viernes, 6 de abril de 2018

No me regalaron el título

Cristina Cifuentes
Yo, al contrario que Cristina Cifuentes, me tuve que matricular en el plazo convenido, ir a clases, tomar apuntes, realizar trabajos, asistir a tutorías y presentarme a los exámenes de las asignaturas para poder obtener la licenciatura de Periodismo por la Universidad de Sevilla. Y, al igual que la señora Cifuentes, entonces Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, yo también tenía otras obligaciones, trabajaba en la Sanidad pública y tenía una familia a mi cargo. Perno ninguna de esas circunstancias personales, al contrario que a ella, me eximió de acudir a clases ni de los exámenes. ¿Por qué a ella le dieron tantas facilidades, ocupando un cargo político, para obtener un título y a cualquier estudiante sin renombre, mi caso por ejemplo, le exigen seguir todos los procedimientos establecidos, sin excepción?

Ahora, ante las irregularidades del máster que dice haber cursado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Cristina Cifuentes admite que se matriculó tres meses más tarde de que empezara el curso, que no asistió a las clases y no hizo los exámenes porque se acogió a un tratamiento que le conceden, con “cierta frecuencia” (?), a los alumnos de posgrado que trabajan o tienen especiales circunstancias o responsabilidades. Sin embargo, a mí no me ofrecieron ningún trato especial o distinto, reuniendo, como ella, circunstancias personales un tanto excepcionales a las del resto de  alumnos, salvo unas relaciones con los profesores menos estereotipadas, con algunos hasta amistosas, por aquello de las canas. Por lo que parece, a ella le regalaron el título. A mí no, a mí me lo hicieron sudar y me siento orgulloso de ello. Es la diferencia entre los amaños y el mérito.  

miércoles, 4 de abril de 2018

Otra masacre de palestinos


Israel tiene por norma plantear su enfrentamiento con los palestinos como si de una guerra se tratase, en la que ambos bandos disponen de una capacidad militar equiparable. Pero ello no es así, sino que es un enfrentamiento totalmente desequilibrado que, por enésima vez, ha venido a poner de manifiesto, por si había alguna duda, que del lado hebreo se masacra al palestino sin piedad ni contemplaciones, como si estuviera combatiendo contra un enemigo con una capacidad de fuego poderosa. Y no es así. Allí los que se enfrentan son tanques contra chavales que se defienden tirando piedras, son soldados y francotiradores disparando contra manifestantes civiles que protestan cargados de razones por la ocupación de sus tierras y la opresión a que les somete el Estado de Israel. Y eso es, justamente, lo que acaba de suceder, una vez más, con la marcha convocada el viernes pasado en Gaza para protestar por el 70º aniversario de la creación del Estado hebreo, que se ha saldado con 18 muertos y más de 1.500 heridos por disparos del Ejército judío contra una multitud civil y desarmada.

Con ese balance de víctimas, lo que allí se produjo fue un viernes negro que jalona de sacrificios la historia de Palestina por el derecho a su supervivencia y a vivir en la tierra de sus antepasados. Ello dio motivos para otra masacre de palestinos que las autoridades hebreas tienen el descaro en calificar de acto de legítima defensa por celebrarse a escasos 300 metros de la frontera y suponer, al parecer, una “amenaza” para Israel. El Ejército ya ha avisado que actuará de igual forma (repeliendo con disparos a los manifestantes) ante las nuevas marchas anunciadas y que abrirá fuego contra los que arrojen piedras y se acerquen a la frontera. Causa vergüenza el silencio y la inacción de la comunidad internacional ante una tragedia recurrente y previsible por la violencia con la que actúa Israel. A pesar de los muertos, nadie condena el uso de una fuerza desproporcionada ni la desfachatez de un gobierno que autoriza a su Ejército a disparar de forma indiscriminada contra la multitud de una marcha pacífica. Ningún gobierno europeo u occidental, y menos aún el norteamericano, ha elevado su voz ni convocado el Consejo de Seguridad de la ONU para criticar un capítulo más de la política de aniquilación y limpieza étnica que está perpetrando el Estado sionista contra el pueblo palestino, al que arrincona en territorios cada vez más estrechos que asemejan las reservas indias de Norteamérica. Tal política de ocupación y proliferación de asentamientos judíos, de arrinconamiento territorial y levantamiento de muros que exceden las fronteras establecidas, de control militar y limitaciones a la libre circulación de personas y bienes, y de ejercer una violencia injustificada contra la población civil, tal política de hechos consumados, como decimos, no respeta las resoluciones de la ONU y hace caso omiso de las convenciones para casos de conflicto armado. Es decir, que Israel hace lo que le da la gana contra los palestinos sin que nada ni nadie se lo impida.

Israel se comporta como un matón, actitud que comparte con quien lo arma y lo protege, desde el instante mismo de su creación, en 1947, tras la partición de Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe, lo que daba fin al mandato británico que administraba aquellas tierras pertenecientes al antiguo Imperio Otomano. Así nació el Estado de Israel, que los palestinos rechazaron pero que ya aceptan, poblándose con judíos de la diáspora y expulsando a palestinos de un territorio cada vez más colonizado y reducido. Es el comienzo del llamado “conflicto” palestino-israelí que perdura hasta hoy. Y es que, sin ese apoyo incondicional que EE UU le presta, difícilmente podría Israel imponerse en una región rodeado por países árabes y dominar una situación de hostilidad y franca desconfianza entre las partes.

Esa historia de beligerancia llega hasta nuestros días con un Estado sionista que niega reciprocidad a los palestinos para construir su propio Estado soberano, que comparta con un estatuto especial la ciudad de Jerusalén, en virtud del mandato de la ONU y conforme a las fronteras establecidas según resoluciones de la organización internacional que las autoridades hebreas no respetan ni cumplen. De ahí que estén previstas movilizaciones multitudinarias hasta el próximo 15 de mayo, fecha en que los palestinos conmemoran la Naqba o catástrofe que les condujo al exilio. También se manifiestan contra el 70 aniversario de la fundación de Israel y contra la decisión de convertir la ciudad santa de Jerusalén en capital del Estado hebreo. Para añadir leña al fuego, EE UU aprovechará ese aniversario para trasladar su embajada a Jerusalén, mostrando así un apoyo explícito al “matonismo” sionista.

Con tales movilizaciones, los palestinos persiguen dar a conocer a la opinión pública mundial la situación de opresión en la que viven y el derecho que les asiste de regresar a su tierra. De hecho, estas movilizaciones se convocan con el nombre de Marcha del Retorno para exigir que se reconozca el derecho de los refugiados palestinos (entre 6 y 11 millones de personas exiliadas en Jordania, Líbano y Siria) a retornar a su país. Pero es un derecho que Israel no reconoce al considerar que pondría en peligro la identidad judía del Estado, a pesar de que ellos también hicieron un llamamiento a la diáspora judía para repoblar el Estado de Israel. Y es que la pretensión israelí, desde un primer momento, ha sido la de expulsar a la mayor parte de los palestinos de sus territorios, infestándolos de colonias judías e impidiéndoles volver a sus casas.

Cuenta para ello con el beneplácito y la aquiescencia de EE UU, que le facilita todo el armamento que necesita, le financia su extraordinaria maquinaria militar y de seguridad y comparte y consiente su estrategia de imponer los intereses del sionismo aun violando las leyes internacionales y la soberanía de otros estados de la zona. Con Donald Trump en la Casa Blanca, esa relación de complicidad es todavía más estrecha y descarada, al reducir las aportaciones económicas que a través de la ONU se facilitaban como ayudas a la población palestina y permitir sin cuestionar todas las atrocidades cometidas por Israel.
 
Con las manifestaciones previstas pueden derivarse nuevas tragedias, como la del viernes negro del 30 de marzo, por la voluntad de unos de no cejar en la reclamación de sus derechos y el empeño de otros en impedirlo como si se tratara de una guerra, esgrimiendo excusas baldías para usar la fuerza y la violencia. Unos, dispuestos a morir y otros, a matar, sin que nadie lo remedie. Curiosamente, sólo una asociación israelí de defensa de los derechos palestinos, Adalah, se ha atrevido hacer oír su voz para advertir de que “el uso de munición real contra civiles viola la legislación internacional, que obliga a distinguir entre civiles y combatientes”. Ha sido como clamar en el desierto porque nadie parece dispuesto a mover un dedo para impedir otra masacre de palestinos.

Actualización (Sábado, 7 de abril)

Como temíamos, ayer se ha producido otro viernes sangriento en Gaza por el enfrentamiento en la frontera entre manifestantes palestinos y el despliegue militar israelí. Siete palestinos, entre ellos un niño de 16 años, murieron por disparos del Ejército hebreo y se contabilizaron más de 1.000 heridos, de los cuales 293 eran por impactos de bala. Se trata del segundo viernes, de los seis previstos, en que la Marcha del Retorno, convocada por los palestinos para reivindicar el derecho a regresar a sus tierras, provoca una matanza de civiles por parte del Ejército de Israel. Son los incidentes más trágicos desde la guerra con Israel del verano de 2014, y la suma de muertos y heridos continúa...

2ª Actualización (Miércoles, 11 de abril)

A través de las redes sociales se ha conocido un vídeo, grabado por militares israelíes, que muestra a un francotirador del Ejército hebreo que dispara contra un palestino desarmado de los que se manifiestan cada semana en la frontera. La secuencia, que desde ayer inunda las redes, exhibe la frialdad con la que un soldado apunta a varios jóvenes mientras se escucha una voz que le ordena que lo derribe en cuanto lo tenga a tiro. Tras oírse un disparo, un palestino cae desplomado mientras se oyen gritos de admiración y entusiasmo que surgen desde las filas militares: “¡Le ha dado en la cabeza!”, dice un soldado. “¡Vaya videoclip legendario, hijo de puta!”, exclama otro. La cruel ejecución de un civil desarmado que no representa ninguna amenaza demuestra el grado de vileza con la que actúa el Gobierno de Israel en su enfrentamiento contra el pueblo palestino, sin que la ONU ni la Corte Penal Internacional inicien ninguna investigación al respecto. ¿Hasta cuándo?

3ª Actualización (Domingo, 29 de abril)

En el pulso que mantienen los palestinos de la franja de Gaza con Israel, que cada viernes concentra, desde el 30 de marzo pasado y hasta el próximo 15 de mayo, a miles de manifestantes en cinco puntos fronterizos para protestar contra la creación del Estado judío y reivindicar la “Gran marcha del retorno”, es decir, el derecho de regresar a las tierras de las que fueron expulsados, vuelven a producirse muertes de niños y adolescentes árabes por disparos del Ejército israelí. Un menor de 15 años fue abatido el viernes pasado, de un disparo en la cabeza, por un francotirador del Ejército judío. La semana anterior, otro francotirador asesinó también a otro menor de la misma edad. Con ellos, ya son 44 los muertos y más de 5.000 los heridos por la inhumana respuesta del Ejército de Israel de abrir fuego contra manifestantes palestinos desarmados que no representan ninguna amenaza a la seguridad ni a la integridad del Estado sionista.

4ª Actualización (Jueves, 16 de Agosto)

Al cabo de cinco meses de desigual enfrentamiento entre civiles palestinos y militares israelíes, un conflicto que se iniciaba el pasado 30 de marzo con protestas semanales ante la valla que separa Gaza de Israel, y en el que han perdido la vida 160 palestinos por disparos del Ejército hebreo contra manifestantes desarmados y otros 17.000 resultaran heridos, 600 de ellos por impactos de bala, el Estado sionista se aviene, al fin, a aprobar una tregua y el cese de hostilidades, que ha entrado en vigor el pasado día 10 de agosto, poniendo fin, aun de manera precaria y provisionalmente, al peor enfrentamiento registrado en la Franja de Gaza desde el conflicto de 2014. Dos millones de personas viven confinadas en el enclave palestino, de las que dos terceras partes sobreviven gracias a la ayuda que presta la comunidad internacional y de la que se ha desenganchado EE.UU. para empeorar aun más las condiciones de vida de los confinados. Tan crítica es la situación en Gaza que la ONU prevé que la Franja dejará de ser habitable en 2020.

lunes, 2 de abril de 2018

Hurgando en el cerebro


El hombre siempre ha sospechado que en su cabeza se alojaba el control de su cuerpo, que dentro del cráneo se ubicaba el órgano que dirigía todas las funciones y el comportamiento de su ser, a pesar de que en ocasiones creyera que tal labor directriz correspondía al corazón, por ser más evidente su existencia y su estrecha vinculación con la vida. Los egipcios hacían trepanaciones para tratar algunas enfermedades y, cuando fallecía algún faraón, vaciaban la masa encefálica, junto a otras vísceras, para conseguir la conservación momificada del cadáver. Es decir, tenían un conocimiento del cerebro como para extirparlo por consideraciones mágicas. En Occidente se ha pasado de tenerlo como un fluido cuya alteración provocaba enfermedades “nerviosas” a mapearlo en localizaciones cerebrales que determinaban la forma la cabeza, lo que se conocía como frenología craneológica.

Afortunadamente, la ciencia y la investigación médica han avanzado lo suficiente como para tener constancia científica de que el cerebro es el órgano rector del organismo, controlando los aspectos conscientes e inconscientes de nuestro comportamiento. Las sospechas primigenias estaban, pues, fundadas. Aún hoy se sigue hurgando en el cerebro para conocer su funcionamiento y tratar de comprender cómo realiza ese control del cuerpo, en el que interviene eso que hemos dado en llamar “mente”, la facultad que nos permite pensar y elaborar ideas abstractas. Se trata de una historia fascinante en la que interviene la neurología, la neurocirugía, la psicología y la psiquiatría, demasiadas ciencias que intentan descubrir los enigmas y misterios del “segundo órgano más importante del cuerpo”, según el “ranking” de Woody Allen.

Justamente, es de lo que trata un libro ameno, escrito por el profesor Esteban García-Albea, veterano divulgador de la neurología, titulado Su majestad el cerebro, historia, enigmas y misterios de un órgano prodigioso (La Esfera de los Libros, S.L., Madrid, 2017). No es un ensayo para entendidos ni tampoco una novela de entretenimiento, sino una síntesis de divulgación y narrativa (incluye biografías de científicos como Ramón y Cajal, Penfield y otros junto a cuentos breves del autor) con la que consigue atraer la atención de lector sobre la historia, siempre sorprendente y plagada de dogmas, supersticiones y avances científicos, del cerebro, además de enfatizar el lado humano y singular de un órgano que se resiste a desvelar todos sus secretos. Lo dicho, una historia fascinante.

domingo, 1 de abril de 2018

Todo lo que me haces


Me haces despertar hurtándome la posibilidad de quejarme, saludarte o expresarte mis sentimientos cada mañana al levantarme. Me haces no hallar consuelo en unas sábanas siempre frías y mudas. Me haces enfrentarme a un estúpido cepillo de dientes solitario en el cuarto de baño. Me haces apagar luces y cerrar la puerta detrás de mí cuando acudo al trabajo porque de lo contrario dejaría todo abierto. Me haces salir de una casa que pretendió ser hogar sin ningún entusiasmo por regresar. Me haces entregarme al trabajo como terapia que me ayude a olvidar mis preocupaciones y problemas. Me haces perderme en unos aposentos que se han vuelto extraños y vacíos, como esas conchas en las que se oye un mar que no existe. Me haces desbaratar proyectos de vida que habíamos compartido para recuperar otros en los que lo importante vuelve a ser mi salud, mi trabajo y mi familia. Me haces sufrir un dolor insoportable que contribuye a endurecerme y prepararme para la frustración, los desengaños y la desconfianza que todavía puedan sobrevenirme. Me haces olvidarte más pronto de lo que tú tardarás en arrepentirte de la oportunidad que has perdido para moldear tu vida con tus propias manos, con responsabilidad y sin tutelas, junto a quien no ha dudado nunca en mostrarse cómo era y entregarse sin reservas. Me haces ser yo mismo otra vez a pesar de las cicatrices. Y me obligas a replantearme la vida para afrontarla con más ganas y fuerzas, si cabe. Por eso, me has hecho un favor del que jamás podrás disculparte porque esa oportunidad no la tuviste en cuenta. Porque ignoras, en tu egoísmo y ceguera, todo cuanto me haces y te haces. Y lo lamento.