jueves, 30 de abril de 2015

Andalucía: abocada al diálogo

Parlamento de Andalucía
En Andalucía debe comenzar un tiempo nuevo, distinto a lo acostumbrado, a partir del próximo 4 y 5 de mayo, fecha en la que el pleno del Parlamento de la Comunidad Autónoma celebra sesión para la investidura de la persona encargada de formar un Gobierno que responda a lo expresado y deseado por los ciudadanos en las urnas el pasado 22 de marzo. La única candidata dispuesta a asumir tal reto es Susana Díaz Pacheco, actual presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, avalada por los 47 diputados conseguidos por la formación que lidera y que convierten al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la minoría mayoritaria que, en teoría y aritméticamente, debe afrontar tal responsabilidad. No lo tiene fácil.

En principio, y tras las semanas transcurridas desde las elecciones, las negociaciones para buscar acuerdos de legislatura entre los distintos grupos parlamentarios no han dado ningún resultado tangible. No se ha producido, hasta la fecha, ningún pacto que facilite la constitución del nuevo Gobierno en una primera votación. Tanto el Partido Popular (33 diputados) como Podemos (15), Ciudadanos (9) e Izquierda Unida (5) se han limitado a escuchar las propuestas de los socialistas y exponer, por respuesta, las diversas condiciones que cada uno de estos partidos pone encima de la mesa para sellar cualquier acuerdo de investidura. En el horizonte de todos ellos figuran las inmediatas elecciones municipales y autonómicas convocadas para el 24 de mayo, además de las generales de final de año, que obligan a preservar las diferencias entre unas formaciones políticas que temen verse perjudicadas por un acuerdo con el PSOE en Andalucía.

El calendario y la coyuntura no juegan a favor de la formación de un Gobierno andaluz sin tensiones, como las que se produjeron para la composición de la mesa del Parlamento autónomo. Aquel reparto de puestos en la Cámara ha sido recurrido por los Populares ante el Tribunal Superior de Justicia por estar disconformes con la adjudicación de sillones realizada para cubrir las siete plazas previstas por el Reglamento. Esa misma falta de diálogo y las incógnitas que cada formación alberga se mantienen a la hora de decidir el próximo presidente de Andalucía, cuya votación se producirá el día 5 y, en caso de no reunir los apoyos necesarios, se procederá a una segunda votación el día 7, víspera del inicio de la campaña electoral de los comicios de finales de mayo.

Sin embargo, todas estas extraordinarias circunstancias que caracterizan el actual momento político obligan, precisamente, a un diálogo permanente y sin reservas entre los diversos actores que deben hacer viable el mandato de los electores andaluces. Están abocados al diálogo, a un diálogo constructivo en el que han de prevalecer los intereses de Andalucía sobre las estrategias electoralistas y los réditos partidistas. Tanto los socialistas como las demás fuerzas políticas están obligados a conseguir un acuerdo que permita la gobernabilidad en esta región y la constitución de un Ejecutivo que se ocupe de los problemas, muchos y de una gravedad extrema, que afectan a los andaluces. Es lo que demanda la población y es a lo que se comprometieron cuando recabaron el voto de los ciudadanos.

El nuevo escenario viene determinado por un Parlamento en el que tienen representación cinco grupos políticos, ninguno de los cuales goza de mayoría absoluta para formar Gobierno en solitario. Sólo los socialistas tienen posibilidades de ello, si las demás fuerzas no se coaligan para conformar una mayoría alternativa o se abstienen para no impedir que el PSOE gobierne la región. Ante la imposibilidad de coalición por el antagonismo ideológico de los grupos de la oposición, lo sensato y democrático sería no poner obstáculos a quien está en condiciones de poder gobernar. No se trataría de dar un cheque en blanco para la investidura de la candidata socialista, sino de optar por la abstención, como ejercicio de neutralidad, para que la minoría mayoritaria pueda constituir un Ejecutivo que, en esta Legislatura sin mayorías absolutas, estaría siempre sometido al control y escrutinio de cada iniciativa que remita al Parlamento. Se trata, en definitiva, de arrinconar posturas de enfrentamiento y confrontación para sustituirlas por las de diálogo permanente y constructivo entre todos.

Es un escenario distinto que obliga a comportamientos políticos también distintos. La fragmentación del Parlamento y la emergencia de nuevos interlocutores que representan la diversidad del sentir popular determinan necesariamente otra forma de gobernar. Ahora, sin el rodillo de las mayorías absolutas, habrá que consensuarse cada actuación gubernativa que, desde la diversidad de enfoques y aportaciones, tendrá oportunidad de enriquecerse y perfeccionarse en aras del bien general.

Lo deseable, por tanto, si no se pretende repetir unas elecciones en las que los ciudadanos ya han expresado su voluntad sobre quiénes merecen su confianza, es aceptar el veredicto de las urnas. En ese sentido, que los socialistas gobiernen en minoría es la menos mala de las alternativas posibles y la más democrática con respecto a esa voluntad popular. Oportunidades habrá a lo largo de la legislatura de controlar, corregir o impedir las acciones de ese Gobierno y su manera de ejercer el poder que se le entrega.

La responsabilidad de los partidos políticos se demuestra en circunstancias como las actuales, en las que se deben sopesar si priorizan sus intereses partidistas o los generales de la población. En función de ese comportamiento responsable, los votantes renovarán su confianza en los partidos o la retirarán en subsiguientes citas electorales. Esa es, precisamente, la gran virtud de la democracia: nada está decidido para siempre y todo depende de la voluntad soberana de los ciudadanos.

De ahí que lo más conveniente sea que el próximo  5 ó 7 de mayo surja un nuevo Gobierno en Andalucía, un Gobierno abocado al diálogo en la misma medida que la oposición habrá de ejercer su función también desde el diálogo. Es lo que comprobaremos o deploraremos del pleno que celebre el Parlamento en esas fechas para la investidura del próximo presidente de esta Comunidad Autónoma.     

martes, 28 de abril de 2015

La suerte de los nadies

En recuerdo de todas las víctimas de nuestra barbarie y de la naturaleza, con permiso de Galeano.

Los nadies se ahogan en barcas atiborradas con las que intentan cruzar a la otra orilla del mediterráneo en busca de alguna escapatoria a una muerte de la que huyen y que los embosca en el fondo del mar; los nadies mueren sepultados por terremotos que sacuden las montañas más altas del planeta para derribar las chozas de los humildes, no los palacios de los poderosos, y aplastar bajo los escombros sus sueños de futuro; los nadies son apaleados sobre las vallas a las que trepan para que pierdan sus ansias de libertad antes de ser expulsarlos a sus infiernos de origen; los nadies nos hacen sonrojar de vergüenza cuando tropezamos con sus tragedias antes de cambiar de canal y de alma; los nadies son los destinatarios de cuantas calamidades e impiedades antojan la naturaleza y un desorden mundial para demostrar su fuerza y sinrazón; los nadies y sus infortunios revelan nuestra auténtica condición inhuma y egoísta. Los nadies somos nosotros con menos suerte y más dignidad.


lunes, 27 de abril de 2015

La ira de los sectarios


El último premio Cervantes, concedido a Juan Goytisolo, ha encendido la ira de la “caverna”, que se ha dedicado sin disimulo a minusvalorar los méritos del escritor barcelonés afincado en Marruecos, en un alarde de desprecio genético como sólo la derecha ultramontana es capaz de mostrar, y en acusar al jurado de hacer un gesto “diarreico y genuflexo” con tal de fastidiar al nacionalismo catalán y de apaciguar al fanatismo islámico, aquel cuya intransigencia religiosa podría equipararse a nuestra intolerancia cultural si no fuera porque la primera actúa con criminal violencia asesina.

Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) es un profesional de las letras que, como todos, podrá gustar o no, pero al que no se le puede negar una indudable calidad literaria que, al fin y al cabo, es lo que premia la más alta distinción que España concede en el terreno literario. Es cierto que este autor, encuadrado entre los más precoces de los que vivieron la Guerra Civil como “niños asombrados”, no elude planteamientos literarios para abordar lo social desde términos de mayor compromiso. Un compromiso que, movido por la heterodoxia total en sus ensayos, le hace cultivar el tema de la traición hacia su país y la transgresión de todos sus valores –Disidencias (1977), Libertad, libertad (1978)-, hasta el extremo de provocar el enraizamiento del escritor en el Magreb e incentivar su interés por la civilización árabe. De ahí que en unas provocativas declaraciones reconociera que había pensado venir a recoger el premio vestido con una chilaba en vez de chaquet.

La derecha cavernícola no le perdona ni una cosa ni la otra, pues repudia tanto el “desaliño” indumentario con el que recibió el premio de manos del rey Felipe VI como la traición deliberada que muestra hacia su país o, mejor dicho, al modelo de país que encarna esa derecha intolerante, a pesar de que Goytisolo trasciende el rechazo de lo hispánico con el cuestionamiento de la sociedad occidental y el consumismo desaforado al que se entrega. Dejándose llevar por el sectarismo más ciego y vulgar, esa derecha faltona brama insolente por la concesión del premio a un “hereje” de la literatura española, objeto de sus fobias y rencores, aunque un jurado independiente, experto en la materia, haya valorado exclusivamente la calidad literaria de sus escritos: novelas, ensayos y artículos. Y es que, para los sectarios recalcitrantes, es preferible valorar –y premiar- la afinidad ideológica que la habilidad de cualquier escritor, pintor, escultor o compositor, cuya calidad artística supera la temática de su obra. Para estos que, en los medios que cobijan su mala uva, no tienen empacho de tildar al premiado como autor de “bodrios” (De Prada) y de que no puede ser “más plasta ni más aburrido” (Robles), parece que les duele más que el Cervantes no se lo dieran a ellos (tan adalides de las esencias patrias) antes que a un “viejo perroflauta” (Leguina) de izquierdas.

Los méritos de los críticos son de sobra conocidos, como aquel Coños del predicador de Trento con tendencia a la obesidad o los tópicos típicos del casticismo sevillano, experto en filología semanasantera, del vanidoso de la feria. Puestos a seleccionar uno de ellos, elegiría al de Baracaldo, sin la acritud que él profesa a Goytisolo, ya que hay que reconocerle su demostrada maestría literaria aunque no comulgue con su ideología retrógrada y tradicionalista. Esa es la diferencia entre un sectario y un ecuánime: al primero lo ciega la pasión irracional, el segundo intenta ser imparcial y justo.

Y aunque a mí tampoco me gusta Goytisolo, no por ello despotrico de la decisión del jurado ni menosprecio los atributos literarios de la obra del premiado, quien aprovechó la ocasión para incidir en sus planteamientos de compromiso social, haciendo un llamamiento a no evadirse de la “realidad inicua” que nos rodea y no resignarnos con las injusticias. Su discurso concluyó pidiendo “digamos bien alto que podemos” para subrayar que hoy “las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”. Tal vez a la derecha reaccionaria le moleste que este compromiso no sea una postura oportunista, sino que su extensa y variada obra ya había sido prohibida por la censura franquista desde 1963, sin que por ello dejara de ejercer influencia en ámbitos intelectuales y progresistas.

Como sabe cualquier conocedor de las patologías sociales y los trastornos psiquiátricos, los miedos y el rencor alimentan el sectarismo de los mediocres. Es lo que acaba de poner de manifiesto el último premio Cervantes con el vómito que ha provocado en los que han intentado denostar al galardonado. A mayor honra del afortunado.

sábado, 25 de abril de 2015

Días de parque

Parque de Miraflores
En esta época del año, de temperaturas suaves y salpicada de colores, apetece dejarse impresionar por esas islas naturales que resisten a la amenaza del hormigón y el asfalto de nuestras ciudades para encontrar amparo en la tranquilidad de unos parques y jardines siempre distintos y siempre iguales. Por sus angostas veredas sinuosas, de un recorrido inalterable, podemos distinguir el ropaje con el que cada estación viste la vegetación, haciendo que, en primavera, luzca una apoteosis floral de exuberancia cromática. Árboles y arbustos brillan con la clorofila que lustra sus hojas para recrearse en el espejo de los estanques y en la lámina de un aprendiz de río, hasta que la perfidia envidiosa de los patos hace temblar el reflejo hasta descomponerlo. Justo cuando la ciudad se desplaza bulliciosa para concentrarse en apreturas de toldos, polvo y ruido, estos remansos de paz, casi solitarios, brindan un espejismo edénico que calma inquietudes y sosiega el espíritu de los que huyen de las aglomeraciones y practican un fin de semana de parque, atraídos por la feria de la naturaleza.