sábado, 20 de junio de 2020

Verano 2020


Transitamos un año extraño, insospechado. Un año como jamás podíamos imaginar porque, al poco de comenzar, nos obligó a enclaustrarnos en nuestras casas mientras la primavera pasaba de largo. Cuando finalmente nos permitió salir a respirar a través de unas mascarillas cual ladrones emboscados, tropezamos con el verano al doblar la esquina del almanaque. Hoy, precisamente, es el día en que astronómicamente arranca la estación calurosa del año. Hoy es el día más largo del año, pero no el que sentimos como tal. Muchos de los que permanecimos encerrados nos parecieron infinitamente más interminables que hoy. Pero la ciencia mide datos objetivos, no sensaciones. Y lo cierto es que hoy es el día que más horas de sol recibe el hemisferio de la Tierra en que nos hallamos, según los científicos, cuando el sol amanece más temprano y se recoge más tarde, alumbrándonos durante más de 15 horas, ya que está en su posición más alta con respecto a nuestros tejados. Siempre hemos deseado que el tiempo del calor irrumpiera en nuestras vidas por lo que significa de puertas abiertas, relajación de obligaciones y olvido de represiones. Pero, este año, el verano se presenta con el aroma del miedo perfumando el aire y la desconfianza colgada en los ojos de los demás. Un verano atípico, tan extraño como los meses anteriores. Estamos ansiosos de volver a disfrutarlo como solíamos, pero al mismo tiempo temerosos de cometer una imprudencia. No sabemos cómo comportarnos, aunque yo estoy dispuesto a vivir sin miedo y apurar los días con la libertad que me concedan quienes me rodean en casa o en la calle. Con o sin mascarillas, no pienso renunciar a disfrutar de la vida con el apremio que me brinda mi finitud. Y que sea lo que dios o un virus quiera.     

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