martes, 28 de marzo de 2017

Miguel Hernández, doblemente muerto

Hoy se cumplen 75 años de la muerte del poeta Miguel Hernández, doblemente muerto por la dictadura franquista, que lo sentenció a muerte en un consejo de guerra que luego conmutó la pena por 30 años de reclusión mayor, y por la cobardía de la democracia que aceptó la decisión de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo de denegar la revisión de la sentencia, a pesar de reconocer que la condena se produjo por motivos “políticos e ideológicos”. Hoy, seguimos llorando al poeta humilde, que pastoreaba cabras en su Orihuela natal y presagiaba en sus versos su andar “de este cuchillo a aquella espada”, aunque conservamos vivo el recuerdo de su legado, que continúa brillando como “un rayo que no cesa”. Queden sus versos como sencillo homenaje a un excelso poeta que no llegó a cumplir 32 años y continúa condenado por un delito de “adhesión a la rebelión” al mantenerse fiel a la legalidad y a su sensibilidad y honestidad.

Poema 19
Yo sé que ver y oír a un triste enfada
cuando se viene y va de la alegría
como un mar meridiano a una bahía,
a una región esquiva y desolada.
Lo que he sufrido y nada todo es nada
para lo que me queda todavía
que sufrir, el rigor de esta agonía
de andar de este cuchillo a aquella espada.
Me callaré, me apartaré si puedo
con mi constante pena instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.
Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós hasta la muerte.
 
El Rayo que no cesa, de Miguel Hernández, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1975.


sábado, 25 de marzo de 2017

Pinta de nazi

Este personaje tan estirado, de apellido impronunciable, lo vistes con el uniforme de las schutzstaffel, y se confunde con aquella imagen repudiable del nazi. Sin embargo, no es alemán sino holandés, tampoco militar sino político de alto rango en la Unión Europea, presidente del Eurogrupo y cabeza visible de las políticas de finanzas que impone Bruselas a los Estados miembros. Fue el interlocutor severo a la hora de establecer las condiciones para acordar el rescate que todavía tiene a Grecia condenada a seguir empobreciéndose cada vez más. Y para recordar a todos los estados deudores europeos la obligación que tienen, no sólo de devolver lo prestado, sino de gastar en lo imprescindible, como en Defensa, tal y como pide ahora el del flequillo yanqui para que aumentemos la partida militar. Sin embargo, no es el que toma las decisiones, pero sí el encargado de comunicarlas y de supervisar su cumplimiento.

El problema de Jeroen Dijsselbloem (Eindhoven, 1966) no es que parezca nazi, sino que parece que piensa como tal, al considerar que hay países europeos que malgastan el dinero en “alcohol y mujeres” (sic), por lo que no se merecen la “ayuda” que reciben de los países ricos de la Unión. Establece desde su sillón de eurobanquero diferencias entre el Norte y el Sur de Europa, mostrando su verdadera mentalidad cuando se le escapan ese tipo de afirmaciones ofensivas y gratuitas contra Estados sureños que no gozan de su complacencia. Para él, como con los repudiables nazis, existen naciones puras y naciones zánganas a las que hay que “limpiar” de gastos para que ajusten sus cuentas al gusto de los acreedores del Norte, sin valorar las consecuencias en la población de una austeridad contable e inmisericorde. Es lo malo de los tecnócratas, que piensan que la sociedad se debe poner al servicio de la economía y no al revés. Así, las pensiones, los salarios, la sanidad, la educación, las prestaciones por desempleo y las ayudas a la dependencia han de amoldarse a las exigencias de los ricos prestamistas del Norte con pinta de nazis. Pero, si sólo fuera la pinta…

jueves, 23 de marzo de 2017

Hazte adoctrinar

Una organización ultracatólica con excelentes relaciones con parte del poder civil –que la declara de utilidad pública- y del religioso –que secunda desde los púlpitos su ideario contrario a las políticas género en la educación- y sobrada de recursos económicos, ha puesto en marcha una fortísima campaña publicitaria para combatir lo que, curiosamente, califica de “adoctrinamiento sexual” en los colegios. HazteOir, que así se llama la organización fanática que no duda en apoyar, en cambio, el adoctrinamiento católico que secularmente se ha impartido en la enseñanza (la asignatura de religión y la beligerancia de la jerarquía católica por mantenerla es ejemplo elocuente de ello), acusa al poder civil, representado por Comunidades Autónomas y Gobierno Central, de actuar con intolerancia y discriminación en aquellos territorios donde se promueve la igualdad de derechos de las personas con distintas identidades y orientación de género. Los que abrazan el creacionismo (el hombre surge por intervención divina, no fruto de la evolución) y la superstición trascendental (hay vida después de la muerte), no están conformes con que la sociedad civil se guíe por la ciencia y decida respetar la diversidad, incluida la sexual, que existe y se manifiesta en toda sociedad plural. De ahí que sea, cuando menos, chocante que los verdaderos intolerantes acusen de adoctrinamiento a los que extienden y respetan con tolerancia el derecho de todos, también el de aquellas minorías que sienten y viven otras identidades de género, a no ser discriminados ni rechazados por razones homofóbicas, y que sean tratados con igualdad. Y en contra de esa igualdad de derechos de las personas homosexuales, bisexuales o transexuales es por lo que se manifiestan los componentes de la organización católica, con gran éxito y repercusión mediática, por cierto.

Para ello se valen de varios autobuses que, cual vallas publicitarias rodantes, recorren las ciudades españolas con el mensaje de que los niños tienen pene y las niñas vulva, de tal manera que cualquier otro modo de sentir y vivir la identidad sexual es un engaño y una falsedad. Al mismo tiempo, han encartado en los principales periódicos de tirada nacional un sobre que incluye un librito, titulado “¿Sabes lo que quieren enseñarle a tu hijo en el colegio?”, junto a una carta en la que exponen sus quejas, denuncian una supuesta persecución política y judicial y, de paso, solicitan un donativo para ¡”seguir defendiendo las libertades de expresión y educación”! Causa estupor que los que en este país han disfrutado de toda clase de privilegios y han impuesto su ideario religioso en escuelas e institutos de manera intolerante, adoctrinando a niños sin capacidad crítica en la enseñanza y en las parroquias, no toleren precisamente el derecho a la libertad de educación y expresión y culpabilicen a minorías invisibilizadas y victimizadas por su condición sexual de no respetar esas libertades. Tal parece que les dicten “hazte adoctrinar”.

Los más reaccionarios conservadores y clericales de este país no admiten la diversidad sexual ni las políticas que intentan promover la igualdad de derechos entre todos los colectivos sociales, también los de aquellos que tienen una identidad y una orientación sexual distinta a la determinada por la biología. Por mucho que la Biblia hable de Adán y Eva, la especie humana dispone de una sexualidad mucho más compleja que la simplemente genital, aunque esta constituya el estereotipo más habitual y efectivo para fomentar y mantener una estructura social basada en el machismo y el patriarcado familiar todavía dominantes. Hace tiempo que las teorías sexuales de Freud fueron superadas y que se conoce que la psicología y el entorno cultural determinan, además de la biología, la identidad y orientación sexual de cada persona. No es de extrañar, por tanto, que los grupos que detentan su poder (como el religioso y el poder político conservador) fundado en esas ideas retrógradas, ya superadas por la realidad –y por el conocimiento científico-, se rebelen y combatan los nuevos paradigmas de libertad y derechos que poco a poco logran extenderse por el conjunto de la sociedad. Sólo así se comprende, aunque no se justifique, la beligerancia con que se enfrentan, promoviendo incluso el odio y el enfrentamiento social, a iniciativas progresistas como las del aborto, el matrimonio homosexual, las políticas de género, la laicidad en la enseñanza, el feminismo, la separación Iglesia/Estado y la eliminación de cualquier privilegio que hasta ahora disfrutaba el pensamiento conservador y clerical con intolerante actitud.

Hazte adoctrinar o déjate adoctrinar es la real intención de la campaña que promueve sin escatimar medios la asociación HazteOir, ofendida por la libertad y los derechos que se reconocen a las minorías que sienten y viven distintas identidades sexuales. No luchan contra la pobreza infantil, la violencia machista contra la mujer, la desigualdad progresiva que sufre la sociedad española ni contra la precariedad laboral y salarial que se ha impuesto a esa especie en extinción que son los trabajadores. Su lucha es por algo mucho más grave e importante: luchan contra el respeto y la dignidad que se les reconocen a gais, lesbianas, bisexuales y transexuales, disponiendo para ello de unos recursos ingentes que estarían mejor empleados en Cáritas, por ejemplo, otra asociación católica, aunque no fanática ni intransigente. Así que, cuando vean su autobús, tapónense los oídos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Madres abuelas o maternidad en la senectud


Siempre se ha dicho que para todo hay una edad. Son refranes o dichos que nacen del sentido común y la experiencia, y que, de alguna manera, nos sirven para conducirnos por la vida con cierta seguridad y evitando algunos riesgos. Pero, como en todo, estos consejos no se deben seguir a rajatabla ni tampoco eludirse por sistema, pues, o bien nunca descubriríamos nada nuevo, o bien estaríamos constantemente estrellándonos contra la realidad o cayendo repetidamente en los mismos errores. Existe un término medio que la mesura y el raciocinio nos indican cuando alcanzar, sin pasarnos ni quedarnos cortos, cada vez que lo aplicamos. No obstante, hay que tener en cuenta, además, que todo depende de lo que se trate.

No es lo mismo dar a luz un hijo a los 64 años que ponerse a estudiar a esa edad. La biología dicta sus normas y hace que unos órganos estén obsoletos en la vejez y otros, en cambio, en perfecto estado de uso, incluso mejor entrenados para su función. Pero lo que no es posible biológicamente, de forma “natural”, la ciencia puede posibilitarlo. Y si la menopausia –la imposibilidad de fabricar óvulos-  impide que ninguna mujer que ya no es fértil pueda quedarse embarazada, técnicas de fecundación in vitro lo hacen viable. Como hacen plausible otros hallazgos, como la investigación y experimentos de clonación humana, que la ética aconseja no poner en práctica por conllevar riesgos insospechados y suponer un grave atentado contra la dignidad singular de las personas, sean originales o duplicadas. No todo lo posible se puede llevar a cabo porque surgen derechos de terceras personas que deben ser tenidos en cuenta, tanto si se trata de un clon como de un hijo de abuela.

Todo este preámbulo viene a cuento por el hecho reiterado de una mujer que tuvo gemelos a los 64 años de edad gracias a la implantación de dos embriones en una clínica de fertilidad norteamericana. Es decir, incubó dos óvulos donados, fecundados e implantados en un país donde no existen impedimentos morales, sólo económicos, para poder sentirse madre en una edad en que la mayoría de las mujeres aspira acariciar y ver crecer a los hijos de sus hijos, a sus nietos. Los abuelos ven en los nietos una segunda oportunidad para aportar ayuda y experiencia en una crianza que es responsabilidad de los padres, no sólo por el hecho de serlos, sino también por disponer del tiempo y las fuerzas para ejercer como tales durante toda la etapa de crecimiento hasta que los hijos se conviertan en adultos. Y ahí es donde radica mi crítica a la decisión de esa madre abuela que tuvo que acudir a una clínica extranjera donde no ponen límites de edad para realizar una fecundación asistida. Pensó y satisfizo sus deseos antes que valorar lo mejor y los derechos de ese hijo tardío del que le separa más de una generación.  

Aunque la ciencia permita la maternidad en la senectud, los hijos exigen una dedicación, una seguridad y una vitalidad que una anciana no puede proporcionarles por mucho que lo desee y se empeñe. No es cuestión sólo de hacer posible la fecundación y el alumbramiento –que ya sabemos que es posible para resolver problemas de esterilidad-, sino de criarlos, educarlos, batallar con ellos todos los retos a los que se enfrentarán, orientarles con disciplina y ejemplo en su formación y conducta, y tener tiempo para garantizarles en lo posible todo lo que necesiten hasta que accedan a ser adultos y autónomos en sus vidas. Y con 64 años difícilmente se tiene vigor y futuro para, salvo en situaciones extremas, dedicarles toda una atención como padres de manera responsable. Más que un hecho extraordinario de amor maternal, esta abuela madre ha demostrado un profundo egoísmo personal al dar viabilidad a una obsesión que lleva años persiguiendo, máxime cuando ya en 2014 le fue retirada otra hija, también alumbrada por fecundación asistida, al considerar los servicios sociales que no le proporcionaba las condiciones adecuadas a causa de su trastorno psicológico.

Pero, aunque estuviera en su sano juicio, la calidad y “cantidad” de crianza que podría ofrecerles nunca sería equiparable a la de una madre que tiene a sus hijos con edad, fuerzas e ilusión como la que tiene la mayoría de las madres o tuvieron nuestros padres. Y es que una cosa es ser padres y otra, ser abuelos. Para todo hay una edad que la biología se encarga de recordar. Por más que nos pese.