jueves, 15 de octubre de 2015

Presupuestos propagandísticos


Para cerrar un año electoral, que ha transcurrido de elecciones en elecciones y todas causando la pérdida de votos en el partido gobernante, castigado en las europeas, en Andalucía, en las locales y en Cataluña, queda el remate final de las generales del próximo diciembre, en las que el Partido Popular se juega el poder (del Gobierno) y la gloria (de presumir de una discutible recuperación económica que hace suya). Ante tamaño reto, el Gobierno conservador de Mariano Rajoy pone en marcha toda la maquinaria electoral del partido y demás instrumentos institucionales en sus manos para volver a seducir al electorado y tratar de recuperar su confianza. Cualquier cosa antes que perder el poder. Y si para ello hay que ponerse a bailar (sic), pues se baila y se dan baños de multitudes que aparentan que las otrora distantes y estiradas excelentísimas personalidades que nos gobiernan son, en realidad, asequibles y campechanas personas, como usted y yo en la boda de un primo. Claro que, interpretar lo que no se es, no deja de ser mera anécdota de una campaña a cara de perro, nervios a flor de piel y manipulaciones en todo lo que sirva de propaganda. Incluido los Presupuestos Generales del Estado del próximo año.

Por de pronto, el Gobierno ha adelantado la elaboración y aprobación de las cuentas del Estado para poder utilizarlas como reclamo electoral y ocultar lo evidente: que el Gobierno se ha pasado la legislatura empobreciendo a los ciudadanos y recortando, cuando no eliminando, todo gasto social. No es la primera vez que este Gobierno del Partido Popular utiliza los Presupuestos como arma electoral. En 2012, en vez de adelantar su aprobación como acaba de hacer este año, la retrasó tres meses para no perjudicar a su partido, en las elecciones andaluzas, con las fuertes medidas de “austeridad” que figuraban en aquel Presupuesto. La primera medida económica de este Gobierno consistió en ocultar sus intenciones de liquidación del Estado de Bienestar, y la última ha sido la de hipotecar el margen de maniobra del nuevo Gobierno que surja de las urnas en diciembre con un Presupuesto ya aprobado que no se lo cree ni Bruselas.

Y es que los incumplimientos de los objetivos del déficit en las cuentas del Estado, durante esta legislatura del Gobierno del Partido Popular, han sido la tónica y tienen en alerta a la Unión Europea. A pesar de lo pactado, 2012 se cerró con un déficit mayor de lo acordado (6,7% sobre 5,8 %), en 2013 sucedió lo mismo (6,58 % frente al 4,5 %), en 2014 tampoco se cumplió (5,78% en vez del 5,5%) y en 2015 se espera un nuevo incumplimiento sobre lo acordado del 4,2%. Así que, para 2016, nadie se cree las cuentas, por lo que las autoridades europeas advierten al Gobierno de la necesidad de “actualizar” las cuentas para que se ajusten a lo pactado; es decir, volver a los “ajustes” y “recortes” para intentar cuadrar ingresos y gastos conforme a las “indicaciones” de Bruselas. Por muchas promesas de “recuperación” económica que se hagan, simulacros de subidas de sueldo (del 1 % a los empleados públicos), devolución “en diferido” (fraccionada) de la paga extra sustraída a los funcionarios y otras milongas, la verdad es que el Gobierno manipula los Presupuestos a su antojo y conveniencia.

Queda por ver si, tras esta burda utilización propagandística de las cuentas públicas, el resultado satisface a los intereses del Partido Popular como ellos confían. Los precedentes son inquietantes. Si retrasar los Presupuestos no sirvió para ganar en Andalucía, adelantarlos ahora puede que no consiga que los conservadores se mantengan en el Poder. Y ello desata los nervios y las ocurrencias a la desesperada.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, acude a bailar a un programa satírico de la televisión, el presidente Rajoy se lanza a inaugurar cuantas carreteras y vías de tren sean posibles, estén ya en uso o no, y a conceder entrevistas y acercarse a cualquier micrófono que se le ponga a tiro, tan reacio como era él a estas inmersiones mediáticas, y hasta organizar actos electoralistas en las instalaciones del Congreso de los Diputados, con tirador de cerveza incluido para sus sedientas señorías. Y todo ello sin que todavía haya comenzado oficialmente la campaña electoral.

Bruselas arremete contra unos Presupuestos inviables mientras la descomposición del Partido Popular, aquejado del mal de la corrupción en las propias entrañas de Génova (sede nacional del partido, donde tenía despacho, secretaria y chófer  Luis Bárcenas como gerente y tesorero), provoca el “fuego amigo” de los que dejan de ser “una piña” para empezar a distanciarse y “quejarse” de la falta de liderazgo e ideas. El primero de ellos José María Aznar, expresidente del Gobierno y presidente de honor del partido, que no hace más que cuestionar la labor de su designado a dedo, Martiano Rajoy. Y detrás de él, todos los que se huelen la hecatombe y temen perder sus poltronas, como Esperanza Aguirre y los que el ministro Cristóbal Montoro señala al afirmar que “hay compañeros míos que se avergüenzan de ser del PP”.

Pero que un partido pierda apoyo popular y, por ende, abandone el poder es consustancial a la democracia y la alternancia en el Gobierno. Lo grave es cuando ese partido, con tal de afianzarse en el poder, pierde el rigor y la credibilidad a la hora de administrar los recursos públicos y las instituciones del Estado para convertirlos en instrumentos propagandísticos con fines partidistas y sectoriales. Y eso es lo que está haciendo en Partido Popular con los Presupuestos Generales del Estado, cuya aprobación por adelantado se debe a cálculos electorales antes que en beneficio del interés general, y la utilización del Congreso de los Diputados como tablao para un mitin.

Si con estas torpes y burdas iniciativas piensa el Gobierno que va a convencer a los parados, a los trabajadores en precario, a los pensionistas, a los sanitarios, a los maestros, a los del mundo de la cultura, a los estudiantes, a las mujeres que a punto estuvieron de ser condenadas por abortar, a los empleados públicos y, en general, a toda la población que ni es empresaria ni banquera, está aviado. A ninguno de ellos ha llegado la voceada recuperación de la que se vanaglorian estos gobernantes y siguen sufriendo las carencias de una política de austeridad que los ha empobrecido innecesariamente. Hacen falta algo más que bailecitos y promesas de holguras con cuentagotas para demostrar que se va a aplicar otra política más social y justa. Eso no se lo cree ya nadie. Ni Bruselas.

martes, 13 de octubre de 2015

Martes y 13

Para los supersticiosos, hoy es un día fatídico, de mal agüero, en el que lo más seguro es que algo malo pueda pasar. Martes y 13 es el colmo de la fatalidad, de la desgracia y el desatino. Hoy no es buen día ni para casarse ni embarcarse, como avisa el refranero, actividades ambas de máximo riesgo. Tomar matrimonio o emprender un viaje, da igual, son empresas desaconsejadas en este día nefasto, no por la pareja o el medio de transporte, sino porque tal y como están las cosas, sería descabellado confiar la fortuna a un día tan señalado por lo negativo. Lo más probable es que te estrelles o divorcies, o las dos cosas a la vez. Ningún martes es buen día para nada, siendo como es el día del dios romano de la guerra y, por tanto, de la sangre y la muerte. Puestos a enfermar, mejor cualquier otro día de la semana, en el que tendremos más probabilidades de resolver la papeleta y salir indemnes. Entrar un martes en quirófano sólo se lo aconsejo a mis enemigos, para que los malos augurios se ceben con ellos. Si, encima, es martes 13, es que ni me levanto de la cama. Desde la más remota antigüedad, 13 es signo de mala suerte, como la que tuvo Jesús en la Última Cena con sus trece comensales, incluido Él, el número de espíritus malignos de la Cábala judía o hasta la carta del Tarot que personifica la muerte. Hoy no es buen día ni para ir a trabajar ni para escribir tonterías como éstas. Pero como no soy supersticioso, acudo como cada día al trabajo y me entretengo en especular, precisamente en esta fecha aciaga, a costa de cosas tan infantiles como creer en supercherías. Aunque, por si las moscas, toco madera y derramo un poquito de sal. ¡Suerte a todos!

lunes, 12 de octubre de 2015

Energías inmutables

José Manuel Soria, ministro de Industria
España, un país afortunado por su clima soleado y líder en investigación y desarrollo en energía solar, parece estar empeñado en impedir el uso y consumo de las energías renovables. Es lo que se desprende del último Real Decreto, aprobado el viernes pasado por el Gobierno, que regula las condiciones del denominado “autoconsumo eléctrico”; es decir, la producción de electricidad, fundamentalmente fotovoltaica y eólica, para el propio consumo. Nadie está contento con la nueva ley, salvo la gran industria de electricidad convencional (fósil y nuclear). Y es que, en vez de favorecer el fomento de las energías renovables, el Decreto “castiga” con un “impuesto al sol” su uso.

En contra de lo que parece razonable, la nueva regulación de las renovables, a pesar de  presentarse con la intención de favorecerlas, cercena las aspiraciones de quienes pretenden producir su propia energía para ahorrarse los costos de una electricidad convencional. El Decreto contradice su propia motivación en defensa de las renovables al embarullar sobremanera su producción y consumo con registros, normas y tasas, que más que favorecer parecen desaconsejar su uso.

En principio, establece dos clases de instalaciones: las de menos de 100 kilovatios (kW) de potencia y las que superan ese límite. Las instalaciones domésticas, con potencias inferiores a los 100 kW, podrán volcar a la red el sobrante de la energía que produzcan, pero gratis, sin cobrar nada por la energía que “regalan” a la red eléctrica. Es más, tendrán que pagar por estar conectados a la red y deberán asumir un canon y los costes del sistema, los llamados “peajes” de transporte y distribución, junto a los demás conceptos que figuran en el recibo de la luz. Puede parecer lógico repartir los gastos de mantenimiento del tendido eléctrico, pero compensando a quien colabora en producir la energía que se transporta y se vende a través de él: lo comido por lo servido. La regulación española no contempla el balance cero, que compensa el vertido gratis de electricidad a la red con la que se recibe a través de ella cuando no se puede producir energía renovable (de noche o días sin sol), como se hace en países que fomentan el autoconsumo. Los pequeños productores para autoconsumo de electricidad, si están conectados a la red eléctrica, tendrán que soportar unos “gastos”, tanto si consumen energía como si la regalan a la red. Así, la gran industria de energía eléctrica podrá seguir beneficiándose del “monopolio” que explota en España, sin riesgo de que las renovables le disputen el mercado. 

La única excepción son los pequeños consumidores, con una potencia inferior a 10 kW, (para los que esta inversión no es rentable) y las instalaciones insulares (Baleares y Canarias, que si fueran autosuficientes supondría un gran ahorro en transporte de energía), a los que se les exime de estos costes.

La otra modalidad, la de las instalaciones de más de 100 kilovatios, podrán verter el exceso de energía de autoconsumo a la red y podrán venderla al precio horario que exista en ese momento. Pero, para ello, deberán previamente estar inscritas en un registro de productores de electricidad, para conocimiento de las compañías distribuidoras y garantizar, según el Ministro del ramo, la correcta utilización del sistema.

Los partidos de la oposición, las empresas de renovables, los consumidores, los ecologistas y los sindicatos critican esta regulación de las energías renovables por parte del Gobierno, por entender que no favorece el autoconsumo de energía y atender fundamentalmente los intereses de la industria energética convencional, además de menospreciar la protección del medioambiente amparando una energía eléctrica que se sigue produciendo casi en su totalidad a partir de materias fósiles (carbón, petróleo) o nuclear (residuos contaminantes, gran peligrosidad), con una dependencia del exterior cercana al 85 por ciento.
 
Si este nuevo Real Decreto de Autoconsumo representa la apuesta por un futuro limpio y sostenible en relación con las energías renovables, que venga dios y lo vea. Porque lo que consigue es un presente inmutable para las compañías eléctricas tradicionales, que seguirán controlando el sector e impidiendo que las renovables compitan en un mercado, el de la electricidad, prácticamente monopolizado. Más que energías renovables, el Decreto asegura energías inmutables.

sábado, 10 de octubre de 2015

En memoria de Andrea

En memoria de Andrea Lago, la niña gallega para la que sus padres tuvieron que suplicar y denunciar una muerte digna, y que ayer pudo al fin descansar y dejar de sufrir.

La muerte la acechó doce años,
instalada en la tristeza de sus ojos,
para arrancarle al fin la vida
dejando en un hospital los despojos
de una criatura sin niñez,
pasto de médicos y antojos
que intentaban conservar el aliento
de quien ya era presa del enojo
de una muerte obsesionada
con Andrea, la niña de mis abrojos.