangre artificial, para repudiar la matanza de
animales y arrancarles la piel que promueve la industria peletera. Es una iniciativa provocativa que llama la
atención. Muchos de los que reciben la imagen percibirán sólo la desnudez de
los protagonistas, pero algunos de ellos comprenderán el mensaje simbólico que
traslada y podrán, al menos, recapacitar sobre un problema basado en la
industria de la vanidad humana y evitarán sucumbir a sus provocaciones
publicitarias. Mientras más se reproduzca la fotografía en los medios de
comunicación, a los que accede gracias a la desnudez, más difusión tendrá la
protesta y más conciencias podrán agitarse de su adormecimiento.
El desnudo como forma de protesta es eficaz, siempre y cuando
se haga de manera delicada, con respeto y arte, y sin abusar del recurso. Su
continua repetición anularía el efecto sorpresa y provocador para convertirlo en
un simple reclamo comercial más, carente de originalidad y vacío de atractivo. No es el caso de esta fotografía que nos hace
aborrecer a los asesinos de animales que nos cubren con su pelaje.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Acotaciones ingenuas
El año está a punto de finalizar y algunas acotaciones de lo sucedido en estos meses desbordan nuestra capacidad para el asombro o la indignación, en función de cómo asumamos los acontecimientos. El tiempo, ese artificio conceptual que sirve para ordenar lo inaprehensible, nos permite revisar temporalmente unos hechos que mutan según nuestro estado de ánimo o punto de vista.
Por ejemplo, la prima de riesgo -¿se acuerdan?- cae en estos
momentos a su mínimo desde marzo de 2010, aquel umbral de 110 puntos básicos
que obligó al presidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, tomar
medidas radicales contrarias a su programa y convicciones ideológicas, por lo
que fue tachado de pésimo gobernante, manirroto y causante de la desconfianza de
unos mercados que castigaban con tal interés la financiación de nuestra deuda
soberana. Hoy, en cambio, esa misma cifra traduce confianza, refleja la
sabiduría de un buen gobierno y despierta la ilusión del crecimiento y creación
de empleo, precisamente cuando la cota de los que no consiguen un puesto de trabajo
supera con creces los cuatro millones largos de personas, se descubre que la
corrupción es un mal que se expande como la gripe y los bancos de alimentos han
de organizar campañas para ofrecer, siquiera, algo de caridad alimenticia a los
que el Sistema económico -ese que va tan bien- y el Gobierno -ese que sabe
administrarnos con sabiduría y equidad- abandonan sin auxilios sociales ni
derechos legales. Una misma cifra, pues, sirve para el pesimismo o el optimismo,
según los intereses e intenciones de quien la valore.
Mientras, el recibo de la luz, tras la enésima revisión para
su cálculo, se ha encarecido este año más de un 12 por ciento, seguramente para
ayudar a que las familias disfruten de lo que se ha dado en llamar “pobreza
energética”, otra epidemia que nos asola. Como resulta que los consumidores no cubren
con sus recibos lo que cuesta producir energía eléctrica (es lo que aseguran,
palabrita), la deuda contraída con las compañías asciende a cerca de 30.000
millones de euros. Se trata de la llamada deuda tarifaria eléctrica, que el
Gobierno, con sus “ajustes”, procura que los ciudadanos satisfagan
religiosamente, mientras “repagan” determinadas prestaciones sanitarias,
“copagan” el famoso medicamentazo, tienen congeladas las pensiones, soportan el
encarecimiento de las matrículas en los estudios de sus hijos, aparte de las
crecientes dificultades para conseguir becas, sortean la maldición de una carestía
crónica de empleo en este país, se resignan a que las cuantías y la duración de
los subsidios por desempleo se restrinjan, precisamente cuando más falta hacen,
y, para colmo, son objeto de la vigilancia de una Administración que los
criminaliza por intentar, a pesar de tantos obstáculos, sobrevivir, amenazándolos,
incluso, con multas si rebuscan entre la basura algún desperdicio que pueda
aliviarles la situación. Con la luz, en suma, se produce un “ajuste” energético
providencial que, como los demás, genera confianza en los mercados y estimula presuntamente
una actividad económica que hunde, como contrapartida, en la miseria a los
supuestos beneficiados.
Cuando menos, el Ébola se declara erradicado en España,
adonde lo trajo una decisión política, que no médica ni humanitaria, por atraer
la simpatía de determinados sectores de la sociedad y calmar la inquietud de un
poder que no es de este mundo, pero que se materializa en éste, hasta el
extremo de “inmatricular” cualquier construcción mundana que pueda
representarlo, eximirle de pagar impuestos y permitirle recolectar
“aportaciones voluntarias” con el cepillo de las limosnas. Para los ungidos por
tal poder se procuran aviones medicalizados y se reabren hospitales que ya habían
sido cerrados con la intención de privatizarlos o “externalizar” sus servicios,
mientras que a otros, los más depauperados, les retiran las cartillas
sanitarias, los confinan en la marginalidad y les dan de alta médica en las
urgencias para que mueran en los albergues municipales, todo en nombre de la
sostenibilidad… cristiana, se supone.
Gracias a todo ello, el país se encamina, al fin, hacia la esperada
recuperación, como demuestra el dato del paro registrado hasta noviembre, en el
que sobresale que 14.000 personas lograron un contrato de trabajo, aunque sólo el
11 por ciento de los mismos fuera indefinido. Esa creación de empleo causa
expectación en los millones de personas que continúan engrosando las cifras del
INEM, de los que cerca de la mitad ya no perciben ninguna prestación, librando
una lucha contra la adversidad y la desesperación gracias a familiares y algunas
chapuzas que Hacienda persigue con celo y saña. Tal repunte del trabajo -sin
calidad, temporal y absolutamente precario- es considerado un “cambio de
tendencia” que, para los voceros gubernamentales, pone en evidencia la validez
de las medidas adoptadas hasta ahora por el Ejecutivo e induce al ministro de
Economía, Luis de Guindos, a elevar la previsión oficial de creación de empleo
hasta niveles que, en todo caso, no serán suficientes ni para compensar el destruido
en esta legislatura, el que el Gobierno con sus medidas ha destruido, ni para
alcanzar ninguna recuperación. La euforia de los responsables políticos
contrasta, empero, con los informes de Cáritas, que alertan de los altos
índices de pobreza que se producen en nuestra sociedad, una “pobreza extensa,
intensa y crónica” que afecta ya al 6,4 % de la población, y con los del Banco
de Alimentos, que hablan de que el número de personas que deben ser socorridas,
con alimentos básicos para el sustento, no deja de crecer y multiplicarse. Tanta
desigualdad y desprotección, dicen que inevitables, son las consecuencias
sociales que trae consigo una “economía” que lanza las campanas al vuelo por
14.000 empleos en precario, mal protegidos, mal pagados y completamente
insuficientes, en calidad y cantidad, para un futuro de pleno empleo digno,
como el que se promete con la ansiada recuperación.
Entre tanto, la
Justicia , ante esta grave situación, se halla decidida a
evitar que las menores de edad -mínimo legal que no se exige para otras
intervenciones- puedan abortar sin el consentimiento paterno. Por eso ya ha
anunciado que la reforma “light” de la
Ley del Aborto –otra reforma impuesta por la crisis- será
pronto una realidad que regulará nuestras conductas. Se atiende, así, un improrrogable
asunto que preocupaba enormemente a la ciudadanía y que había motivado, hace un
tiempo, que obispos y otros jerarcas de la curia se echaran a la calle tras las
pancartas, exigiendo la imposición de un orden moral que impida este atentado
contra la vida. Sin embargo, llama la atención que, contra la pederastia y otras
agresiones sexuales en el seno de la
Iglesia , esos ministros y sus píos seguidores no se manifiestan.
Antes al contrario: mantienen un absoluto silencio y se guardan de proferir
condenas y excomuniones a los “pecadores” con sotanas. En su escala de valores,
la vida del no nacido vale más que la del nacido.
Tampoco claman contra la corrupción, una plaga que apenas
despierta la atención de los responsables políticos, salvo para echarla en cara
de los adversarios y para prometer “medidas ejemplarizantes” de transparencia y
regeneración que nunca llegan o son claramente insuficientes. Las tibias iniciativas
son siempre parciales y meramente simbólicas, por lo que la corrupción continúa
su expansión pandémica, favorecida por unos hábitos y una tolerancia que la
hacen consustancial al ejercicio de la política y con la dedicación pública.
Los contados jueces que intentan combatirla, con recursos y apoyos exiguos, o
son apartados por las buenas o las malas (como Garzón y próximamente Ruz), o se
embarcan en procedimientos que se dilatan casi hasta la prescripción de los
delitos, por la obsesión de castigar a todos los presuntos implicados, desde el
que mete mano en la caja hasta el que, por acción u omisión, la deja meter,
como le pasa a la jueza Alaya en el sumario que instruye en Andalucía. Ello provoca
que, frente al elevado número de imputados, los encarcelados sean una “micurria”.
Las leyes, elaboradas por el Poder Legislativo (políticos del Parlamento), y
los medios que debe proporcionar el Poder Ejecutivo (políticos del Gobierno),
no permiten al Poder Judicial (los jueces) ser más eficaz con esta lacra que
corroe la Democracia. Hay
veces que parece, incluso, que se le dificulta intencionadamente. La última
ocurrencia gubernamental, por ejemplo, plantea limitar a seis meses las
investigaciones judiciales, en virtud de una reforma de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal. Es decir, con la excusa de agilizarlos, los juicios que antes no
llegaban a buen puerto por una dilación excesiva, ahora tampoco lo conseguirán por
falta de tiempo. Seis meses para investigar el caso Gürtel no da ni para averiguar dónde le encargaban los trajes
a Francisco Camps. Por ello, los corruptos están de enhorabuena, dedicados a lo
suyo. Y el Gobierno, centrado en lo importante: el ministerio de Justicia
concediendo prioridad a asuntos como el del aborto; el de Trabajo, priorizando el
despido barato y los contratos a tiempo parcial; el de Sanidad, privatizando
hospitales y limitando prestaciones; y el de Economía, empobreciendo a la
población vía impuestos, salvo a los ricos. Todo muy coherente con sus
funciones y las demandas de los ciudadanos, que aplauden su gestión.
Sobre la cultura sectaria de Wert y su contrarreforma
educativa, a la que sólo falta añadir la Formación del Espíritu Nacional para recuperar
los cánones pedagógicos del nacionalcatolicismo, o sobre la política represora
del ministro de Interior, que manda la Policía a los desahucios y las manifestaciones
estudiantiles antes que a las algaradas tumultuarias en las que se citan los hooligans violentos para matarse entre
sí, hablaremos cualquier otro día. El registro de acontecimientos de la
política española es tan rico y variado que sería imposible abarcarlo en un
solo artículo. Su carácter voluble no deja de ofrecer contradicciones dignas de
figurar en el ranking de las veleidades interesadas a las que se aplican
nuestros gobernantes, simplemente por oportunidad partidista. Será lo que nos
merecemos, me temo.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Adiós, bocazas
Pero cuando mostró su verdadero talante soberbio y
despreciativo fue a la hora de asumir sus responsabilidades en la cadena de
errores que determinaron que una auxiliar de enfermería acabara contagiada por
ébola después de exponerse al tratar a los dos religiosos atendidos en España. Errores
que condujeron a extremar las precauciones y mejorar unos protocolos
asistenciales manifiestamente insuficientes. Sin embargo, el responsable de la
sanidad madrileña se dedicó a insinuar que la auxiliar podría haber mentido en
relación a la fiebre que padecía, lo que había dificultado el inicio de un
tratamiento temprano. Incluso se atrevió a dudar de su padecimiento al afirmar
que la enferma no debía estar tan mal cuando se fue a la peluquería. Ante la
terquedad de una enfermedad que se presenta contra todo pronóstico, el
consejero recrimina a la paciente su torpeza, ya que “para explicar a uno cómo
quitarse o ponerse un traje (de aislamiento) no hace falta un máster”. El
doctor Rodríguez nunca demostró sus habilidades para hacerlo y la única
fotografía de él con una bata para prevenir el contagio por contacto da
vergüenza.
Entre tanto, las autoridades sanitarias del país, movidas ya
por el pánico, destrozan el piso de la auxiliar a la hora de desinfectarlo,
sacrifican al perro sin someterlo a aislamiento ni comprobar si estaba
infectado, generando un escándalo mayúsculo entre las asociaciones defensoras
de los animales, y la vicepresidenta del Gobierno desplaza a la ministra de
Sanidad, Ana Mato (cuya implicación en la trama Gürtel le obliga a dimitir),
para dirigir personalmente la gestión de la crisis.
Afortunadamente, la enfermera pudo superar el contagio y
recuperar la salud, lo que ha llevado al consejero bocazas a atribuirse el
mérito, declarando: “Si lo hubiese hecho mal, Romero no estaría hablando. Lo
que tengo que hacer es felicitarnos porque no se ha muerto y porque haya tenido
un final feliz”. Tales palabras en boca del responsable del mayor desaguisado
de la historia sanitaria reciente española son inaceptables y bochornosas. Por
eso, el miércoles pasado, el día siguiente de que la Organización Mundial
de la Salud
declarara a España “oficialmente libre” del ébola, este impresentable médico,
vestido de político, fue fulminantemente cesado del cargo, dos meses tarde de
comenzar a meter la pata en la gestión de una cartera para la que no estaba preparado: su incontinencia verbal lo traicionaba. No podía controlar su
lengua, que antes de abandonar el cargo, le llevada a decir: “Si mi gestión no
hubiese sido correcta, España seguiría teniendo esta enfermedad (ébola)”. Y es
que todavía no lo admite ni lo entiende: lo han echado por bocazas, además de
incompetente, doctor Rodríguez. Ahora ya puede irse a vivir del cuento sin perjudicar a nadie.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Caricias de diciembre
Cuando deslizaba su fría mano sobre la espalda, toda mi piel temblaba como si hubiera recibido una descarga eléctrica que erizaba los vellos cual resortes de una trampa. Cortos espasmos agitaban los músculos de brazos y piernas conforme aquella sensación gélida descendía hasta arrebatarme el calor atrapado en mi cuerpo. Entornaba entonces los párpados en señal de entrega y dejaba exhalar un vaho húmedo, con la intensidad de un beso al aire, mientras me acurrucaba como un niño bajo las mantas. Y es que adoraba esas caricias con las que diciembre me recibía trémulo cada noche en la cama, despertándome deseos de no querer levantarme.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Nicolás, pequeño Nicolás
Todo hubiera quedado en anécdota si no fuera por los
desmentidos y algunos hechos. La historia de Francisco Nicolás Gómez saltó a
los periódicos hace unas semanas, cuando se supo que “Fran”, como suele ser
llamado, había sido detenido por la
Unidad de Asuntos Internos de la Policía. La pregunta fue
inmediata: ¿Cómo un adolescente con cara aniñada, que ni es policía ni
funcionario de ningún Cuerpo o Fuerza de Seguridad, es arrestado por una unidad
que sólo investiga casos de corrupción y anomalías dentro de la Policía ? La respuesta que
dio el ministro de Interior, en declaraciones posteriores, fue insatisfactoria y
poco convincente. A partir de ahí se sucedieron las especulaciones con las que
dar pábulo a la fábula del “pequeño Nicolás”, a la que el propio protagonista contribuye
con manifestaciones y entrevistas en unos medios de comunicación que alargan el
“filón” informativo, por rocambolesco que parezca.
Es así como nos enteramos de que el dicharachero “agente” Nicolás
había asegurado que trabajaba como “charlie” en el CNI (Servicio Secreto
español), además de colaborar con la Zarzuela y la Moncloa , y que había mediado en la imputación de
la infanta Cristina en el caso Noor
e, incluso, en la consulta catalana del 9 N. También que había revelado detalles
del protocolo para acceder a las instalaciones del CNI y presumido de tener
relaciones con personalidades que, aunque algunas las han desmentido, otras muy
significativas se han visto obligadas a confirmarlas, no sin antes precisar que
habían sido por simple cortesía. Así, se descubrieron contactos con Carlos
García Revenga (secretario personal de la infanta Cristina), Miguel Bernad
(secretario general de Manos Limpias), Cristóbal Martel (abogado de los Pujol),
Jorge Cosmen (presidente de la compañía de autobuses ALSA), Miguel Ángel
Moratinos (exministro de Exteriores del PSOE) y Jaime García Legaz (secretario
de Estado de Comercio), entre otros.
Se ha sabido, igualmente, que el “pequeño Nicolás” había
utilizado coches oficiales del Ayuntamiento de Madrid, acudido con invitación
al acto de proclamación del rey Felipe VI, subido a la sede del Partido Popular
de Madrid en la noche del triunfo de las pasadas elecciones generales, visitado
numerosos empresarios y despachado con altos cargos de varias administraciones.
Evidentemente, todas las instituciones del Estado citadas han negado estas
relaciones o las han matizado, hasta el punto de que la propia vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de
Santamaría, para quien el lenguaraz Nicolás decía haber trabajado, ha tenido
que desmentir en dos ocasiones cualquier tipo de relación con el joven
ambicioso y fantasmón.
Ante tal cúmulo de medias verdades y grandes mentiras, lo
sensato sería una actitud de desconfianza e incredulidad. Porque lo cierto es
que Francisco Nicolás es un chaval de 20 años, con cara de recibir muchas
collejas en el colegio, procedente de una familia de clase media afín al PP, en
cuyos círculos juveniles pronto se integró, desde que tenía 15 años, como pez
en el agua. Su “pinta” de niño bien y su “oratoria”, con la que podía “enrollarse”
fácilmente, le sirvieron para, desde la agrupación local de los populares de Chamartín, estar siempre
cerca y a disposición de los cargos y personajes de la política en cuántos
actos, charlas y reuniones se organizasen. Es probable que de ahí surgieran los
primeros nombres y contactos de su agenda de teléfonos, y también las ínfulas
de ser un “halcón” (o pollo de rapaz) para la política y los negocios. Es lo
que veía y lo que aprendía con innegable provecho, ya que es muy fácil, desde
dentro, conseguir invitaciones, acompañar a autoridades y ser parte del
“decorado” en las actividades e iniciativas del partido. Sin embargo, ello no
explica ni el conjunto de sus supuestas “relaciones” ni, mucho menos, los
hechos más delicados de su historia, por muy fantaseada que haya sido
elaborada.
Lo más inaudito de este asunto es la implicación del CNI, por
los detalles que revela el “pequeño Nicolás”, y la intervención de la Unidad de Asuntos Internos
de la Policía. Ni
uno ni otra se preocupan por las andanzas de un zagalón con delirios megalómanos
para medrar. En este aspecto, al menos, resulta sospechoso que, a pesar de las
desautorizaciones y amenazas de querellas a instancia de la Moncloa , exista evidencia de
“granos” entre tanta paja como contiene este enredo. Da para pensar que,
efectivamente, algo hay de cierto en las afirmaciones de “colaborar como agente
charlie” del joven militante del PP y en algunos de sus encuentros con altas
personalidades. Y hasta cierto punto no son descabelladas.
No todos los agentes secretos son esbeltos “james bond” con
irresistibles encantos físicos y sorprendentes habilidades, en cuanto a
inteligencia, adiestramiento militar y recursos técnicos. También hay simples
soplones que, por su apariencia, sirven para infiltrarse en colectivos
estudiantiles, siempre tan heréticos con el poder, ambientes juveniles en
barrios, asociaciones, entidades y mil lugares similares, incluidas las propias
formaciones políticas. Un “espía” en formación de esta naturaleza, con pájaros
en la cabeza, puede “desvariar” y pretender “saltar el escalafón” al creerse
más listo que nadie, ser invulnerable y tener la tentación de lucrarse con sus
conocimientos, relaciones y contactos. Tener sólo 20 años y haber saludado al
rey, estrechado la mano de exministros, secretarios de Estado, alcaldes,
empresarios, expresidentes del Gobierno y otros altos personajes hacen que más
de uno pierda la prudencia y, lo que es peor, pretenda ignorar su
insignificancia. Pero si, encima, “colaboras” como agente secreto de nuevas
generaciones, no resulta extraño que te presentes como “Nicolás, pequeño
Nicolás”, querida.
Naturalmente, el CNI no dirá ni pío. Y Soraya de Santamaría
lo negará. Como en las películas.
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