viernes, 8 de febrero de 2019

Preludio primaveral


Después de la tormenta sucede la calma; de la crudeza del frío, un tiempo templado y agradable, y de los cielos encapotados y grises, días transparentes bajo una bóveda azul inmaculada que los pájaros no pueden manchar ni arañar con sus piruetas. Tras las últimas borrascas, han llegado jornadas que invitan a soñar y volar de puro limpias y bondadosas. No son sólo los ojos ansiosos de los hombres los que perciben este cambio en el ambiente, sino también las plantas y los animales, que preludian la primavera. El aire se llena de luz y del aroma de la vida que, juntos, hacen brotar hojas y yemas en las tiernas ramas de los árboles. Los parques reverdecen con un jolgorio vital que contagia a quienes los recorren entusiasmados con el espectáculo renovado del buen tiempo que ya asoma en el horizonte. Son días que preludian la próxima primavera, y todos la celebran.   

miércoles, 6 de febrero de 2019

Sobreexcitados


En los conciliábulos de la derecha y sus pregoneros agradecidos, en nómina o tontamente útiles, andan sobreexcitados por los avances que el populismo ultraconservador está experimentando en el mundo occidental tras la crisis financiera que ha ablandado el pulpo poblacional con los golpes del paro y la pobreza y con la llegada de Donald Trump, el fantoche millonario, a la Casa Blanca, desde donde dispara a todo el que se mueva en su contra con twitts y amenazas apocalípticas. Disfrutan como monos viendo cómo la gente, por miedo más que por convencimiento, se arrima a cualquier energúmeno que prometa devolverles los empleos y las seguridades que la globalización, la competencia y la complejidad creciente del mundo les han arrebatado. No importa que el falso profeta ejerza desde la más bochornosa ignorancia y con la más descarada de las malevolencias si asegura tener las claves milagrosas con las que solucionar todos los problemas que nos quitan el sueño, sean económicos, laborales, religiosos, migratorios o culturales. Ningún asunto nacional o internacional se resiste, para estos líderes ultraconservadores, a ser tratado con fáciles pero contundentes recetas que sólo ellos pueden elaborar y aplicar. Además, de un plumazo.

Que los chinos venden más barato y en algunos aspectos su tecnología es superior, pues se impide la expansión de su negocio y se obliga a los “aliados” a que no adquieran sus productos, aduciendo, si es necesario, supuestos peligros sobre seguridad y soberanía a que estarían expuestos con la introducción de esa manufactura asiática. Que países del entorno, donde se han trasladado empresas por disponer mano de obra barata y menos impuestos, acaban haciendo competencia a la matriz, pues se incumplen los tratados y se recupera parte de la fabricación externalizada, aunque ello no favorezca el intercambio comercial ni la creación de empleo, pero sí la demagogia populista con los descontentos. Que los inmigrantes, sobre todo si son pobres, parece que “invaden”, “roban” y “desnaturalizan” la identidad de nuestros países con sus costumbres, su color de piel y sus incomprensibles idiomas, pues se les expulsa sin contemplaciones y se impide su entrada a cal y canto, cerrando fronteras y prohibiendo rescates. Basta con criminalizarlos para que el mar y las calamidades de sus países de origen se encarguen de su suerte, sin coste para las arcas públicas.  

Que algunos paisanos aspiran a la independencia o a relaciones territoriales privilegiadas, pues nada de dialogar ni de ceder un ápice: ley estricta, catecismo constitucional y cárcel, bajo amenaza de suspender autonomías y considerar delito cualquier idea o tentativa política herética, aunque tenga un alto respaldo popular entre los que se sienten vilipendiados e ignorados. Frente al nacionalismo periférico, ultranacionalismo español vindicativo del imperio, del retorno al centralismo y la reconquista católica alcanforada. Que la virilidad patriarcal considera una afrenta la igualdad de género y la protección de las mujeres ante la violencia machista, pues se tacha de ideología feminista y dictadura de género toda política contra la discriminación por razón de sexo y se derogan cuantas leyes promuevan la paridad, la igualdad, la libertad y la dignidad de la mujer, así como el matrimonio homosexual o cualquier otro derecho social que reconozca diversidad y no tenga la bendición de la iglesia y el respaldo de la tradición más acrisolada del inmovilismo patrio. Que los ricos pagan mucho y los pobres reciben más de lo que merecen, pues se bajan impuestos, se bonifican las sucesiones y donaciones que se transmiten de padres a hijos, se recortan prestaciones que sólo fomentan la vagancia y se limitan servicios de titularidad pública para que cualquier necesidad (educación, salud, vivienda, seguridad, etc.) sea satisfecha por quien pueda costeársela.

El ideario de la derecha está de moda y boga a toda vela. Sus voceros no se cansan de propagar sus excelencias y lo “natural” de sus propuestas, tan de sentido común. Y tan simples y necesarias para nuestra seguridad y bienestar, como la protección divina. Con ellas se combate el “efecto llamada” que provoca el humanitarismo de los ingenuos con el fenómeno de la migración, se limpian nuestras ciudades de gente extraña dispuesta a robarnos, quitarnos el trabajo y arrebatarnos lo que nos pertenece, amén de evitar que los terroristas utilicen la inmigración para atentar en nuestro suelo contra el estilo de vida occidental y nuestras libertades, que tan vulnerables nos hacen. Muros y expulsiones para los otros, para los extranjeros irregulares o refugiados. Y aislacionismo comercial para enfrentar la competencia en un mundo globalizado, con aranceles a la importación desde otros mercados que se aprovechan de nuestras demandas y ventajas económicas. Hay que ser grandes otra vez, volviendo a la guerra fría, a la carrera armamentística, a las cañoneras y a las intervenciones “quirúrgicas” en las áreas de nuestra influencia, como Irak y Venezuela, o brindando apoyo a sátrapas como el de Arabia Saudí, ejemplos que casualmente disponen de petróleo. Y respaldo incondicional a gobiernos que practican el apartheid, como Israel con los palestinos, no porque sean los capataces que controlan una región del planeta que nos tiene ojeriza civilizatoria al considerarnos infieles, sino porque con su don para la avaricia financian a los líderes que gobiernan el autodenominado mundo libre. Promoción, pues, del populismo más xenófobo y sectario incluso entre los “nuestros” para que no se crean con capacidad de contradecir al imperio y actuar contra sus intereses. Fomentar el supremacismo blanco y burgués en cada lugar para que ninguno tienda a unirse y pretenda aunar fuerzas, como esa Unión Europea a la que el Reino Unido le ha propinado una puñalada casi mortal, aunque salga malparado.

Así de excitados están estos agitadores populistas de la derecha más extrema, creyendo que todo el monte es orégano y fértil para que crezcan los Trump, Vox, Bolsonaro, Salvini y demás malas hierbas por doquier. Y con las primeras cosechas andan sobreexcitados y la mar de contentos, creyéndose filósofos sapientísimos que iluminan el mundo, como Bannon, cuando son simple maleza de la política.

lunes, 4 de febrero de 2019

San Valentín feminicida


Febrero es el mes del amor, en el que se celebra el Día de los Enamorados, esa zarandaja comercial con que se estimula un negocio muy lucrativo en floristerías, tiendas de lencería, música, cosméticos, joyerías, agencias de viajes, restaurantes y cuantos establecimientos se dedican a mercadear con ese “detalle” romántico con el que pretendemos simbolizar un sentimiento que no necesita más demostración que el afecto, el respeto y la sinceridad hacia la persona amada. Comienza, pues, el mes que festeja San Valentín, dios venerado por los amantes, incluidos aquellos que, aparte de necesitar demostrar con un objeto lo que sienten, creen que a quien aman es de su propiedad, como ese mismo obsequio con el que quieren hacer patente su sensiblería infantil y hasta su afectividad patológica.

El romántico San Valentín oculta una cara perversa que se manifiesta en esas personas que no dudan en tratar con violencia y hasta en asesinar a sus parejas o exparejas cuando estas deciden dejar de ser una pertenencia más, sometida a humillaciones, de quienes decían amarlas, para asumir su identidad como mujeres, con voluntad propia, derechos y dignidad. Cuando, hartas de afrentas físicas y verbales, optan por no ser meros objetos y escapar del capricho de un varón que las domina para ser dueñas de sí mismas y asir las riendas de su existencia. No son pocas las que soportan esta situación. Ya, en este segundo y más breve mes del año, que tanta ternura despierta a través de una publicidad empalagosa, se elevan a diez las mujeres muertas, asesinadas a manos de una violencia machista que hace del hogar un infierno para la convivencia familiar y un peligro para cualquier mujer considerada una posesión por su novio, marido o pareja.

Pero si esta festividad sensiblera está dirigida, particularmente, a los jóvenes que comienzan a experimentar en su piel las dulzuras del amor, haciéndoles caer en las redes comerciales de un negocio que no tiene nada de romántico, resulta repugnante que sean precisamente unos chavales, casi recién salidos de la niñez, quienes sucumban víctimas de esa violencia de género que confunde amor con propiedad privada o posesión personal y no con una relación sentimental entre adultos e iguales. Es una desgraciada fatalidad que, a punto de celebrarse este falaz San Valentín, una chica de 17 años sea asesinada y decapitada por su novio de 19 en la localidad catalana de Reus, y que en plena lozanía de su juventud pase a engrosar la infame lista de mujeres muertas por violencia machista. Una lacra asesina que afecta a personas de toda condición, sin importar edad, situación económica, creencia religiosa, raza o nivel cultural, pero que tiene como diana exclusiva a las mujeres.

Los jóvenes muertos en Reus (él acabó tirándose por el balcón) no encarnan una versión moderna de Romeo y Julieta, sino que representan el drama insoportable que sufren las mujeres por ser mujeres y relacionarse con hombres que aseguran amarlas mientras consientan ser sumidas y estar oprimidas bajo su voluntad, cual objetos de su propiedad. Esos chicos no encarnaban el amor, sino que fueron el resultado de una enfermedad letal que corroe nuestra sociedad y que se manifiesta con esa violencia doméstica que ejerce el hombre contra la mujer. Representan el rostro perverso de un San Valentín feminicida.   

sábado, 2 de febrero de 2019

Febrero en tormenta

Los días se volvieron tristes y oscuros, como presos de una amargura que nubla la vista y encoje el corazón, impidiendo que ningún atisbo de esperanza reluzca tímido tras los nubarrones. El viento y el frío acobardaron a los que pretendían no contagiarse de un ambiente apesadumbrado, reteniéndolos en el aburrimiento de sus confortables soledades. Algunos coches que huían de la intemperie, con ojos temblorosos y gafas empañadas, y el ulular esporádico de las sirenas, que rompían con sus estridencias el llanto melancólico de aquellas jornadas, eran testigos obligados de tanto desconsuelo. Febrero había llegado con la grisura del desánimo y el desaliento. Sólo tras los cristales de las ventanas podían contemplarse, sin lágrimas en los ojos, esos días mustios de un mes apenado.