lunes, 5 de noviembre de 2012

Opto por Obama

Mañana se celebran las elecciones presidenciales en Estados Unidos, un suceso que trasciende sus fronteras e interesa a los países que orbitan atraídos por el enorme influjo de aquella potencia mundial. Es por ello que, para los que habitamos en el exterior, no sea extraño mostrar atención a lo que se dilucida en esa campaña electoral e incluso sintamos el deseo de expresar nuestras preferencias por alguno de los candidatos que se disputan la presidencia de la nación más poderosa del planeta. Es algo que nos afecta de alguna manera.

Aunque yo no pueda votar, opto por Barack Obama, el actual Presidente de los Estados Unidos y candidato por el Partido Demócrata que aspira a la reelección frente al republicano Mitt Romney. Y lo hago por varios motivos:

En primer lugar, por intereses estratégicos ya apuntados en el inicio de este artículo. Como ciudadano de un país mediano, como España, que está integrado en la tupida red de influencias económicas,  políticas, comerciales, tecnológicas, militares y culturales que desde EE.UU. se controlan directa o indirectamente (FMI, OMC, Wall Street, Hollywood, Pentágono, tratados, convenios, etc.), no es insustancial el programa del Presidente que ocupe la Casa Blanca. En ese sentido, Obama representa, para los que vivimos fuera de USA, una más abierta disposición al diálogo, a la comprensión de los problemas que aquejan al mundo y a reconocer su diversidad y complejidad, sin dogmatismo ni visiones reducionistas. Se interesa por lo que ocurre en el exterior e intenta ser comprensivo, aunque sin abandonar la salvaguarda de los intereses estratégicos de la potencia que dirige.  Para los europeos, Obama mantiene unas ideas que nos resultan familiares porque preconizan el progreso en las costumbres y los modelos de convivencia social. Su apuesta por el derecho al aborto, el matrimonio homosexual, la subida de impuestos a los más ricos, la inversión pública en servicios sociales, la reforma sanitaria que extiende la atención médica a toda la población y tantos otros asuntos que casi lo equiparan, a pesar de las salvedades existentes, con las políticas de la socialdemocracia del Viejo Continente.

En segundo lugar, también lo elijo por mi condición de hispano. Los Estados Unidos es un país que atrae la inmigración de sus vecinos de América Latina y, en general, de todas partes del mundo. Pero los latinos representan un porcentaje nada desdeñable de su población, un 18 por ciento (50 millones de personas sobre un total de 311 millones), muy relevante en determinados Estados, como Florida. Obama se comporta más sensible con los problemas raciales y procura aportar soluciones alejadas de la intolerancia y el rechazo que muestran, con sus opiniones o sus actos, sus contrincantes republicanos. Ha aportado una reforma migratoria integral para los que quieran poseer la ciudadanía norteamericana, con condiciones y compromisos, y ha mostrado su respaldo al “Dream Act” que facilita la nacionalidad a ciertos estudiantes indocumentados. A no todos ellos convence esta política aunque sea el único que plantea el tema migratorio desde el respeto a la dignidad del inmigrante y, en general, la solidaridad hacia las minorías y los más desfavorecidos de una sociedad que confunde el auxilio social con la pérdida de libertades.

Y, por último, por una cuestión sentimental, como antiguo ciudadano yankee que renunció a su nacionalidad durante la adolescencia para convertirse español. Siento simpatía de la patria en la que nací aunque no forme parte de la Unión más que como Estado Libre Asociado. Con voz pero sin voto, los puertorriqueños, pese a ser ciudadanos estadounideneses, carecen del derecho para elegir a los miembros del Congreso, del Senado y al Presidente de los Estados Unidos, salvo si residen en el continente, no en la isla. Como colonia que disfruta de una relación contradictoria con USA, sólo se les permite votar para seleccionar al candidato de cada partido, pero no en la elección del Presidente. Por todo ello, prefiero a Barack Obama. Y hoy, antes de conocer el resultado de esas elecciones, hago pública mi apuesta porque, pese a sus insuficiencias, me inspira más confianza desde todos los puntos mencionados.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Recortes y más recortes

El Gobierno de la comunidad autónoma de Andalucía ha presentado el proyecto de ley de Presupuestos para el año 2013 que, sin negar la mayor, viene a destacar la menor: se tratan de unas cuentas que continúan con los tijeretazos en todas las partidas, aunque procuran mantener unos gastos sociales en el límite de las posibilidades económicas. Pero, al fin y al cabo, suponen más recortes.

A pesar de las intenciones en marcar diferencias con las medidas duramente restrictivas del Gobierno central, los Presupuestos andaluces apenas difieren en la letra, aunque sí en la música con los de Rajoy. En realidad, hacen encajes de bolillos para preservar un modelo de protección social en medio del radical frenazo en las inversiones y una significativa disminución del gasto corriente. Así, difícilmente se pueden realizar actuaciones que preserven las maltrechas estructuras del Estado de Bienestar, ni siquiera en áreas tomadas como banderas por la Junta de Andalucía, como son la educación y la sanidad, que ven decrecer sus partidas de gasto. En ambos sectores, las plantillas de personal funcionario menguan al renovarse sólo el 10 por ciento de las jubilaciones y por el incremento de 2,5 horas adicionales a la semana a que obligan las reformas anticrisis del  Gobierno del Partido Popular al conjunto de las Administraciones públicas.  

La asfixia económica que provocarán estos Presupuestos en Andalucía tendrá consecuencias en el empleo y el crecimiento, puesto que la partida que más crece es la destinada a pagar deuda pública. El resto se centra en sostener unos servicios públicos “ajustados” al compromiso del objetivo de déficit del 0,7 por ciento, que obliga a un recorte adicional de 4.200 millones de euros en las cuentas públicas de Andalucía para el año que viene. Es decir, no renuncian por imperativo legal a la premisa mayor de reducir la deuda del Estado como exige Bruselas, pero resaltan el esfuerzo por evitar despidos de empleados públicos, la privatización de hospitales y servicios sociales, el copago sanitario y la implantación de tasas y recargos diversos que están realizando en las comunidades donde gobiernan los conservadores. Para la consejera de Economía y Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, la prioridad es atender los hospitales y no hacer carreteras.

Sin embargo, según el presidente de los populares andaluces, Juan Ignacio Zoido, estos Presupuestos representan un obstáculo para salir de la crisis porque no aportan ninguna “reforma” que sirva para “controlar” el gasto. Y es que, precisamente, esa es la diferencia más notable que podría encontrarse en ambos modelos presupuestarios: la definición de gasto. Lo que para uno es descartable como gasto, para otro es inversión en protección social a través de servicios públicos. Pero ambos se ven impelidos a cuadrar balances que apenas cuentan con ingresos ordinarios (por una recesión económica que tarda en superarse), reducción drástica de las transferencias por parte del Estado hacia las comunidades y las dificultades de financiación en los mercados. En ambos casos, menos dinero para todos, menos para los acreedores, que son los que justifican estos duros mecanismos de “ajuste” para asegurarse el cobro de sus préstamos, hasta el extremo de hacerlo constar como prioritario en la misma Constitución española. En definitiva, dos músicas para una sola letra: recortes y más recortes. Chan chán.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Halloween

No existe diálogo de civilizaciones, sino dominación de unas sobre otras, imposición de los intereses del conquistador sobre los pueblos sometidos, la colonización en toda la extensión de la palabra aunque no se invadan físicamente, hoy día, los territorios. Halloween es el penúltimo ejemplo de ello. La festividad religiosa de Todos los Santos se transforma, por obra y gracia del “negocio”, es una oportunidad para “importar” la celebración marcadamente mercantil del Halloween norteamericano, con toda su parafernalia de fiestas, disfraces y diversión que resultan sumamente rentables. Y lo que era una costumbre para recordar a los seres queridos desaparecidos se sustituye por un entretenimiento consumista que olvida a los familiares muertos. Se subvierte el carácter religioso por el pagano, no por voluntad de los celebrantes, sino por mentalización imperialista, que obliga a abandonar las propias costumbres para asumir las ajenas impuestas.

El imperio norteamericano extiende su modelo social y sus costumbres a todas sus colonias tras haber depredado y controlado los recursos y riquezas de aquellas. La penetración americana es colosal en todos los aspectos, siendo el cultural el que “fertiliza” sus inversiones en el exterior, homogeneizando ideológicamente las costumbres de los pueblos sobre los que hace sentir su influencia. Esa penetración abarca, como ya revelara Manuel Vázquez Montalbán en su libro La penetración americana en España*, los campos tecnológico, económico, político y militar, pero también el cultural, a través del cual se inoculan valores favorables a sus intereses, “valores y significaciones que terminan no sólo por sustituir los derivados de la propia tradición histórica y cultural, sino incluso sustituir o impedir la formación de valores y significaciones derivados de las auténticas necesidades históricas populares” (Ob.cit., pág. 377).

Esta “americanización” de España no es un fenómeno nuevo en la historia del mundo. El antiguo imperio romano realizó una “romanización” de sus conquistas hasta que un nuevo imperio impuso sus propios valores. El cine norteamericano, la literatura y la “archicultura pop” forman parte, entre otros, de ese formidable mecanismo de “americanización” que transforma el mundo en una réplica exacta del american way of life, en el que nos reconocemos tras haber olvidado o perdido previamente nuestra propia identidad.

Este colonialismo ideológico, que nos desvincula de nuestras referencias históricas, tiene éxito no por ofrecernos una cosmovisión más completa y convincente del mundo, sino por la potencialidad económica que tiene para introducirse en nuestra cultura, a la que desplaza hasta hacernos cambiar de hábitos, costumbres. ideales y valores. Tanto es así que ya no vamos a los cementerios a limpiar los nichos donde reposan los restos de los abuelos, sino que nos disfrazamos de vampiros para repetir como posesos: “truco o trato”, sin que ni siquiera sepamos a qué viene la pregunta.
 
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*Manuel Vázquez Montalbán, La penetración americana en España, Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1974.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Todos los Santos

Habrán de ser pocos, porque santos, como dios manda, escasean tanto en el cielo como en la Tierra. La mayoría de los reconocidos lo son por morir abrazados y, a veces, abrasados, a dogmas que perjudicaron en cualquier momento al poder político. O se entregaron a “evangelizar” caritativamente a los pisoteados del Tercer Mundo, esa mayoría que permite la existencia de una minoría acomodada, después de que el Imperio saqueara sus recursos y riquezas. Yo prefiero los santos humildes de hoy, sin dogmas ni iglesias, que profesan la honradez en vida y la entrega a la honestidad. Son padres, abuelas e hijos que conducen sus vidas guiados por la ética del respeto, la tolerancia y la libertad, bajo un único mandamiento: la responsabilidad. Hoy debería ser el día de los todos los santos que sufren la desigualdad y la opresión de estructuras injustas, ya sean religiosas –que bendicen la propiedad privada-, económicas –que empobrecen a los trabajadores-, políticas –que suprimen derechos a los débiles- y sociales –que distinguen a las personas según intereses-, y que permiten la permanencia de privilegios y clases sociales, de ricos entre pobres sin que se les caiga la cara de vergüenza. Hoy es el día, si no fuera una farsa, de todos los santos desposeídos y desfavorecidos por cualquier poder, incluido el más hipócrita de ellos, el que te promete la vida eterna.