sábado, 31 de julio de 2010
Nietas
Mi primera nieta tiene un mes de vida. La segunda tiene cuatro meses de gestación y acabamos de saber, gracias a una ecografía, que también será una niña. Cuando nazca, ambas primas, con sólo seis meses de diferencia, podrán disfrutar de una vida compartida de ilusiones y rodeada de una familia que les desbrozará el camino cuanto sea posible. Ya cuentan con la entrega y disposición absoluta de sus padres, pero también de los abuelos. No es un empeño baladí, sino un compromiso de por vida. Todas las familias tejen una red de relaciones que brindan un respaldo semejante, aunque ello no garantice ningún éxito de antemano, que sería más difícil si no se contara con él. Precisamente ese es el gran reto de la vida: nada está determinado previamente. Sin embargo, somos seres que albergan sentimientos. Saberse querido y respaldado por los tuyos supone un aliciente que insufla energía para afrontar muchos obstáculos. Eso es lo que queremos que no les falte, nuestro cariño y nuestro apoyo. Los hijos y los nietos impregnan de sentido la existencia. Gracias por convertirnos en abuelos. Gracias por permitirnos reflejarnos en unos ojitos que observarán el futuro. Gracias.
viernes, 30 de julio de 2010
Julio se va
Este mes está a punto de acabar y se va dejándonos un año desquiciado y huérfano de esperanzas. El Gobierno “socialista” adopta medidas más propias de la derecha: quita o congela prestaciones, reduce sueldos, facilita el despido, encarece los impuestos, reduce el tamaño de la Administración, detiene la inversión pública, etc. Sólo le falta privatizar empresas públicas, pero no por falta de ganas, sino porque Aznar no dejó ninguna “rentable” para hacerlo. Aún así, es todo lo contrario a lo esperado de una gestión socialdemócrata y por ello causa incomprensión entre los aliados naturales: sindicatos y grupos de izquierdas. Pero lo más grave es que tampoco satisface a quienes proponían medidas de tal calibre. Unos promueven una huelga general para el mes próximo y otros claman por la dimisión del presidente del Gobierno por incompetente. Julio añade a esta tesitura el calor correspondiente para alcanzar el sofoco. La gente que se va de vacaciones no sabe lo que encontrará al regresar. Y los que se quedan tampoco saben lo que deparará el día de mañana. Ojalá Agosto refresque alguna esperanza, aunque temo delirar.
miércoles, 28 de julio de 2010
Las corridas de toros
Hoy se vota en el Parlamento de Cataluña una moción para mantener o prohibir las corridas de toros en aquella región. El asunto suscita debate en todo el país pues lleva implícito el sentimiento españolista de la “fiesta nacional”, como emblema universal de nuestra idiosincrasia. La verdad es que el asunto trasciende la mera discusión sobre la abolición de una “salvajada” gratuita contra un animal, por muy secular que sea la costumbre y por muy arraigada se esté entre los españoles.
Hay varias consideraciones que deberían tenerse en cuenta. El negocio no lo permite todo. Hablar de la cantidad de dinero que la “fiesta” genera o de los puestos de trabajo que desaparecerían, sería utilizar argumentos que también servirían para autorizar la prostitución, por ejemplo. Y hacer hincapié en el arraigo de la costumbre es blandir el razonamiento que acepta la ablación de clítoris en los países que la practican… porque forma parte de su tradición histórica.
Una acción violenta y gratuita como son las corridas de toros ha de ser abordada desde la razón, donde debe imperar aquellos valores que dignifican al ser humano y lo apartan, humanizándolo, de la simple condición animal. Si los gladiadores no son concebibles en los tiempos actuales, la figura del torero tampoco, por idéntica razón: nadie debe jugarse la vida como simple espectáculo de circo. La muerte como diversión es incompatible con la civilización y los derechos del hombre. Y hacer sufrir a un animal hasta la muerte por el mismo fin, función gratuita de violencia, tampoco. Ambas acciones ofenden aquella dignidad que perseguimos como valor intrínseco de la humanidad y causan repudio a la razón y a la más embotada sensibilidad. El respeto a la vida es premisa en el frontispicio de los ideales humanos, así como evitar el sufrimiento de los animales que nos sirven de alimento y abrigo, a los que sacrificamos por imperativos fisiológicos. Pero jugar con la muerte y el dolor de forma gratuita entre personas y animales, como mero espectáculo, es denigrante.
El último argumento ecológico de los defensores de las corridas es pueril. La raza del toro de lidia también podría conservarse en espacios protegidos, como se hace con el lince o el buitre, sin necesidad de matarlo en una plaza. El interés económico particular no puede prevalecer sobre un valor general, aunque algunos ganaderos pierdan un negocio “redondo”, porque les preocupa más su interés particular que la supervivencia de una especie animal. Su protesta coincide, casualmente, con la de los balleneros japoneses, a quienes matar ballenas les parece un comportamiento “ecológico”. Y eso que no lo hacen para que los demás saquen el pañuelo desde el graderío.
Acuarela de Denis Gringas
Hay varias consideraciones que deberían tenerse en cuenta. El negocio no lo permite todo. Hablar de la cantidad de dinero que la “fiesta” genera o de los puestos de trabajo que desaparecerían, sería utilizar argumentos que también servirían para autorizar la prostitución, por ejemplo. Y hacer hincapié en el arraigo de la costumbre es blandir el razonamiento que acepta la ablación de clítoris en los países que la practican… porque forma parte de su tradición histórica.
Una acción violenta y gratuita como son las corridas de toros ha de ser abordada desde la razón, donde debe imperar aquellos valores que dignifican al ser humano y lo apartan, humanizándolo, de la simple condición animal. Si los gladiadores no son concebibles en los tiempos actuales, la figura del torero tampoco, por idéntica razón: nadie debe jugarse la vida como simple espectáculo de circo. La muerte como diversión es incompatible con la civilización y los derechos del hombre. Y hacer sufrir a un animal hasta la muerte por el mismo fin, función gratuita de violencia, tampoco. Ambas acciones ofenden aquella dignidad que perseguimos como valor intrínseco de la humanidad y causan repudio a la razón y a la más embotada sensibilidad. El respeto a la vida es premisa en el frontispicio de los ideales humanos, así como evitar el sufrimiento de los animales que nos sirven de alimento y abrigo, a los que sacrificamos por imperativos fisiológicos. Pero jugar con la muerte y el dolor de forma gratuita entre personas y animales, como mero espectáculo, es denigrante.
El último argumento ecológico de los defensores de las corridas es pueril. La raza del toro de lidia también podría conservarse en espacios protegidos, como se hace con el lince o el buitre, sin necesidad de matarlo en una plaza. El interés económico particular no puede prevalecer sobre un valor general, aunque algunos ganaderos pierdan un negocio “redondo”, porque les preocupa más su interés particular que la supervivencia de una especie animal. Su protesta coincide, casualmente, con la de los balleneros japoneses, a quienes matar ballenas les parece un comportamiento “ecológico”. Y eso que no lo hacen para que los demás saquen el pañuelo desde el graderío.
lunes, 26 de julio de 2010
Apuntes sobre Cataluña y España
Hace apenas una semana (sábado 17 de julio) escribíamos un comentario sobre la sentencia del Tribunal Constitucional en relación con el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Hoy viene en la prensa un artículo* firmado por Carme Chacón (catalana), actual ministra de Defensa, y Felipe González (andaluz), ex presidente del Gobierno, con el título que abre este post, que de alguna manera confirma lo expuesto en aquel comentario, puesto que, aparte de señalar los peligros o resistencias antagónicas que cuestionan la democracia y el Estado de las Autonomías español -como son el centralismo que propugna una sola lengua, una historia única y una España uniforme, y el separatismo, que no acepta un espacio compartido y aspira a la independencia-, hace hincapié en la federalización del Estado amparada en una Constitución que ha permitido a España gozar del período democrático, de paz y prosperidad más dilatado de su historia.
Si en nuestro comentario proponíamos alcanzar un acuerdo de Estado para fijar los límites infranqueables en toda negociación autonomista, el de estos autores confirma que bajo la Constitución de 1978 y los Estatutos de Autonomía se consiguen los mayores niveles de autogobierno de toda Europa, con una concepción de España como “nación de naciones” que reconoce la diversidad identitaria y abarca, no sólo los preceptos legales, sino también a las emociones y sentimientos de pertenencia a los que hace referencia culturalmente el término de nación.
Aunque la literalidad de la Constitución no lo recoja expresamente, España tiende a configurarse como un Estado federal en el que conviven identidades diversas y una pluralidad de naciones bajo un mismo espacio. Apostar por fortalecer esta estructura que tan buenos resultados ha dado hasta la fecha es apostar por reconocer esos sentimientos de pertenencia, rechazando todo nacionalismo centrípeta o centrífugo como elementos minoritarios y distorsionadores de la realidad, aunque sumamente potentes a la hora de ensombrecer el 95 % de lo conseguido con el 5 % de los problemas que ellos mismos generan.
Tal vez un poco más de lealtad institucional y de sentido común (Acuerdo de Estado) podrían encauzar el vocerío sobre la configuración territorial de España en la discusión de salón a que en última instancia se reduce, dejando las energías para combatir los verdaderos problemas que preocupan a los ciudadanos: la crisis económica y el mantenimiento del Estado de bienestar social.
Si en nuestro comentario proponíamos alcanzar un acuerdo de Estado para fijar los límites infranqueables en toda negociación autonomista, el de estos autores confirma que bajo la Constitución de 1978 y los Estatutos de Autonomía se consiguen los mayores niveles de autogobierno de toda Europa, con una concepción de España como “nación de naciones” que reconoce la diversidad identitaria y abarca, no sólo los preceptos legales, sino también a las emociones y sentimientos de pertenencia a los que hace referencia culturalmente el término de nación.
Aunque la literalidad de la Constitución no lo recoja expresamente, España tiende a configurarse como un Estado federal en el que conviven identidades diversas y una pluralidad de naciones bajo un mismo espacio. Apostar por fortalecer esta estructura que tan buenos resultados ha dado hasta la fecha es apostar por reconocer esos sentimientos de pertenencia, rechazando todo nacionalismo centrípeta o centrífugo como elementos minoritarios y distorsionadores de la realidad, aunque sumamente potentes a la hora de ensombrecer el 95 % de lo conseguido con el 5 % de los problemas que ellos mismos generan.
Tal vez un poco más de lealtad institucional y de sentido común (Acuerdo de Estado) podrían encauzar el vocerío sobre la configuración territorial de España en la discusión de salón a que en última instancia se reduce, dejando las energías para combatir los verdaderos problemas que preocupan a los ciudadanos: la crisis económica y el mantenimiento del Estado de bienestar social.
*Apuntes sobre Cataluña y España, Carme Chacón y Felipe González, El País, 26 julio 2010
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