martes, 19 de febrero de 2019

Oumuamua y vida extraterrestre



Desde que, en 2017, se detectara el asteroide Oumuamua, con forma de pepino de 800 metros de largo y 80 de ancho, atravesando el Sistema Solar a gran velocidad y siguiendo una trayectoria poco habitual, no deja de especularse con la posibilidad de vida extraterrestre y de que, en realidad, lo que nos visita sea una nave alienígena que se adentra en nuestro espacio estelar. No cabe duda que se trata de una exageración, más fruto de la imaginación que del rigor científico, aunque hayan sido dos astrónomos de Harvard, entre ellos Avi Loeb, los que han alimentado tales elucubraciones al plantear en un artículo que el extraño comportamiento del asteroide podría deberse a que fuera una nave o sonda enviada por una civilización extraterrestre.

Esas y otras conjeturas obedecen, en realidad, a la dificultad de hallar una explicación coherente tanto por lo que respecta a la enorme velocidad con que se traslada el asteroide -demasiado rápido para ser simplemente atraído por el Sol- como por la órbita que describe, hiperbólica en vez de elíptica o circular, como los demás cometas y cuerpos celestes, que se mueven influenciados por la gravedad. Y ante el desconocimiento para hallar respuestas racionales, nos entregamos a la fantasía para satisfacer nuestra ignorancia.

Sólo así se puede especular que ese pedazo de roca, el primer asteroide interestelar conocido, es decir, el primer objeto procedente de otro sistema solar que se adentra en el nuestro, podría estar propulsado “inteligentemente”, sin verse alterado por la atracción gravitacional. Y que su órbita sea tan poco usual y cambie de trayectoria conforme se acerca al sol. Demasiadas incógnitas que llevan a las mentes más calenturientas a pensar en hipótesis alienígenas que cubren las lagunas de la ciencia, máxime si existen precedentes en la ficción de naves que proceden del espacio profundo y transitan por nuestro sistema solar, ignorándonos o sin detectarnos como planeta que alberga vida, para seguir su camino cual si tal cosa, como novela Arthiur C. Clarke en su obra Cita con Rama.

Tanta especulación y sorpresa denotan, por lo demás, cierta soberbia en la sabiduría humana que se extraña ante hechos que ignora -como la forma, composición, órbita, velocidad y procedencia de los asteroides interestelares- y que no encajan en los parámetros físicos y racionales establecidos. Es así cómo Oumuamua pone en cuestión la idea preconcebida sobre la formación y características de unos objetos cósmicos que creíamos conocer, y las fuerzas y vicisitudes que los empujan a viajar durante millones de años a través del espacio. La vida inteligente extraterrestre y Dios son, desde nuestra ignorancia, explicaciones que ayudan a soportar nuestra incapacidad de conocer y comprender la realidad de un Universo que supera nuestras entendederas intelectuales. Rellenan el vacío de lo mucho que nos falta por conocer.

No es que creamos, no obstante, que el hombre es la única criatura viva e inteligente que habita el Universo. Dado el número casi infinito de estrellas, las probabilidades que un porcentaje de ellas albergue un planeta con condiciones para la vida semejante al nuestro son innegables y estimables. De hecho, ya se han hallado moléculas orgánicas en cometas, y en planetas y lunas de nuestro Sistema Solar. Pero, como reconoce el director científico de la Agencia Espacial Europea, Günther Hasinger, en una reciente entrevista, no es que no exista vida en otros mundos, sino que es difícil descubrirla. Y que, por supuesto, si existe vida inteligente ahí fuera, está tan lejos que no hay posibilidad de comunicarse con ella. Ni ella con nosotros, cabría añadir.

Esta imposibilidad e incapacidad de abarcar con nuestro conocimiento y tecnología la totalidad del Universo es lo que nos hace creer que cualquier nuevo hallazgo puede representar la respuesta a las sospechas de que otra civilización, muchísimo más avanzada que la nuestra, podría conseguir lo que nosotros aún no podemos: viajar por los confines del espacio y descubrir vida inteligente. Y Oumuamua, con su novedosa y extraña presencia, nos invita a soñar con unos viajes que, a escala humana, nos están vedados. La próxima vez será.      

sábado, 16 de febrero de 2019

Se respira Carnaval


Ya huele a Carnaval, se habla del Carnaval y se prepara la gente para celebrar y disfrutar del Carnaval. Una fiesta popular para la desinhibición y los disfraces que precede la llegada de la Cuaresma, ese período religioso que prohíbe e inhibe los “excesos” de la carne, también en la alimentación. Frente a las limitaciones que vendrán, el Carnaval supone aprovechar con humor la libertad transitoria del presente.

Se trata, pues, de un desahogo que se le permite al pueblo por parte de los poderes terrenales a que estaba -y está- subordinado: el rey y la Iglesia o, lo que es lo mismo, la ley y la moral. Históricamente, la palabra carnaval proviene del hecho de “comer carne por última vez” antes del ayuno que impone la Cuaresma. La Iglesia tolera el carnaval como válvula de escape que libera la presión de prohibir “la carne” en el período cuaresmal y, lujuriosamente, durante todo el año. Y el Poder consiente ese resquicio de “libertad” que el pueblo aprovecha para burlarse, calmando su malestar, de quienes lo oprimen y explotan el resto del tiempo.

En España, la Guerra Civil prohibió, en 1936, la mayoría de las festividades, incluidas los carnavales. Cádiz consiguió recuperarlos, con limitaciones y sin disfraces, tras la explosión de un depósito de minas que, en 1947, dejó la ciudad cubierta de cadáveres y sumida en la tristeza y el luto.  El Gobernador Civil de la época consiguió que se recuperara, sin nombrarlo, como “fiestas populares de Cádiz” para que devolviera el buen humor, el ánimo y la alegría a los gaditanos. Posteriormente, con la restauración de la democracia en nuestro país, otras localidades españolas volvieron a celebrar sus tradicionales carnavales de febrero.

Y desde entonces, llegada esta fecha, el aire se llena del aroma de Carnaval, de los cánticos carnavaleros y de las ganas de fiesta y diversión que, por una vez al año, nos impulsa a las calles para reírnos de todo lo existente en cielo y tierra, también de nosotros mismos. Ya se respira Carnaval.

jueves, 14 de febrero de 2019

Mujer y Ciencia


Hace poco se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, extraña etiqueta para demandar una mayor visibilidad de las científicas e investigadoras en un ámbito, el de la Ciencia, dominado por hombres. Como todo Día de los que abundan en el calendario de las conmemoraciones, la instauración de éste por la ONU en 2015 sirve para denunciar una carencia injustificada que se perpetúa por los estereotipos y prejuicios sexistas que también en la esfera de los conocimientos más elevados, no sólo en la cotidianeidad vulgar de la calle, se mantienen. Menos del 28 por ciento de los investigadores científicos del mundo son mujeres. Y no es porque ellas sean menos listas e inteligentes, sino porque la mujer sigue hallando barreras que le obstaculizan el paso a las pizarras donde se dibujan las fórmulas que nos describen la física, las matemáticas o la química del Universo, a los laboratorios en los que se experimentan o descubren los fenómenos y los elementos de la Naturaleza o a los instrumentos que permiten observar lo macro y lo micro de la Materia de la que formamos parte. Y si acceden a tales espacios y tribunas, son relegadas y hasta olvidadas por la bibliografía y los divulgadores que sólo aluden a la labor, meritoria por supuesto, de los genios masculinos. Como si la genialidad dependiera del sexo y brotara exclusivamente en seres dotados genéticamente con cromosomas XY.

La plena participación de la mujer, en condiciones de igualdad y equidad, todavía es un reto por conquistar en la Ciencia, en general, y en determinadas ramas de la misma, en particular, que parecen reservadas a mentes masculinas y no admiten ni la capacidad ni la creatividad ni la sensibilidad de una mentalidad femenina. Y aunque se ha avanzado muchísimo en la incorporación de la mujer en el mundo de la Ciencia, la brecha existente en campos como las ingenierías, las matemáticas o las tecnologías, por ejemplo, es todavía enorme, debido fundamentalmente a las dificultades que encuentra la mujer para acceder a un coto dominado por hombres, un sistema de cooptación que favorece a los candidatos masculinos y a los hándicaps que ellas encuentran para compatibilizar la vida familiar y dedicación profesional.

Según la UNESCO, en la actualidad hay más mujeres que se matriculan en la Universidad, pero son pocas las que eligen una carrera científica o técnica, expectativas que se ven influenciadas por los prejuicios que aun determinan los destinos profesionales en función de la condición sexual de los aspirantes. Sigue predominando la creencia de que la ciencia y tecnología es cosa de hombres y las letras o las humanidades, de mujeres. Que la arquitectura, la ingeniería, la astronomía o la robótica se adaptan mejor a mentes masculinas, y que la biología, las ciencias sociales o de la salud están indicadas a mentalidades y enfoques femeninos. Estos estereotipos, que se inculcan desde la niñez, delimitan la formación de los alumnos por derroteros predeterminados en función del sexo. Incluso desvirtúan la percepción del trabajo de la mujer en tales ámbitos, como podría ser el de la Lingüística, considerándolo no propiamente Ciencia ni que la investigación que posibilita constituya un objetivo científico, tal como destaca la profesora de Historia de la Lengua en la Universidad de Sevilla, Lola Pons, en un artículo reciente.

Techo de cristal

La presencia de la mujer en la Universidad es mayoritaria, como se ha dicho, pero persisten situaciones que limitan el desarrollo de la carrera científica y el acceso a puestos de responsabilidad a los que, en teoría, tendría derecho. El número de catedráticos y profesores titulares de universidad es apabullantemente masculino en un 80 por ciento. Además, sólo un 25 por ciento de féminas logra alcanzar puestos de máxima responsabilidad y ser profesoras de investigación en España, según un informe sobre mujeres científicas elaborado por el CSIC, organismo que ha evaluado al personal directivo de sus centros e institutos adscritos, detectando que de 104 directores, sólo 22 son mujeres. 

No es de extrañar, por tanto, que con estas “facilidades” a la presencia y la participación de la mujer en la Ciencia, el 97 por ciento de los premios Nobel hayan sido recibidos por hombres. Ello explica también que, como recoge la investigadora Flora de Pablo en Las científicas y el techo de cristal, en la Real Academia de Ciencias esté sentada una única mujer científica entre 42 miembros de número. O que en la de Medicina exista una sóla médica de 50 médicos varones. Y en la de Farmacia, por último, sean 5 mujeres entre 50 farmacéuticos.

Es evidente que existe un techo de cristal que, aunque se ha desplazado ligeramente, sigue obstaculizando el camino hacia la equiparación en condiciones de igualdad de la mujer en el mundo de la Ciencia, al verse condicionada por un sesgo de género, en la evaluación de sus méritos y demás circunstancias, que limita sus expectativas. Como en muchos otros ámbitos, también en el de la Ciencia la mujer sufre discriminación, no por su capacidad intelectual, sino por ser mujer. Queda, pues, mucho camino por recorrer.  

lunes, 11 de febrero de 2019

Unidos contra el traidor felón


Ayer domingo, 10 de febrero, se celebró una concentración contra el Gobierno socialista de Pedro Sánchez en la plaza de Colón de Madrid que congregó a decenas de miles de personas (45.000 según la delegación del Gobierno y cerca de 200.000 según los organizadores), en la que se produjo la inevitable imagen de unidad y confabulación que existe entre los líderes de las fuerzas convocantes: Pablo Casado del Partido Popular (PP), Albert Rivera de Ciudadanos (Cs) y Santiago Abascal de Vox, representantes de las tres caras (ortodoxa, centrista y extremista) de la derecha en España. El motivo de la convocatoria era la presunta cesión del Gobierno al “chantaje” de los independentistas de Cataluña para ganarse su apoyo en la aprobación de los Presupuestos del Estado que comienzan su trámite parlamentario el martes 12 de febrero, justo el mismo día que arranca en el Tribunal Supremo el juicio contra los líderes soberanistas encarcelados. Habría que recordar que los encarcelados están imputados por violar la ley y atentar contra el ordenamiento democrático cuando decidieron desobedecer al Tribunal Constitucional, quebrantar la legalidad con iniciativas tendentes a romper con el ordenamiento vigente, celebrar un referéndum ilegal para el que carecían de competencias y proclamar unilateralmente una república en Cataluña mediante el desacato y fraude de ley, y promoviendo una presión social próxima a la violencia (sedición o rebelión).

Los convocantes de la concentración del domingo acusan al presidente del Ejecutivo de “traición” y de dar una “puñalada por la espalda a España” por, presuntamente, aceptar las exigencias de los secesionistas, enumeradas en las 21 peticiones que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, trasladó al Gobierno en un escrito durante una reunión entre representantes de ambos gobiernos. El “ambiente” de frentismo había sido caldeado con antelación cuando el presidente del PP, en unas declaraciones previas, había acusado a Pedro Sánchez de “felón, incapaz y mentiroso” por mantener ese canal de diálogo con el Govern catalán con la pretensión de encauzar el “conflicto” por vías políticas en vez de las judiciales. Y el colmo de la “felonía” fue, al parecer, que el Ejecutivo estaba dispuesto a aceptar la presencia de un “relator” o mediador en la mesa de partidos que debía convocarse para dilucidar el problema catalán y hallar iniciativas que hicieran posible su resolución. Salvo la figura de un moderador, el Gobierno de Pedro Sánchez había rechazado todas las exigencias de los independentistas, negándose a discutir cualquier demanda que fuera contraria a la Constitución o que hiciera mención expresa a un inexistente derecho a la autodeterminación.

Santiago Abascal (2 por la izquierda), Pablo Casado (5) y Albert Rivera (9).
Sin embargo, nada se le reconoce ni se perdona al Gobierno desde que promovió una moción de censura contra el anterior Ejecutivo conservador de Mariano Rajoy que contó con el apoyo de las fuerzas de izquierdas, nacionalistas e independentistas con representación en el Congreso de los Diputados. Porque, a pesar de que aquella iniciativa parlamentaria fue legal, los conservadores nunca la consideraron legítima por apearlos del poder sin mediar unas elecciones. Y desde entonces tratan de deslegitimar al Gobierno de Pedro Sánchez y forzar la convocatoria de nuevas elecciones. La concentración de ayer, en ese contexto, intenta demostrar el rechazo de la población a las vías políticas mediante el diálogo emprendidas por los socialistas con el Govern catalán y, fundamentalmente, tratar de visibilizar que el “comienzo de la reconquista” del Gobierno por parte de la derecha española ya es factible. Que “el tiempo de Sánchez ha acabado” así como su “rendición al chantaje de los independentistas”, en palabras del líder del PP. Basándose en calumnias (acusar al presidente de Gobierno de cometer traición) y en manipulaciones (cesión al separatismo), los convocantes rechazan todo intento de diálogo, aun cuando José María Aznar, carismático gurú del conservadurismo patrio y referente ideológico del actual líder del PP, dialogó con la banda terrorista ETA y llegó a considerarla “movimiento nacional de liberación vasco”.

Pero, detrás de las motivaciones reconocidas, lo que quedaba explícito en la concentración madrileña era la confluencia estratégica y dogmática de los diversos sectores de la derecha ideológica española, a pesar del rechazo que causaba, aparentemente, en Ciudadanos la presencia de Vox, un partido de extrema derecha, contrario a la Constitución, al Estado de las Autonomías y a la igualdad de la mujer, y que no tiene representación en el Congreso de los Diputados. Un partido racista y retrógrado que, no obstante, acapara el malestar y el voto de los simpatizantes conservadores menos tolerantes y que está obligando a las fuerzas ortodoxas (PP) y centristas (Cs) de la derecha a endurecer sus discursos e, incluso, a pactar con él cuando la ocasión lo permite, como ha quedado demostrado en Andalucía. Vox ha podido presentarse en la concentración de Madrid en pie de igualdad y codo con codo con el Partido Popular y Ciudadanos, dejando patente que ningún “cordón sanitario” iba aislar a la extrema derecha de la familia conservadora española, cuando su participación resulta imprescindible para la “reconquista” del poder. Y esa fue la imagen y el mensaje que ayer ofrecieron los tres rostros de la derecha en la plaza de Colón, donde visibilizaron su confabulación frente a un adversario al que intentan vencer a cualquier precio, incluido el de reconocerse entre sí como iguales que comparten un ideario, con tal de acabar con el Gobierno socialista de Pedro Sánchez.

Lo de menos era la tentativa gubernamental de un diálogo con Cataluña. Esa fue la excusa. Lo realmente importante fue presentarlo como traidor capaz de la mayor de las felonías, aunque para ello se haya que admitir, sin disimularlo, la compañía de la extrema derecha. Y abocar al país a un frentismo peligroso que ya recupera los insultos y los enfrentamientos ideológicos de un pasado que se creía superado. Ahí posan, “sin complejos”, las caras de la derecha de España, dispuestas a una cruzada por el poder.