jueves, 2 de octubre de 2014

Política de camarote

Propio del mejor marxismo –el de los hermanos, no del filósofo-, la política de los últimos días ha mostrado la más estrafalaria y absurda de sus facetas, aquella con la que pervierte la alta estima y el noble propósito que caracterizan su idoneidad como instrumento de servicio público, necesario para detectar y responder a las necesidades básicas de los seres humanos cuando conviven en sociedad, afrontar entre todos los retos colectivos y paliar las desigualdades que padecen sus miembros.

Porque sólo en un camarote como el de los hermanos Marx podía producirse la inverosímil bronca que el líder histórico de Cataluña, el poco honorable Jordi Pujol –delincuente confeso- dirigió a los diputados del Parlament de aquella Comunidad durante una comparecencia en la que debía aclarar el origen de su fortuna y las razones por las que se ha decantado por cometer fraude fiscal, de manera prolongada durante 30 años, en vez de hacerla figurar en su declaración de renta y patrimonio. Incapaz de encontrar justificaciones a su conducta, el expresidente catalán se limitó a advertir con enojo de las consecuencias que para todo el árbol (de la política catalana) podía representar la poda de una rama (la corrupta encarnada por él), ante un auditorio que asistía atónito a semejante manifestación de iracunda soberbia. Y todo ello para intentar encubrir a unos hijos que se “beneficiaron” (regular e irregularmente: la Justicia determinará) de las actividades y las relaciones del “constructor” de una patria hecha a medida, a su exacta medida, y por la que figuran imputados en sendas tramas delictivas. Esa “patria” de la que se vanagloriaba el honorable evasor de divisas es la que ahora, de manera simultánea en el tiempo, reniega ser parte integrante de un país mucho más vasto en historia, cultura y riqueza social de lo que aduce aquella región para privilegiar signos identitarios excluyentes. Si no fuera porque es un problema de enorme trascendencia, sería para ofrecerles dos huevos duros.

Pero es que, en otro rincón del disparatado camarote, un espigado Mariano Rajoy, a la sazón presidente del Gobierno de España, con semblante perdido ante tantos chinos tan iguales, confundía ante las autoridades chinas al rey que abdicó por sus líos de faldas y corruptelas familiares, Juan Carlos I, (PRIMERO, debieran haberle escrito) con un tal Juan Carlos SEGUNDO, no se sabe si de España o de Alemania, desde donde realmente nos gobiernan. A lo mejor estaría pensando en algún Papa, por el follón que le había organizado, justo antes de su partida, el exministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, con lo del aborto. Los chinos ni se enteraron, pues para ellos primero y segundo les suena a chino, pero el séquito español palideció de bochorno con el desliz de quien debía estar al tanto de los nombres de nuestros Jefes de Estado en la historia reciente, ya que sólo fueron tres en los últimos ochenta años: Franco, Juan Carlos (PRIMERO) y Felipe (SEXTO). Aún así, Rajoy la lía hasta leyendo un discurso, por lo que prefiere el plasma: puede repetir tomas hasta que salgan impolutas.

El rey verdadero, el que heredó la corona deprisa y corriendo de su padre cual monarquía feudal, andaba por esas fechas estrenándose en la ONU en su nueva misión de estadista internacional, con estilo moderno y aspecto barbudo, como gusta a los jóvenes y no tan jóvenes de hoy, incluido Rajoy, y como la que también portaba, cuando desafió a Occidente desde esa misma tribuna, el líder indiscutido de la revolución cubana: Fidel Castro, reliquia viva del comunismo hispano, mi amol. Por supuesto que no hay comparación: una era espesa y desaliñada y la otra recortada y cuidada; uno empobrece a su pueblo en nombre del pueblo, y otro participa del empobrecimiento del suyo en nombre del mercado. Pero los pobres de ambos son iguales: gente llana y humilde que no sabe de barbas ni de herencias dinásticas, sino de cómo asegurar el futuro de sus hijos, lo que ninguno de los barbudos les garantiza.

Para completar la comedia de despropósitos, otro figurante de la compañía marxista, Cristóbal Montoro, el de la voz de trompetilla, un día anuncia que devolverá parte de la paga extra sisada a los funcionarios en 2012 y, al siguiente, que mantendrá congelados sus sueldos por quinto año consecutivo. Tras la gracieta, hace sonar la trompeta y desaparece raudo de escena, escabulléndose tras la vicepresidenta, que sigue repartiendo huevos duros al personal del cada vez más abarrotado camarote.

Es entonces cuando los magistrados del Tribunal Constitucional, con sus pelucas y sus puñetas, dictaminan en media hora que los catalanes no pueden votar, faltaría más, en la primera ocasión en que no se tiran años discutiendo quién de ellos se encargará de redactar la ponencia para empezar a leerla antes de elaborar un borrador con el que estudiar el asunto sin prisas pero sin pausas, con sosiego pero exhaustivamente, como corresponde a los dioses intérpretes de la Constitución. Rajoy, agradecido, les ofrece otros dos huevos duros porque sin respeto a la ley no hay democracia posible en ese camarote estrambótico de la política, mientras confía en que otro cura se contagie del ébola en África, donde se extiende como la peste, no para enviar medicinas y combatir la pandemia, sino para hacer de samaritano y acoger a los moribundos en hospitales madrileños en los que se ha recortado hasta en tiritas. Cree que así potencia la marca España ante el mundo, aunque, según Cáritas, la pobreza en nuestro país se está  “cronificando”, además de crecer, y al que recomiendan que deje de abaratar los salarios porque así no hay manera de estimular el consumo que hace funcionar la actividad económica. Claro que estos son asuntos menores comparados con la boda de George Clooney en Venecia, difundida urbi et orbe por los medios que tanto se afanan por cultivarnos. Quizás fuera por ello que María Dolores de Cospedal estaba que trina, propinando empujones por el camarote a todo el mundo, porque no la habían invitado y a Bono sí. Confundía al líder del grupo  inglés con el adversario que era del PSOE, la pobre. 

Así que, si esto no es de película de los hermanos Marx, que venga nuestro Torrente a investigarlo.   

martes, 30 de septiembre de 2014

El quinquenio de Lienzo

Coronar el quinto aniversario de un blog no deja de ser un hecho de cierto relieve, minúsculo si queréis. Es relevante por su pertinaz permanencia, su obsesiva continuidad, a pesar de las dificultades, propias y ajenas, y de la escasa repercusión de la iniciativa para lo acostumbrado en el ciberespacio, en el que cualquier mensaje de 14 caracteres puede suscitar decenas de miles de reacciones y réplicas. Pero cinco años consecutivos de Lienzo de Babel causan satisfacción y, a qué negarlo, una mijita de orgullo. Hoy celebramos el primer quinquenio de este blog, algo así como la plena madurez en la vida de una bitácora en Internet, donde continuamente surgen y se consumen empresas parecidas, la mayoría de ellas con un fulgor esplendoroso, pero momentáneo.

Se ha alcanzado en cinco años una relativa estabilidad en la elaboración del blog, con la publicación de alrededor 200 entradas al año, y en sus contenidos, que abarcan desde la política nacional e internacional, los microrrelatos literarios y las reseñas variopintas (libros, discos, películas, etc.), además de algunas divagaciones extemporáneas sobre lo divino y lo humano. Lienzo de Babel se consolida, por tanto, al cabo de estos años, como un mosaico de sugerencias o reacciones provocadas por un mundo complejo visto con los ojos de la incredulidad y el alma en continuo desasosiego, ya que no le gusta lo que contempla y no entiende lo que pasa.

Se consolida también el número de seguidores, apenas una docena, y el de lectores, esos babilonios anónimos que rastrean sus páginas, en torno a 8.000 al año durante la última época. Estos datos denotan la madurez de una iniciativa que no renuncia a su original pretensión: ser ventana al espacio virtual desde la que ofrecer las opiniones de un testigo de su tiempo y un náufrago balanceado a la deriva por las impetuosas olas de los acontecimientos, aunque su voz quede ensordecida por el estrépito de lo que lo zarandea.

Todo ello unido a los inevitables imponderables de la torpeza. El dominio del blog fue sustraído, en legítima subasta, ante la impericia de quien no supo ni pudo renovarlo a tiempo por avatares concatenados. Por tal motivo, esta página estuvo perdida durante algunas semanas, para desesperación de su autor, quien temía verse ahogado definitivamente. Gracias a la destreza de dos amigos desprendidos (es de agradecidos mostrar público reconocimiento: Pablo Poó y Juan Pablo Bellido) que supieron rescatarlo, Lienzo de Babel ha podido resucitar desde el puntocom personalizado en el que se alojaba hasta el inaugural blogspot al que ahora vuelve, no sin daños en su difusión que se intentan restañar. Todo un reto para seguir en la brecha.

Y justo eso es lo que prometemos: continuar la tarea de compartir impresiones, intercambiar puntos de vista, mejor si son diversos, y participar en el esfuerzo humano por encontrar alguna razón a lo que nos une y separa en este hogar redondo, azul y violento llamado Tierra y que tanto desasosiego y extrañeza nos genera. Lienzo de Babel mantendrá abierto el canal de la comunicación en tanto en cuanto el diálogo sea posible, es decir, mientras los babilonios invisibles lo posibiliten con su grata presencia y los seguidores lo subrayen con su apoyo expreso. A todos ellos, pues, muchas gracias por estos cinco años inolvidables y estimulantes.

Traiciones `populares´

Ahora que los votantes más conservadores del Partido Popular, los `ultras´ de derechas, los fanáticos de una Iglesia acostumbrada a imponer sus valores y moral al conjunto de la sociedad con menosprecio a la diversidad de creencias, los “neoliberales” que aplican políticas económicas que empobrecen a los más pobres y privilegian a los más ricos, ahora que todos esos seguidores acérrimos del Gobierno de Mariano Rajoy se permiten acusar a sus representantes ideológicos de traidores por dar marcha atrás a la regresiva reforma de la Ley del Aborto, promovida por el dimitido ministro Alberto Ruiz-Gallardón, ahora –repito- se podrían rescatar de la memoria y las hemerotecas todas las demás “traiciones” cometidas por un partido que no ha tenido escrúpulos, no sólo en “traicionar a los suyos esta vez, sino en cuantas ocasiones y asuntos le han servido para alcanzar sus objetivos, conquistar el poder y gobernar en función de sus intereses partidistas. Es hora, por tanto, de hacer relación de las traiciones `populares´, justamente ahora que sus acólitos descubren cómo son traicionados por el Gobierno en cuanto los cálculos electoralistas, no las convicciones ideológicas o morales, lo aconsejan necesario con tal de conservar la poltrona.

Y es que, de la misma manera que han manipulado el tema del aborto, presentándolo como un alegato en defensa de la vida del “nasciturus” para atraerse al sector más reaccionario y confesional de la sociedad y ganar así por mayoría absoluta las últimas elecciones, también utilizaron el grave problema del terrorismo y a las víctimas de la violenta de ETA para granjearse la adhesión de una derecha cerrada a cualquier racionalidad en la lucha antiterrorista. Entonces eran tiempos de férrea oposición a un Gobierno socialista, al que se le negaba todo apoyo y colaboración en su enfrentamiento con el terror desde la ley y el diálogo, a pesar de haber mantenido, ellos también bajo la égida del idolatrado jefe José María Aznar, negociaciones con la banda terrorista años antes. Décadas de repartir tiros en la nuca y poner bombas-lapa bajo los coches de políticos, policías y militares no impidieron a ese líder carismático de la hipocresía conservadora de calificar a la banda asesina como “movimiento vasco de liberación” en cuanto le convino para sus planes megalómanos de gran “estadista”, lo que hubiera podido perpetuarlo, a él o a su formación, en el poder al haber derrotado a ETA.

Obviando ese bochornoso episodio de la historia, el Partido Popular negaría todo consenso a los socialistas y echaría en cara al presidente José Luis Rodríguez Zapatero el haberse “vendido” a los terroristas cuando exploró vías para una paz basada en el diálogo, aún siendo el único mandatario que emprendía negociaciones con representantes de ETA tras la autorización previa del Congreso de los Diputados. Estos hechos no podían estropear la dura estrategia de los `populares´, empeñados en presentar al Gobierno como “blando” frente al terror, aunque en esa etapa se apresara el mayor número de comandos y terroristas y se “descabezara” en varias ocasiones a la cúpula directiva de la banda, gracias a la colaboración policial de Francia. El PP no se privaría de cuestionar al Gobierno y de incitar el rechazo y el enfrentamiento de las asociaciones de víctimas del terrorismo a un Ejecutivo que había sido también el único que había creado una oficina gubernamental para interceder en defensa y protección de las víctimas del terror.

Semejante actitud dogmática e hipócrita de los conservadores sería puesta en evidencia cuando, años después y por imperativo judicial del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, esa derecha monolítica e inmovilista tuvo que poner en la calle a decenas de presos etarras a quienes se les había aplicado la Doctrina Parot con carácter retroactivo, que ampliaba sus condenas. Esta vez había que respetar una ley que emanaba de Europa después de haber negado la legalidad que amparaba iniciativas menos “traumáticas” de los socialistas.  Y, de idéntica manera que ahora con el aborto, el Gobierno conservador del Partido Popular, tan intransigente en la oposición, “traicionaba” entonces a las corrientes más sectarias de su electorado, tras haberse manifestado y gritado en la calle el cumplimiento íntegro de condenas y afear cualquier medida humanitaria a condenados en estado terminal, al verse obligado a liberar etarras que cumplían penas de cárcel y que salían exteriorizando gestos de victoria. Ese mismo Gobierno que “traiciona” a los ultracatólicos y a la jerarquía eclesial española con el aborto, también  “traicionaba” a los ultradefensores de la venganza y la ley del Talión.  Por lo visto, las “traiciones” no son nada nuevo en el Partido Popular.

Ni siquiera las dificultades que se ceban en los hogares españoles, empobreciéndolos y privándolos de ayudas cuando más falta hacen, están exentas de ser utilizadas con fines torticeros por estos “profesionales de la traición”. Tampoco tendría empacho el Partido Popular, al inicio de la crisis económica, de endosar toda la responsabilidad al Gobierno socialista y de haber agravado, con sus medidas políticas sociales y de prioridad del sector público, las consecuencias del aumento del paro y del crecimiento de la deuda que se derivaban de ella. No importaba que las primeras recomendaciones del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo fueran contracíclicas frente a un problema financiero, generado por la avaricia especulativa, del que se ignoraba su magnitud. Los `populares´ pregonaban desde la oposición que el simple cambio en la presidencia del Gobierno traería consigo la confianza de los mercados y la recuperación de la actividad económica. Mientras empeoraban los problemas, más se alegraba el PP, hasta el extremo de que el futuro ministro de Hacienda de Rajoy, Cristóbal Montoro, se jactaba en asegurar eufórico que “cuánto peor, mejor” para sus planes.
 
Ahora los “traicionados” son las clases medias y trabajadoras, saqueadas hasta la extrema pobreza, vilipendiadas, arrebatados sus ahorros, expulsados de sus trabajos o reducidos sus salarios, eliminados de derechos y prestaciones, abandonados a su suerte, vapuleados por empresarios y bancos, tachados de culpables de una crisis de la que son víctimas, anestesiados por la propaganda y la manipulación más groseras del Gobierno, adoctrinados por la televisión y los púlpitos, reducidos a clientes en vez de usuarios de servicios públicos, frustrados por las carencias que les imponen, sean educativas, sanitarias, de dependencia, de jubilación o de becas, y atemorizados por el negro futuro que les auguran todos los profesionales de la traición. Ahora es casi toda la población la que se siente “traicionada” por un Partido Popular que ya no puede engañar a nadie más, porque esta “traición” a la mayoría sólo ha respetado a los banqueros y los acaudalados de la sociedad, únicos sectores que se han beneficiado de “rescates” y ayudas fiscales para “blanquear” sus capitales evadidos al extranjero. A cambio de estas “reformas estructurales”, ocultadas oportunamente en los programas electorales de quien gobierna, los trabajadores y los más desfavorecidos de la sociedad han tenido que cargar con el traspaso de recursos desde la Fuerza del Trabajo hacia la del Capital, para que las empresas consigan mayores beneficios que no se reinvierten, sino que van a parar a los bolsillos de sus propietarios, una élite que mantiene puertas giratorias con la política para continuar “traicionando” a quienes votan al Partido Popular.

sábado, 27 de septiembre de 2014

¡Perdonen que me levante!


Me despierto. Temprano. No tengo que trabajar pero mantengo la costumbre, a pesar de ser día de descanso. ¡Qué curioso! Descansar: una falacia. Se descansa trabajando, no haciendo nada. Es curioso que el ocio se defina como hacer nada. Un oxímoron. Como no trabajar y madrugar: un contrasentido. Sin embargo, la vida está repleta de contrasentidos, de costumbres y obligaciones que nos definen y atrapan. Vivir para trabajar, trabajar para vivir. Cuántas palabras para expresar majaderías, absurdos que sólo denotan que estamos hechos de lugares comunes, de ataduras, de rutinas, de contradicciones. Son ellas, mis contradicciones, las que me despiertan cuando no tengo que madrugar y me hacen remolonear en la cama cuando he de saltar de ella por obligación. Así somos, así soy. Una tripa llena de oxímoron o de oximorones, si pudiera escribirse en plural, que no lo he consultado. Para qué. Nos entendemos. Entiendo cómo soy y entiendo lo que digo. No sé si quien lee entenderá algo. Demasiado lío tan temprano. Demasiado pensar con el cerebro recién enchufado a la vigilia, sin siquiera un café para lubricar las conexiones nerviosas por las que discurren ideas, ocurrencias, pensamientos. Un lío mental. Despierto. Temprano. Vivo. ¿Se necesita algo más? Consciencia: manera culta de conciente. Consciente de mis contradicciones y explorarlas con divagaciones inútiles. Una manera de ser. Tan genuina como la de cristianizar nativos del fin del mundo para que consuman nuestros productos antes de que se vayan al cielo. Al nuestro, al de la cruz, no al de sus dioses paganos. Si ésta os parece lógica, aquella también. Aunque sea temprano. Y estemos despiertos. Contradicciones que hacen normal muchas aberraciones, y anormales nuestra humilde normalidad. Como pagar para ser austeros o convertirnos en pobres para que los ricos sean más ricos. Oxímoron de la vida colectiva y absurdos de la lucha particular. Consciencia de la opresión. Aunque sea temprano. Esté despierto. Y resulte contradictorio. ¡Un asco!