Arranca un nuevo año que, como el futuro, está lleno de
esperanzas, pero también de temores. 2020, número redondo, podría ser también un
año redondo en logros y satisfacciones. Un proyecto preñado de todo aquello que
anhelamos y un plazo para lograrlo. Como vivir en paz, con salud, trabajo y en
compañía de quienes amamos o queremos. Y en feliz armonía entre todos. Es el deseo de Lienzo de Babel para todos nuestros lectores en este nuevo año que empieza a rodar.
martes, 31 de diciembre de 2019
lunes, 30 de diciembre de 2019
2019, un mundo de protestas
Además de ser un año perdido en España, 2019 ha sido
también, aparte de los conflictos y las desgracias, el año de las protestas en
el mundo. Las movilizaciones ciudadanas en demanda de derechos, libertad y
democracia se han extendido a lo largo y ancho del globo, evidenciando un
descontento social en regímenes de todo tipo y en prácticamente todos los
continentes. Como si ya no se tolerasen los autoritarismos y las democracias
sufrieran tal deterioro, la gente, por una u otra razón, se ha echado a las
calles para expresar su hartura e indignación. Ha sido, por tanto, el año de las
protestas en Hong Kong (China), Francia, Inglaterra, Italia, Chile, Bolivia,
Ecuador, Líbano, Irak, Irán, Argelia, Venezuela, España, Argentina y muchos
otros lugares. Y es que los problemas no sólo no se han atendido, sino que han crecido
y empeorado, haciendo que las protestas recorrieran el planeta.
La falta de democracia plena y el ejercicio sin trabas de
las libertades han empujado a los habitantes de Hong Kong a protestar por los
intentos del gobierno autónomo hongkonés, afín al de Pekín, de “diluir” su
autonomía y completar su “homologación” con respecto del régimen chino.
Acostumbrados en la vieja colonia a disfrutar de las ventajas de una metrópolis
abierta, plural y libre, como su mercado financiero, que cuenta con su propia
moneda y unas libertades que no son reconocidas en el resto del continente, un
proyecto de ley que ampliaba la jurisdicción china sobre Hong Kong, enclave de
7,4 millones de habitantes que pertenece a China tras haber sido colonia
británica durante 150 años, desató la ira popular y las revueltas, que todavía
continúan. Exigen plena soberanía y democracia.
Un enfado tan intenso y violento como el de los “chalecos
amarillos” de Francia, un movimiento espontáneo, sin líder ni ideología, que surgió
por el precio de la gasolina y la pérdida del poder adquisitivo, y que se
extendió por todo el país. La subida de impuestos y la pérdida de empleos que
conlleva la globalización provocan el malestar de los ciudadanos y el auge de
los populismos. Si, además, las propuestas presupuestarias beneficiaban, según
el Instituto de Políticas Públicas galo, al uno por ciento de la población, el
más rico, por la bajada de impuestos sobre el patrimonio, y perjudicaban al 20
por ciento de las familias más pobres por el encarecimiento de los servicios,
como la energía, los motivos para echarse a la calle no faltaron. La pérdida de
poder adquisitivo y el empobrecimiento los empujaban a ello.
Por causas similares, Sudamérica se veía también sacudida
por manifestaciones y agitaciones callejeras. El estallido social prendía en
Chile con la chispa de una subida de precio en el transporte público. Y por la
reacción brutalmente represiva del gobierno, que ocasionó muertos y heridos. Ya
ni los cambios en la Constitución satisfacen a los manifestantes, hartos de
tanta opresión. También en Ecuador el encarecimiento del combustible, al quitarle
la subvención, soliviantó a los afectados, más de 300.000 personas condenabas a
la pobreza. En Argentina, gobiernos liberales y peronistas, daba igual, se han alternado en el poder tras comicios poco transparentes sin lograr atajar el continuo
deterioro de una economía, prácticamente en bancarrota, que sigue empobreciendo
al país. Otro tanto sucede en Venezuela, donde un presidente autoritario sigue aferrado
a la poltrona mientras un monigote de la derecha, autoproclamado presidente encargado,
no consigue echarlo ni con ayuda del todopoderoso vecino del Norte. Y, en
medio, el pueblo pasa calamidades y sucumbe a la miseria. Como en la crisis
política de Bolivia, país en el que las trampas por perpetuarse en el sillón
presidencial obligaron la huida de su ocupante cuando la gente comenzó a
protestar y exigir nuevas elecciones: querían una democracia de más calidad y
menos caudillismo. Y la falta de una y el exceso de lo otro acabó exasperando a
los bolivianos.
Por su parte, el año en Reino Unido ha estado marcado por las
movilizaciones a favor y en contra del Brexit, hasta que unas elecciones
generales, que dieron un rotundo éxito al partido del euroescéptico Boris Johnson,
pusieron fecha definitiva a la salida. El próximo 31 de enero, el país abandonará
la Unión Europea después de 46 años de permanencia. Pero el escenario que deberá
surgir tras la ruptura es una incógnita que ni los británicos ni los europeos son
capaces de clarificar. Son tantas las interrelaciones y dependencias existentes
que volver a redefinirlas se antoja una tarea compleja, que necesitará de tiempo,
confianza y diplomacia. Hasta en Gibraltar se preguntan cómo afectará a la
colonia la nueva situación. Porque nada será igual para unos y otros, ni se
parecerá, ni de lejos, a lo prometido por los impulsores del “divorcio”
británico con la UE.
Italia, por su parte, también expresó durante 2019 en
concentraciones masivas su rechazo a las políticas contra la inmigración promovidas
por Salvini antes de salir del gobierno. Las denominaron “las sardinas” por la
capacidad de la multitud de apretujarse. Convocadas a través de las redes
sociales, sus organizadores no buscaban mostrar únicamente su rechazo a
Salvini, sino demostrar que estaban a favor de la igualdad, la democracia, la
hermandad y el comunitarismo. Es decir, recuperar los valores constitucionales.
En otro continente, muchos países árabes, incluso en los que
imperan regímenes autocráticos, sus habitantes no han dudado en celebrar,
durante todo el año 2019, manifestaciones y concentraciones en demanda de
libertades (igualdad de la mujer, libre expresión, etc.), apertura política (elecciones
y gobiernos democráticos) o atenciones ante las necesidades sociales (trabajo,
seguridad, bienestar, etc.). En Sudán y Argelia, las revueltas consiguieron obligar
a regímenes autoritarios, en manos de militares, iniciar una transición que confluya
en una convocatoria electoral que instaure gobiernos democráticos. Salvo en
Túnez, donde la “primavera árabe” de 2011 mantiene el rumbo democrático, los
demás países avanzan muy lentamente en su evolución hacia la democracia, lo que
impaciencia a la ciudadanía y provoca manifestaciones de protestas, cada vez
más difíciles de reprimir o silenciar. Hasta en Irán y Arabia Saudí se produjeron tímidas revueltas por el encarecimiento del nivel de vida y la falta de
libertades, que los manifestantes achacan a la mala gestión de sus gobernantes y
a la intransigencia de unas dictaduras teocráticas que llevan décadas soportando.
Estos ejemplos evidencian que medio mundo protesta y otro
medio padece desgracias y calamidades. El conflicto palestino-israelí continúa
con su reguero de asesinatos y destrucción tras los muros de Gaza y Cisjordania,
donde la población civil e inocente cae abatida por los francotiradores o las
bombas del Ejército hebreo. Tal es la masacre que la fiscal de la Corte Penal
Internacional ha solicitado la apertura de una investigación por los crímenes
de guerra cometidos por Israel en territorio palestino. Mientras presta oídos sordos
y descalifica al Tribunal Penal, el primer ministro israelí hace lo imposible
por no perder el poder y mantener la protección jurídica, como aforado, que le
ampara de no ser enjuiciado en las causas en las que se le investiga por
corrupción. A punto está de provocar unas terceras elecciones generales en sólo
un año en su país al no facilitar ningún acuerdo que le aparte del Gobierno.
Y Trump, engendrador de protestas y desgracias, y no sólo
por su repudio del migrante, sus muros, su negacionismo climático y ecológico o
sus bravuconadas y mendacidades. Sino también porque el presidente
norteamericano sigue en su lucha contra los “molinos” de un mundo al que
América ha dejado de impresionar y atemorizar. La guerra comercial emprendida
contra China va camino de quedar en tablas con un acuerdo con el que ambos
contendientes salen ganando, a pesar de las amenazas de aranceles por cada
lado. Las pretendidas negociaciones promovidas para acabar aquellos conflictos
que sus predecesores no supieron resolver, tampoco han servido para nada, ni
con Corea del Norte ni con los talibanes de Afganistán. Ni siquiera ha podido
amedrentar a Venezuela para que Maduro suelte el poder. Sus exigencias y excentricidades
constituyen el hazmerreir de sus colegas en las cumbres a las que asiste. Incluso,
en su propio país, es cuestionado por la mitad de la población y objeto de
investigación por parte de la Cámara de Representantes para someterlo a un
proceso de “impeachment” (destitución) por abuso de poder (en el caso Ucrania)
y obstrucción al Congreso (torpedear la investigación), Aunque es improbable
que el Senado, donde el Partido Republicano goza de mayoría, vote su destitución,
el juicio político contra un mandatario mentiroso, desconcertante y peligroso puede
lograr que la opinión pública reconsidere su confianza.
Sobran los motivos, en un mundo así, para protestar, como
se ha hecho a lo largo de 2019, aunque no sirva para nada. Queda el consuelo de que, al
menos, los todopoderosos no engañan sus falsas promesas, manipulación y mentiras. Que la gente distingue a los que oprimen.
sábado, 28 de diciembre de 2019
viernes, 27 de diciembre de 2019
2019, un año perdido
Vamos a despedir 2019 con una sensación de tiempo perdido, un
tiempo malgastado en complicar los problemas en vez de resolverlos y de vivir
en permanente estado de ansiedad, como si cabalgásemos un tigre imposible de
domar. Estamos a punto de concluir estos 365 días y parece que volvemos a la
casilla de salida para encontrar los mismos asuntos que ya nos habían malogrado
el curso anterior. Ejemplo de este déjà vu es que seguimos sin Gobierno
estable que pueda agotar la legislatura, igual que en diciembre de 2018.
Y en esa estamos. Este año, para colmo, se han tenido celebrar
dos elecciones generales (abril y noviembre) por la incapacidad de los elegidos
de investir a un presidente de Gobierno. Por esa falta de acuerdo en los
partidos sentados en el Congreso, llevamos instalados en la inestabilidad desde
hace cerca de un lustro. Sería, pues, una vergüenza que se tuvieran que convocar
unas terceras elecciones para lograr por cansancio lo que no se consigue con
diálogo y entendimiento: votar al candidato propuesto por el Rey y posibilitar
que la minoría mayoritaria, puesto que nadie dispone de mayoría absoluta, pueda
formar un gobierno duradero. Salvo esos parlamentarios, todo el país, desde la
patronal a los sindicatos, la judicatura y las finanzas, las comunidades
autónomas y la enseñanza, por citar algunos sectores, pide que se constituya sin
tardanza un Gobierno que haga frente a los retos que tenemos pendientes en
espera de decisiones. Llevamos dos años con un presupuesto prorrogado que es
una irresponsabilidad que lastra el progreso y la economía de España. Y los únicos
culpables de esta situación son los que no se avienen al entendimiento para conformar
el Poder Ejecutivo. Nuestros representantes no consiguen comportarse con ese espíritu
de Estado que permite atender los intereses generales del país antes que los
intereses partidistas. Son ellos, nuestros elegidos, los que nos han hecho desperdiciar
todo este año, que a punto está de finalizar, con gobiernos en funciones desde que
triunfara la moción de censura socialista contra el segundo gobierno conservador
de Mariano Rajoy, en mayo de 2018. Ojalá 2020 nos permita disponer, al fin, de
un gobierno en España que no sea provisional y que se dedique durante cuatro
años a administrar nuestros asuntos con entrega, responsabilidad y acierto. Espero
que no sea mucho pedir.
La desconfianza no es infundada.
Persiste todavía el “problema” catalán y serán diputados de un partido
independentista los que tendrán que favorecer, con su abstención, la
constitución de un Ejecutivo con ambición de agotar la legislatura. Un problema
que sigue enroscado en la demanda de una parte importante de la sociedad
catalana de un supuesto “derecho a decidir” y de una legalidad constitucional
que saltaría por los aires si aceptase la posibilidad de unas actuaciones que
afectan a la unidad del Estado (independencia de una región) y la soberanía
popular (decidiría sólo una parte del pueblo español). La aplicación de las
leyes ha llevado a juicio y ha condenado a los cabecillas de esas formaciones
independentistas que convocaron un referéndum ilegal y declararon una
independencia fugaz en Cataluña, cometiendo delitos de sedición y malversación
de fondos públicos, entre otros. Algunos de esos líderes, cuando permanecían en
prisión provisional y gozaban de sus derechos cívicos, resultaron elegidos
diputados del Parlamento Europeo, pero no pudieron recoger su acta ni tomar
posesión de sus escaños por estar recluidos. Un recurso al Tribunal de justicia
de la Unión Europea les ha reconocido su condición como tales y, por
consiguiente, la inmunidad que, como cargos electos, les libraría de permanecer
en prisión, en contra de la sentencia en firme del Tribunal Supremo. Y la
exigencia de una valoración al respecto por parte de la Abogacía del Estado es lo
que impide, hasta ahora, que los independentistas apoyen la investidura del
candidato y la constitución de un nuevo gobierno. De ahí que sigamos instalados
en la incertidumbre y la inestabilidad.
En cambio, en Andalucía continúa al frente de la Junta el
Gobierno formado por el Partido Popular y Ciudadanos, las dos formaciones conservadoras
que podrían desbloquear la ingobernabilidad de la Nación. Llevan casi un año en
el poder con más errores que aciertos, pero con una enorme habilidad propagandística
para rentabilizar sus acciones. Hacen alarde de medidas sociales y progresistas
mientras, al mismo tiempo, recortan gastos en servicios públicos y limitan
derechos (protección a las víctimas de la violencia machista). Así, publicitan grandes
“planes de choque” contra las listas de espera médica y, paralelamente, cierran
centros de salud en plenas vacaciones (verano y navidad) y dejan de sustituir
las bajas de los profesionales. Las concentraciones y manifestaciones de los
trabajadores sanitarios son continuas. Poco a poco, el Gobierno andaluz va
implementando políticas neoliberales que benefician a los que más tienen y
perjudican a los más necesitados, al deteriorar los servicios públicos
(sanidad, educación, dependencia, etc.) e incentivar la iniciativa privada. La
labor de zapa de lo público es lenta pero imparable. Y tiene su coste: el goteo
de altos cargos dimitidos o cesados este año (más de una treintena) ha sido constante,
bien por diferencias en la gestión, bien por la remuneración del cargo, bien
por incompatibilidades con la actividad privada. El balance es un gobierno en
permanente remoción de su personal de alta dirección.
Precisamente, ese gobierno conservador de Andalucía, al poco
de tomar posesión (enero 2019), tuvo que enfrentarse al mayor problema infeccioso
de los últimos años en España: el contagio con listeriosis de más de un
centenar de personas por consumir carne mechada contaminada y no haber sido detectada
por los controles de Sanidad. A causa de la infección, tres personas
fallecieron y se produjeron varios abortos, además de tener que ingresar en los
hospitales a decenas de víctimas del brote de listeriosis para ser sometidas a
tratamiento antibiótico preventivo. Una empresa sevillana, Magrudis, comercializaba
la carne contaminada a pesar de tener constancia de ello y sin que los
controles sanitarios, tanto del Ayuntamiento como de la Junta de Andalucía (que
se cruzaron reproches mutuamente) lo detectara ni lo previniera. Sea como fuese,
el daño a la salud de las personas, con víctimas mortales, y a la industria
cárnica (con una caída de las ventas del 60 por ciento) fue considerable. Y
nadie ha dimitido ni ha sido cesado por ello.
Y ha sido en Andalucía, también, donde la corrupción política
ha sido duramente castigada por los tribunales. Dos expresidentes de la Junta
de Andalucía (Manuel Chaves y José Antonio Griñán) y otros exaltos cargos de la
etapa de gobiernos socialistas, han sido condenados por la Audiencia de Sevilla
a penas de prisión e inhabilitación, según los casos, por el llamado caso de
los ERE. Se trata de la trama que desvió fondos destinados a ayudar a empresas
en crisis y trabajadores despedidos. Para ello se utilizaron mecanismos irregulares
que carecían de control por parte de la Intervención de la Junta y que
facilitaron la concesión de esas ayudas sociolaborales de manera arbitraria. Según
la sentencia, existe responsabilidad penal en los políticos condenados, aunque
no tuvieran ánimo de lucro personal. Las tramas de corrupción política e
institucional en España han salpicado a todos los partidos que han detentado la
capacidad de gobernar desde que se instauró la democracia. Tanto PSOE como PP,
así como la extinta CiU y PNV, por enumerar algunos partidos implicados, cuentan
en su historial con escándalos de esta naturaleza. Y esta sentencia a líderes
históricos del PSOE andaluz ha venido a poner freno a una lacra que ha
contribuido a desprestigiar la política y a instalar en los ciudadanos la desconfianza
y la indignación.
Pero este año, también, ha traído acontecimientos que nos
han situado a la altura de las democracias con menos hipotecas con su pasado. En
este 2019 se ha corregido la “anormalidad” democrática de tener enterrado a un
dictador en un santuario religioso que se financia con dinero público donde era
exaltado por los incondicionales del fascismo. Tras un laborioso proceso
judicial, promovido por los familiares para entorpecer la iniciativa, el
Gobierno pudo exhumar los restos de Francisco Franco y trasladarlos a un panteón
familiar. Las criticas por una higiénica cuestión de decencia democrática no
faltaron para una acción que contaba con el acuerdo parlamentario y gubernamental
pertinente, sin que hasta entonces llegara a materializarse. Por fin, España
recobra la normalidad democrática de situar en su sitio -como hizo Alemania con
Hitler o Italia con Mussolini- a los personajes que protagonizaron las páginas
más negras de su historia.
Como colofón a este resumen podría citarse la vigésimo
quinta Cumbre del Clima (COP25) celebrada en Madrid, organizada por la ONU, y
que debía celebrarse en Chile, país que la presidió. Se trata de una
Conferencia, en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático, en la que líderes mundiales de los países comprometidos se reúnen
para adoptar medidas tendentes a reducir las emisiones de gases de efecto
invernadero y combatir el calentamiento de la atmósfera. En una cumbre anterior,
la de 2015, se adoptó el Acuerdo de París (del que se salió EE UU), ratificado
por casi 200 países, con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura
media mundial por debajo de 2ºC y hacer más esfuerzos para que no supere los
1,5ºC respecto a las temperaturas preindustriales. Ello sólo es posible reduciendo
el volumen de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Pero el acuerdo adoptado en
Madrid, denominado “Chile-Madrid, Tiempo de Actuar”, no fue ambicioso por las discrepancias
entre países. Los principales emisores de gases (China, India, Estados Unidos,
Rusia) se negaron a aumentar sus restricciones contaminantes, por lo que, de seguir
las emisiones a los ritmos actuales, 2019 marcará nuevos récords en incremento
de temperatura y de concentración de gases de efecto invernadero en la
atmósfera. Como señaló la presidenta de la COP25, Carolina Schmidt, “los
acuerdos alcanzados no son suficientes para afrontar con sentido de urgencia la
crisis del cambio climático” que ya estamos sufriendo. Una desgracia para el
mundo y los que vivimos en él, aunque la organización española del evento fue
todo un éxito.
martes, 24 de diciembre de 2019
Felices Fiestas
Creas
en lo que creas -en Dios, en las hadas o en el Big Bang-, aprovecha
la oportunidad que te brindan estas fechas para pararte a pensar que el mundo te
pertenece porque sólo tú, de entre todas las especies vivas, dispones la
capacidad de obtener de él lo que pueda hacerte feliz, sea un yate, un
amanecer o un beso. Porque sólo con la razón se logra ser feliz. ¡Ojalá
puedas conseguirlo y disfrutar de unas felices fiestas! Es lo que deseamos a todos nuestros seguidores, simpatizantes y lectores en general.
sábado, 21 de diciembre de 2019
Boris Johnson, el Brexit y la desinformación
Boris Johnson ha conseguido una victoria rotunda en las
elecciones generales del Reino Unido del pasado 12 de diciembre y dispondrá de una
holgada mayoría absoluta en el Parlamento británico para acometer
definitivamente la salida del país de la Unión Europea. El partido conservador,
con el locuaz líder que ha revalidado el cargo, ha arrasado, incluso, en
aquellas circunscripciones que tradicionalmente votaban socialista, no gracias
a la charlatanería del político “tory”, sino por el rechazo que provocaba el
líder izquierdista, Jeremy Corbyn, incapaz de mantener un criterio claro sobre el
dichoso Brexit e intentar disimularlo con propuestas extemporáneas que acabaron
infringiendo la mayor derrota al Partido Laborista desde 1935. Es así como el
primer ministro de pelo alborotado sólo precisó de no meter mucho la pata para atraer
en torno a su candidatura a los descontentos de uno y otro lado, tanto de los partidarios
de abandonar ya la UE como de los que confiaban permanecer en ella, en la
esperanza común de dar carpetazo a un embrollo que mantiene dividida a la
sociedad inglesa y que se alimenta de falsas promesas, cuando no de burdas
mentiras.
Tantas son las leyendas, exageraciones y desinformación que,
cual capas de cebolla, han estado engordando la propuesta del Brexit, desde mucho
antes del referéndum de 2016, que, lo que no consiguieron políticos serios de anteriores
gobiernos en agotadoras negociaciones y votaciones, lo ha logrado un populista
simpático, charlatán y embustero con la promesa de abandonar las instituciones
comunitarias el próximo 31 de enero y aumentar significativamente las
inversiones públicas, sobre todo en sanidad y gasto social, para compensar la
“desconexión” económica y la polarización de los ciudadanos.
Ha sido una campaña intensa de demagogia que ha tenido la
ayuda, sin que sea tachada de injerencia, del “siamés” norteamericano, Donald
Trump, con sus reiteradas invitaciones a establecer el mayor tratado de libre
comercio jamás firmado entre ambos países, una vez que el Reino Unido haya
soltado amarras con la UE, naturalmente. Sin disimular su entrometimiento, el aliado
americano proponía que se desentendiera de Europa para que se atara a EE UU y
priorizar, así, unas relaciones bilaterales que sustituyeran el
multilateralismo que predica Europa. Solos y desunidos en vez de compartir el
proyecto común europeo. Y, si no se produce un milagro, el Reino Unido de Boris
Johnson va a seguir el consejo y abandonará la Unión Europea, gracias a la
labor de los euroescépticos y los populistas, cuyas promesas saben ganarse a
los descontentos e insatisfechos en nuestras “líquidas” sociedades modernas.
Pertenecer a un club, como es la Unión Europa, sin disfrutar
de privilegios no les parece ventajoso a los renegados ingleses que se disponen
a dar el portazo. Y para justificarse, aseguran que todos los problemas de Gran
Bretaña son por causa de su adhesión a la UE. O de los otros, los demás, los de
fuera, focalizados en el inmigrante, la globalización, las decisiones de
Bruselas, una diversidad que nos hace temer por la propia identidad, etc. Es el
argumentario de todos los populismos ultranacionalistas, de izquierdas o
derechas, con sus promesas de soluciones simples para los complejos problemas
que afectan a sus naciones, y que, sin tener que demostrar su viabilidad,
consiguen atraerse a los indecisos, a los castigados por todas las crisis
(política, económica, social, religiosa, cultural), a los parados, a los
xenófobos y hasta a los que predican la “esencia” racial y cultural de la que
se erigen valedores.
El premier inglés ha sabido manejar el oportunismo
populista y la manipulación descarada para ganarse el éxito en esas elecciones.
Y no ha dudado en hacer uso de la mentira para conseguir sus propósitos, como
ya venía haciendo desde que era un simple periodista contrario a la Unión
Europea. Va a hacer ahora como primer ministro lo que hacía como periodista, cuando
era corresponsal en la Capital europea: no dejar que los hechos le estropearan
su relato. El cúmulo de invenciones y mentiras de su historial periodístico haría
avergonzar a cualquier estudiante de Comunicación. A él le ha servido para
transitar desde el euroescepticismo a Downing Street, sin cambiar de estilo y
sin despeinarse, si esto último no fuera un sinsentido.
De ahí que, entre sus objetivos, figure también, junto al
Brexit, “tener a raya” a la BBC, el ente público audiovisual inglés de sobrada
reputación por su neutralidad informativa y calidad técnica. Y es por ello, por
esas cualidades profesionales, que Johnson ha ordenado que ninguno de sus
ministros acuda a un programa informativo de Radio 4, una de las emisoras de la
corporación. No perdona que la BBC no expresara un apoyo menos neutral a su
candidatura y al Brexit. Vamos: que no se aviniera a manipular como él solía en
sus tiempos de reportero. Y que fuera públicamente puesto en evidencia cuando un
prestigioso entrevistador de la cadena le reprochó en directo, señalando todas
las preguntas que pensaba formularle, que no hubiera querido participar en el
programa, como hicieron los demás candidatos. Boris no fue porque sin demagogia
y bulos no sabe responder a quien no se deja engañar con artificios verbales.
Pero es lo que han votado los ingleses, atrapados en el
barrizal de las mentiras del Brexit y seducidos por la capacidad manipuladora
de un oportunista populista. Por muchas promesas patriótico-populistas que
haga, ahora tendrá que bregar con la realidad que entraña una nueva relación
del Reino Unido con la UE, un futuro acuerdo comercial, otros tratados de
defensa y seguridad, reelaborar intercambios educativos, financieros y empresariales,
coordinar la protección de datos, etc. Ahora queda lo difícil y que difiere de
aquellas exageraciones sobre la rapiña de Europa, los burócratas de Bruselas, las
cesiones de soberanía, los mercados encorsetados y tantas otras patrañas aireadas
para camuflar motivaciones ideológicas de los que están decididamente en contra
del proyecto común europeo, aunque beneficie a sus países. Con el Brexit, la elección
de Boris Johnson y la desinformación de la que se valen, percibimos con
claridad las intenciones de estos populismos oportunistas y a lo que debemos enfrentamos
en nuestras confiadas democracias. Vemos cómo nos manipulan y mienten.
viernes, 20 de diciembre de 2019
El adiós del otoño
El otoño deja, en su despedida, un rastro de hojas secas que
flotan en los charcos que han provocado los temporales. Viento y lluvia para un
adiós que tiñe de gris el cielo, despeina a los árboles y anega campos y
pueblos con los ríos envalentonados y henchidos de orgullo. Todo un alarde de
vitalidad cuando la temporada toca a su fin y los fríos ya asoman por los picos
altos de las montañas para crear el escenario níveo de las postales navideñas.
Reacio a su partida, la estación se empeña en hacerse notar en los estertores
de su agonía, brindándonos la oportunidad de conocer su furia postrera y el encanto
de una belleza marchita, como el de esas hojas que navegan a la deriva en los
charcos callejeros. Es el adiós del otoño.
(Fotografía del autor. Sevilla, diciembre 2019)
miércoles, 18 de diciembre de 2019
Adiós a Patxi Andión
Una nueva ausencia viene a agrandar el vacío que genera la
pérdida de quienes hicieron posible la memoria sentimental y musical de toda una generación. Una
ausencia insustituible por cuanto Patxi Andión fue, como Víctor Manuel, Serrat,
Aute y algunos otros, mitos que no sólo conmovían por sus canciones, sino que además enseñaban a contemplar y ubicarte en la vida a través de sus letras y sus actitudes
personales.
Hoy, por desgracia, ha fallecido a los 72 años el artista, cantante
y actor, Patxi Andión, a causa de un accidente de tráfico. Nos quedarán sus discos,
en los que la grave y desgarrada voz del cantautor podía hacernos saltar las
lágrimas cuando abordaba temas que calaban en lo más hondo de nuestra
sensibilidad. Su discografía no era tan prolija (sólo 17 discos) para la
longevidad de su carrera musical, en la que había cumplido 50 años el año
pasado, precisamente. Pero contenía abundantes joyas, de enorme calidad
poética, que no siempre alcanzaron el éxito masivo del público. Hoy decimos
adiós a Patxi Andión, mientras mi memoria llora con el recuerdo de algunos de
aquellas melodías y letras que me ponían la piel de gallina. Descanse en paz,
viejo amigo.
lunes, 16 de diciembre de 2019
Opinión publicada
Abunda en estos tiempos la opinión publicada, ya sea mediante
micropárrafos en las redes sociales que acompañan, las más de las veces, a la
reproducción de un texto recibido o su enlace, con la correspondiente algarabía
de símbolos e iconos que ilustran nuestra actitud, o bien mediante un
comentario algo más extenso que hacemos público a través de cartas al director
de un medio de comunicación -stricto sensu- o un blog, que permite una mayor
dedicación de los temas. Vivimos, pues, en la época del exhibicionismo, lo que
incluye la exhibición de nuestras opiniones. Apenas nos recatamos en mostrar
aquella parte de nuestra intimidad que, por vergüenza, siempre habíamos
ocultado a los demás. Hoy día, todo lo que somos, externa e internamente, es
objeto de ser utilizado como reclamo comercial que atraiga el interés o el “me
gusta” de esa otra parte necesaria que se dedica a “curiosear” y participar de
la misma conducta pública. Sin embargo, eso no es periodismo.
Los periodistas u otros profesionales también ofrecen, por
demanda del medio en el que trabajan o por simple voluntad, su opinión o punto
de vista personal sobre algún asunto. En tal caso, lo hacen en forma de una
columna de opinión que se publica de forma más o menos regular y encuadrada,
por lo común, bajo una temática o el prestigio del autor. Esa opinión se hace
pública para ofrecer una “original” interpretación de la realidad, no
exclusivamente actual, desde la subjetividad del firmante, con la intención de servir
de orientación al lector sobre determinados hechos. Y, aunque no se ajusten a
una estructura rígida en cuanto a extensión, contenido, estilo o tono como
otros géneros periodísticos, las columnas de opinión están obligadas, por
honestidad y responsabilidad profesional, a fundamentar sus argumentos en la
verdad y la lógica, a fin de que la credibilidad y confianza del columnista entre
sus seguidores no sea cuestionada, lo que no quita que, por supuesto, pueda
generar discrepancias y hasta la refutación de las razones expuestas.
Periodísticamente, la columna de opinión pertenece (para
diferenciarlo del informativo) al género opinativo, como el editorial, la
crítica, el comentario y otros que se engloban bajo el epígrafe de “artículo”,
que, como define Antonio López Hidalgo, no son más que textos retóricos,
argumentativos y persuasivos, independientemente de sus funciones, técnicas y
estilos, e incluso de la actualidad informativa. Estos géneros, en especial la
columna, contribuyen a dar un valor añadido a las noticias, aportando
aspectos, contextos y análisis más detenidos que escapan de la asepsia
informativa. De hecho, la calidad, cantidad y diversidad de sus columnistas es
lo que diferencia a un medio de otro, puesto que las noticias suelen ser las
mismas, generalmente servidas por agencias.
¿Y qué lleva a una persona, periodista o no, a publicar su
opinión? En la mayoría de los casos, mera vanidad o afán de notoriedad. Es lo
que caracteriza a los tuits, facebook, whatsapps, Instagram y demás soportes de
las redes sociales. En medios profesionales se exige “auctoritas”, experiencia o
especialidad acreditada a la hora de expresar una opinión acerca de algún hecho
o acontecimiento. De lo contrario, sería fácil que el opinador caiga en lo
manido, las frases hechas, la ambigüedad y hasta en la mentira. Un “buen”
columnista es una persona que ofrece una opinión fundada, basada en la
exposición de los hechos y en el desarrollo de las razones y argumentos, sin contradecir
la verdad ni la lógica, que conducen a las conclusiones con las que el autor espera
convencer, haciendo uso de la pulcritud y armonía en el lenguaje para hacerlo
asequible, a todo tipo de lectores.
En España existe sobreabundancia de
opinadores de todo espectro y condición, tantos que Francisco Umbral, ya en
1997, decía que “la noticia ya la da la televisión, al periodismo le queda la
opinión”. Sin embargo, también hay excelentes columnistas que abarcan todas las
ideologías y asuntos tratables. Es cuestión de distinguirlos y seguirlos, no
esperando que siempre, en todas las ocasiones, el columnista acierte con el
comentario ingenioso y elaborado con que pretende convencer. Nunca se comparten
todas las opiniones de nadie, por muy afín que se sea de esa persona. Y menos
aún de una persona, incluso siendo periodista, que se dedica a ofrecer una
opinión publicada regularmente. A veces, muchas veces, es preferible guardar
silencio.
viernes, 13 de diciembre de 2019
Santana y Camilo
Mis gustos musicales son eclécticos, pero firmes y fieles.
Hay músicas que nunca he dejado de escuchar porque me han acompañado toda la
vida. E intérpretes que son figuras icónicas en mis predilecciones. Santana es
una de ellas. Sus punteos alargados, manteniendo la nota casi hasta la
desesperación, me cautivaron en la adolescencia y siguen sorprendiéndome cada
vez que los escucho. De tan sublimes, los han imitado otros artistas, como Gary
Moore. La fusión que emprendió Santana de ritmos latinos, africanos y del blues
para hacer rock ha constituido todo un hito en la música moderna. Tales sonidos
atraparon el entusiasmo de jóvenes de varias generaciones y continúan en el presente
llenando el aire con su frescura, cuando otros artistas han tomado el relevo. Es
por ello que siguen siendo fuente de inspiración para toda clase de músicos y
estilos musicales. Un ejemplo es la canción “Oye cómo va”, aquella inolvidable versión
que hizo Santana de un mambo de Tito Puente, que ha sido reinterpretada por
otros músicos que nada tienen que ver con el rock. Escuchen la versión
jazzística de Michel Camilo, un pianista que ha sabido sintetizar mis dispares gustos
musicales, tan eclécticos que parecían irreconciliables. Sin embargo, maridan muy
bien.
jueves, 12 de diciembre de 2019
Buscando papeles…
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Elías Bendodo |
Tras un año instalado en el Gobierno de Andalucía, el
Partido Popular (PP) ha encontrado tres cajas fuertes que supuestamente estaban
“ocultas” en la sede de la Agencia pública IDEA, dentro de las cuales fueron hallados
documentos en sobres lacados relativos a los ERE que podrían suponer nuevas
pruebas sobre aquel escándalo que afecta a los gobiernos anteriores del PSOE y
por el que han sido condenados dos expresidentes y otros exaltos cargos
socialistas. Al parecer, algunos de esos papeles, entre escrituras, copias y
otros documentos, figuran dos convenios suscritos en 1998 por la Junta de
Andalucía, “sin membrete y sin pasar por la Intervención”, pero firmados por el
entonces consejero de la Presidencia, Gaspar Zarrías, y el vicepresidente de la
empresa Campofrío, cuya filial en Jaén, Campocarne, los utilizaría para crear 300 puestos
de trabajo, en los que consta que el Gobierno andaluz se comprometía a no
reclamar la devolución de unas ayudas que la UE consideró finalmente como
ilegales y competencia desleal.
La noticia, dada a conocer en rueda de prensa por el
consejero andaluz de Presidencia y portavoz del Gobierno, Elías Bendodo, resulta
sorprendente, no por inverosímil, sino por su sospechosa “oportunidad”, que
incluye el teatral tono de gravedad y alarma mostrado por el político
conservador. Se suma a otras denuncias similares que, desde que el PP desalojó
al PSOE del poder, han sido hecha públicas de una manera tan escalonada que parecen
responder más al deseo por mantener la sospecha permanente sobre gobiernos
anteriores que por dilucidar responsabilidades y subsanar errores. Todas ellas tienen
en común el desvelamiento de supuestas irregularidades, despilfarros y falta de
control cometidos durante la extensa época (33 años) de gobiernos socialistas
en Andalucía. Después de la sentencia de los ERE, las listas de espera en
Sanidad y las vacunas no utilizadas, ahora se añaden los papeles ocultos, que
han sido enviados a la Fiscalía.
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"Cajas fuertes" ocultas. |
Y llama la atención, primero, porque el actual Gobierno
andaluz, formado por PP y Ciudadanos (Cs), ha tardado un año en tropezar con unos
archivadores no empotrados (al contrario que las cajas fuertes), tan grandes
como armarios y dotados de cerradura en sus puertas, y leer la documentación
que se guardaba en su interior. Todo un alarde de diligencia escrutadora en un
ente al que el PP tenía, desde sus tiempos de oposición, como objeto de sus
pesquisas sobre la corrupción y el clientelismo de los gobernantes socialistas.
Precisamente, la macrocausa sobre el llamado caso Avales, impulsada por
ellos y que implicaba a directivos de la agencia, fue archivada por la jueza
instructora el mismo día en que el Consejo de Gobierno conservador procedía a “descabezar”
toda la cúpula directiva de IDEA, Agencia de Innovación y Desarrollo de
Andalucía, un instrumento para dinamizar la economía regional mediante ayudas,
préstamos y avales a pequeñas y medianas empresas, y la captación de inversiones
en el extranjero. Tras ese carpetazo del caso y el nombramiento de nuevos directivos,
aparecen de pronto, ahora, desconocidos archivadores y “papeles” que vuelven a
comprometer a pasados gobiernos socialistas.
Es asimismo llamativo, en segundo lugar, que documentos de
hace veinte años, que encubren fondos dispuestos arbitrariamente y sin sujeción
a controles bajo la apariencia de préstamos que benefician a una empresa en
concreto, lo que evidenciaría sendos delitos de prevaricación y malversación, se
dejen sin más en un archivador de un organismo que pasa a ser dirigido por otro
gobierno de distinto color, sin que consten membretes, registros de entrada y
salida y demás burocracia administrativa, salvo la rúbrica de las partes
firmantes. Hay que ser muy torpes para no percatarse de “cajas fuertes” como
roperos, pero más torpe aún para dejar pruebas documentales de arbitrariedades delictivas
en los mismos.
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Contrato con las cláusulas. |
Si no fuera, además, porque el sorprendente hallazgo en la
Junta de Andalucía coincide curiosamente con otro hallazgo en el Gobierno de la
Comunidad de Madrid, del PP y Cs, de cerca de 200 adjudicaciones de contratos,
realizadas entre 2009 y 2013 por diversas consejerías madrileñas en los tiempos
de Esperanza Aguirre, que incluyen una cláusula que nutría la caja B del Partido
Popular (financiación ilegal), similar a la que investiga un juez de la
Audiencia Nacional de otras 50 adjudicaciones de la misma época en una pieza
del caso Púnica, diríamos que sería demasiada casualidad tanta torpeza en abandonar
y encontrar papeles en Andalucía. La “oportunidad” de un hallazgo, aunque se
refiera a hechos diferentes, parece guardar cierta relación con otro hallazgo
que afecta a la formación descubridora.
Y esa es una tercera paradoja: la credibilidad y la probidad
del Partido Popular dejan mucho de desear, con sus mochilas bien cargadas de
corrupción e irregularidades, para que en Andalucía quiera presentarse como
ejemplo de gobierno honrado y transparente, que denuncia y persigue el abuso, el
despilfarro, el fraude y los delitos… siempre y tanto sean cometidos por otros.
Por ello, son tantas las cuestiones que llaman la atención en el “descubrimiento”
de los papeles “olvidados” por los socialistas en Andalucía, y todas ellas apuntan
a ejercicios de distracción, que nos sorprendería mucho que del mismo deriven repercusiones penales. La propagandística y mediática se da por descontada,
lo que, tal vez, fuera su verdadero objetivo. No sería extraño, pues, que los “papeles”
quedasen en simple papel mojado.
domingo, 8 de diciembre de 2019
Entre la Constitución y la Inmaculada
Estamos en pleno “puente” festivo por el que disfrutamos en
España de unos días consecutivos de asueto laboral -los que puedan
permitírselo- gracias a dos fiestas muy próximas en el calendario: el 6 de
diciembre, día de la Constitución, y el 8 diciembre que, al ser domingo, pasa a
celebrarse el lunes 9, día de la Inmaculada Concepción. Dos festivos que
denotan el carácter contradictorio del ser humano: racional y supersticioso, simultáneamente.
El de ser, además, aprovechado lo adquiere por experiencia, que le dicta no
desperdiciar ninguna oportunidad de ampliar los descansos y hacer “puente”, es
decir, considerar como día festivo una jornada laboral que se intercala entre
dos fechas festivas. Un “privilegio” que no todos los trabajadores pueden
disfrutar.
Pero, a lo que íbamos: fiestas laicas y religiosas. La
educación cívica nos mueve a celebrar el acuerdo por el que regulamos nuestra
convivencia de manera pacífica en virtud de unas leyes o normas recogidas en un
texto constitucional. Un 6 de diciembre de 1978, los españoles ratificaron en
referéndum una Constitución que daba fin a la Transición y nos embarcaba a vivir
en democracia, como los demás países de nuestro entorno, dejando en nuestras
manos la posibilidad de elegir a nuestros gobernantes a partir de entonces. Desde
aquella promulgación de la Carta Magna, ni el caudillismo ni los dictadores serían
tolerados en nuestro país. La política debía atenerse al sistema democrático,
gracias al cual cada cuatro años los ciudadanos con derecho al voto elegirían a
sus representantes para que, de entre ellos, se nombrara un presidente de
Gobierno. Y así seguimos haciéndolo desde hace 41 años. Por eso, la
Constitución Española, después de un período de más de 40 años de vergonzante dictadura
militar, supuso la bonanza cívica en España y el final de la última dictadura existente
en Europa. Sobran, por tanto, los motivos para conmemorar la ratificación de la
Constitución vía referéndum como hecho histórico que nos ha proporcionado un
dilatado período de paz y prosperidad. También como fecha simbólica para hacer
pedagogía sobre los principios que se consagran en el texto constitucional, cuales
son la igualdad, la libertad y la democracia, y que configuran un Estado de
Derecho, Social y Democrático. Es, sin duda, una conducta racional y colectiva en
defensa de unos valores cívicos y pacíficos de convivencia.
Por otro lado, celebrar como fiesta de precepto, el día 8 de
diciembre, un dogma católico como el de la Inmaculada Concepción de María, supone
otorgar a un credo religioso la misma importancia social de la Constitución. Sin
embargo, el calendario está salpicado de más fiestas de carácter religioso que
laicas. El de la Inmaculada festeja desde el siglo XVII, para los creyentes, que
un dios único se engendró sin fecundación en el vientre de una mujer para nacer
de ella y transformarse en un ser humano que compartía la misma esencia divina de
la deidad. Conmemora el culto a una mujer como un ser de pureza original, virgen,
limpio y bendito, madre de Dios. Para explicarlo burdamente, es como si, en vez
del vino, se idolatrase al tonel donde el zumo de uva se convierte en una bebida
alcohólica. Se trata, en definitiva, de preservar con esta festividad uno de los
hitos más irracionales de la intuición supersticiosa del ser humano a la hora
de hallar una explicación al origen del universo y, por ende, del hombre. Dios,
la única explicación, no deja de ser un constructo humano que requiere de la “humanización”
de su intervención en la Tierra para ser aprehendido por nuestra mentalidad. Pero
el fenómeno religioso no puede obviarse en la cultura y las tradiciones que
caracterizan a nuestra sociedad cristiana occidental. Ni el arraigo que tiene
en la mayoría de la población, declarada confesionalmente católica. De ahí que,
como el de la Constitución, también deba celebrarse el Día de la Inmaculada
Concepción, de tradicional culto para la iglesia católica y sus feligreses.
Muchos cuestionan la festividad laica, algunos la religiosa.
Para unos es algo inherente de la racionalidad del ser humano, para otros es muestra
de la irracionalidad que todavía nos conduce por senderos de superstición. En
su conjunto, no son más que manifestaciones de la diversidad social, la
libertad de expresión y opinión y de la tolerancia que debe mantenerse en una
sociedad plural y democrática. Aunque una nos afecte a todos -la Constitución-
y otra sólo a los creyentes -la festividad religiosa-, lo importante es que ambas
configuren los símbolos de una participación colectiva en paz y libertad. Días
festivos que, aparte de ofrecernos una excusa para el ocio, sirven para cohesionar
nuestra sociedad en función de sus tradiciones, cultura y logros cívicos de
convivencia. Lo que no es poco.
viernes, 6 de diciembre de 2019
Días de diciembre
Sin ser particularmente religioso, diciembre me inunda de dulce
melancolía y gratos recuerdos familiares. Una cierta espiritualidad
me embarga hasta hacerme sensible a la luz de estos días azulados y a la frialdad
de las noches que, como cuchillos, los dividen en agradables jornadas
luminosas. Mi infancia se confunde con la de mis hijos y comparte sensaciones
de arrumacos bajo las mantas y de juegos en el hogar, abrigados de la intemperie
y custodiados por el cariño de los padres. Son días de diciembre que, más allá
de la Navidad, refulgen en los ojos inquietos y expectantes de quien vive estas
fechas como una oportunidad de paz y felicidad, acompañado con las melodías de
George Winston. Como cada diciembre.
miércoles, 4 de diciembre de 2019
Otra economía es inevitable
Cuando las desigualdades sociales y la inequidad en la
distribución de la riqueza surgen como consecuencia de la actividad económica,
es que el modelo se ha agotado y es imprescindible modificarlo. Ya no se trata
de valorar que otra economía sea posible, como proclaman los soñadores, sino
que hay que acometerla de manera inexorable, como reclaman los realistas, antes
que el colapso de la economía condene a todos a la miseria. En un mundo
globalizado, en el que rige el sistema capitalista de forma hegemónica pero que
aboca a graves problemas de concentración de la riqueza y peligrosas brechas o
fracturas en la sociedad, se hace obligatorio reorientar el desarrollo
económico y regular con mayor equidad la actividad productiva, de tal manera
que el fruto de la economía, sin renunciar al capitalismo, reporte beneficios
no sólo económicos o financieros, sino también sociales y ambientales. Es
decir, que haga posible una mejor y más eficiente distribución de la riqueza
que sirva para amortiguar o disminuir las desigualdades que afloran entre países
o en el seno de cada sociedad. Es por ello que es inevitable otra economía. Es
perentoria.
Y, también, es factible, en tanto en cuanto la economía no
es una ciencia exacta, sino una ciencia social que ha de adaptarse a las
circunstancias de cada época y a las necesidades de la población, a la que
procura ofrecer un modelo válido para la producción, distribución, comercio y
consumo de bienes y servicios. Si un modelo de economía falla, hay que cambiarlo,
como se pide en la actualidad. De hecho, existen sesudos estudios que abordan la
emergencia de las desigualdades a causa de procesos de acumulación del
patrimonio y una distribución de los ingresos y la riqueza profundamente desequilibrados,
por no decir injustos para el interés general. No seré yo, profano en la
materia, pero preocupado por lo que me afecta, quien determine la veracidad o
lo errado de unos análisis que, como los de Thomas Piketty*, economista e
investigador de la École d´Economie de París, vienen a incidir en esta
denuncia.
Y es que es evidente para cualquiera que las brechas
sociales se multiplican y ahondan, favorecidas por un modelo económico que, en
vez de repartir bienestar, genera desigualdad y conflictos sociales. La España despoblada
-vaciada, se dice ahora- y los falsos autónomos son síntomas indiscutibles de esas
desigualdades que provoca una economía que tiende, no sólo a la concentración
de la riqueza, sino a la concentración urbana y a la explotación laboral. Dejado
a su arbitrio, un sistema económico que se basa en la propiedad privada de los
medios de producción y en el mercado como mecanismo de asignación de recursos, por
definición no dejará de perseguir la obtención del máximo beneficio o
rentabilidad al menor coste, estableciendo el lucro como única divisa. Sin
embargo, el interés general y la democracia deben controlar y regular su
funcionamiento para que las contradicciones lógicas del sistema capitalista no socaven
su propia viabilidad para la creación de riqueza, procurando nuevas normas de
gobernanza de la economía que permitan una distribución de la riqueza con mayor
equidad.
Los detentadores del capital y las empresas, como
propietarios de los medios de producción, además de atender a los
requerimientos del lucro, deberán responder a obligaciones sociales y
ambientales, de manera que el crecimiento sea equilibrado y sostenible. Toda
inversión, en esa otra economía inevitable, ha de buscar, no sólo el beneficio
financiero, sino también social y ambiental. Entre otros motivos, porque con el
aumento de las desigualdades, la extensión de la pobreza, la deforestación y la
contaminación del medio ambiente y la persistencia de las brechas sociales, el actual
sistema económico se vuelve ineficaz e insostenible para el futuro inmediato de
cualquier sociedad y del mundo.
Como dice Piketty, “el asunto de la distribución de la
riqueza es demasiado importante como para dejarlo sólo en manos de los
economistas”. Y la verdad es que a todos nos atañe… aunque sea en el bolsillo. Ya que, por nuestro desinterés e ignorancia, pasan estas cosas que nos venden por economía financiera: un vídeo colgado por Ramón Lobo en InfoLibre. Más que risa, causa indignación.
*El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014.
*El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014.
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