sábado, 3 de diciembre de 2011

Prensa y Poder durante Isabel II

Fue un hallazgo en una Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que no pude dejar escapar. Es un librito de pequeño formato que, en realidad, no es viejo sino de 2005, y no lo edita una editorial sino una imprenta: prácticamente una edición no venal con la que el autor hace público un ensayo. Y es interesante. Se trata de “Prensa y censura: la libertad de prensa en la Bahía de Cádiz durante el reinado de Isabel II”, de José María Rodríguez Díaz. Para quien gusta la historia del periodismo y sigue los preparativos del bicentenartio de la Constitución de Cádiz, la que proclamó la libertad de imprenta, este hallazgo es un tesoro.

La profusa documentación que ofrece la obra sobre los límites históricos al derecho de Libertad de Imprenta en un período determinado y en el marco de la Bahía de Cádiz, a pesar tales limitaciones geográficas y temporales, es ilustrativa de la realidad de la prensa en su conjunto durante esa época en España. No hay que olvidar que el absolutismo de las antiguas monarquías del Antiguo Régimen evolucionaba definitivamente hacia un período de libertades públicas que permitirá la aparición del moderno periodismo político, aunque, al mismo tiempo, afianzará los mecanismos para su control o regulación, modulados según las vicisitudes del Poder. Es una época en que florecerá una abundante legislación sobre la libertad de imprenta, especialmente en lo que respecta a la prensa.

Isabel II accedería al Trono a finales de 1843, cuando las Cortes proclaman su mayoría de edad con 14 años. Tres años antes finalizaba la guerra carlista, cerrándose por fin un largo período convulsivo que se había iniciado con el reinado de Carlos IV y la Guerra de la Independencia contra el invasor napoleónico. A pesar de la inestabilidad política de su reinado, la realidad socio-económica del país logra una palpable recuperación general. Tras años de desorden y desmantelamiento del Antiguo Régimen, se construye un Estado liberal que busca armonizar orden y libertad, basándose en un pragmatismo que antepone los intereses materiales del país a la ideología. Sin embargo, el cambiante ordenamiento jurídico en ese tiempo estará presidido por una libertad censitaria que no prohíbe, pero impide o restringe derechos. El auge del periodismo político, aunque se denomine prensa moderna o informativa, estará constreñido a una actividad de las clases pudientes que buscan defender sus ideales políticos y sus parcelas de poder, apelando a una incipiente opinión pública y el respaldo popular. De ahí la proliferación de cabeceras de un periodismo muy diversificado, representativo de las distintas tendencias políticas, aunque con predominio de la liberal moderada. Así, podrán encontrarse periódicos adscritos desde el ideario carlista hasta los proclives al progresismo, sin olvidar la prensa oficial.

Este es el contexto en el que el libro “Prensa y Censura” pormenoriza la realidad periodística de la Bahía de Cádiz durante el reinado de Isabel II, para describir, primero, la legislación de prensa en la época y los órganos de control de que se vale para vigilar atentamente lo que se escribe y señalar ejemplos, después, de cómo el Poder impide que se publiquen artículos que rebasen sus “líneas rojas”. Y ahí radica la singularidad de la obra: los ejemplos que brinda acerca de la actuación de los distintos agentes para el control de las publicaciones del área de la Bahía de Cádiz. Causa perplejidad percatarse del amplio número de responsables que llegan a controlar y hasta imponer la censura o requisar las tiradas no distribuidas de aquellos números denunciados, bajo el amparo legal de la Constitución de 1837 y hasta 1868. Desde el Censor hasta el Alcalde, pasando por el Gobernador, en el ámbito gubernativo, y el Fiscal de Imprenta, sucesor del Censor y al que sucedió el Promotor del Fiscal o Fiscal Ordinario del Juzgado, el Jurado de Jueces de Hecho y, por último, el Juez ordinario, cuyas decisiones en materia de prensa eran apelables ante la Audiencia de Sevilla.

Pero, además de los encargados del control de la prensa, “Prensa y Censura” también analiza los instrumentos que la autoridad gubernativa dispone para regular la actividad periodística: una retahíla de requisitos legales que usados discrecionalmente servían de filtro para impedir la salida de periódicos no oficiales a la calle o dificultar su actividad. Fundamentalmente eran dos: la fianza y el nombramiento de un editor responsable. La fianza era exigida como requisito ineludible a los periódicos políticos, y solía prestarse por un socio del promotor del periódico, generalmente el propietario de la imprenta o conocidos hombres de negocio. Tan formidable era este instrumento de control que hasta el Boletín Eclesiástico de la Diócesis fue investigado por si debía pagar la fianza. En caso de no poder depositarla, el medio estaba condenado a cerrar, como sucedió con El Duende Gaditano, el primer caso de periódico que desaparece al no poder atender el pago de la misma.

Lo más enjundioso de la obra es el capítulo de Fichas de Censura, un apartado en el que se divulgan los datos relativos a los permisos y las denuncias correspondientes a 166 cabeceras, la mayoría de ellas de Cádiz (141, número que ya denota el auge de la prensa política de la época), El Puerto de Santa María (10), San Fernando (12), Puerto Real (1), Chiclana (1) y Sanlúcar de Barrameda (1). En esos documentos constan las fechas de solicitud de los permisos y de aparición del diario, su periodicidad, lugar de impresión, ubicación de la redacción y el nombre del editor responsable, así como las denuncias que muchos de ellos reciben por los “encontronazos” con la legislación que los controla férreamente. Incluso se pueden conocer, a través de estas Fichas de Censura, las divergencias y las diferentes interpretaciones que se dan entre los distintos órganos de control a la hora de determinar la comisión de un delito de prensa. Tal el caso de El Nuevo Fígaro, al que el Gobernador acusa por un artículo que, a su juicio, falta a la decencia y a las buenas costumbres y lo denuncia al Fiscal, quien contesta que no ve nada denunciable pues “durante el más duro absolutismo se han permitido artículos más picantes, que se pueden oír todos los días en las comedias del Teatro del Balón”.

“Prensa y Censura. La libertad de prensa en la Bahía de Cádiz durante el reinado de Isabel II” concluye con un índice bibliográfico sobre las referencias consultadas que evidencia una labor de documentación exhaustiva y considerable. Hay que concluir que se trata de un libro de fácil lectura, ameno, pero que, aún circunscribiéndose al ámbito espacio-temporal que analiza, brinda un testimonio esclarecedor de la difícil relación entre Prensa y Poder, incluso en los momentos más aperturistas y liberales de la historia de España, como el reflejado aquí durante el reinado de Isabel II.

Prensa y Censura:La Libertad de Prensa en la Bahía de Cádiz durante el reinado de Isabel II, de José María Rodríguez Díaz. Imprenta Repeto, Cádiz, 2005. I.S.B.N.: 609-1560-3

viernes, 2 de diciembre de 2011

La bandera de mi padre

Quizás por ser su único hijo varón o porque yo era el mayor de los hermanos, siempre estuve muy unido a mi padre. Desde que tengo uso de razón, su presencia siempre me ha acompañado. Guardo recuerdos de períodos muy remotos de mi infancia en los que aparece compartiendo conmigo alguna actividad. Aunque nunca pude atestiguar su trabajo profesional como maestro, sus aficiones fueron, en cambio, bastante conocidas por mí, pues no perdía oportunidad de estar a su lado cuando me lo permitía. Si de pequeño lo seguía al taller de electricidad de un tío, su hermano, donde pasaba las tardes arreglando televisores, en la adolescencia iba con él a sus partidas de cháchara con los amigos paisanos, quienes me invitaban a refrescos mientras ellos tomaban cervezas en un descanso de los estudios que todos seguían en un país extranjero.

En mi memoria resuenan ecos de conversaciones y anécdotas que me causaron una gran impresión. Yo era un niño que observaba a su padre con devoción. Cuánto hacía y decía quedaba impresionado en los ojos ávidos de ese hijo que busca en su padre el modelo a seguir. Fueron vivencias que acabaron perdurando y condicionando mi forma de ser. Y todavía me estremecen cuando las rememoro. Como la historia de la bandera.

Estoy convencido de que si mantengo algún interés por la cosa pública, es debido a escuchar de mi padre hechos y comentarios acerca de la política como si hubiera participado activamente en ella, cosa que jamás le conocí. La seriedad y el rigor de su comportamiento los trasladaba a la narración de aquellos acontecimientos que, a oídos de un niño, se convertían en auténticas historias fascinantes. Relatos densos e intrigantes, como de película.

Mi padre contaba que poseía una bandera que guardaba celosamente en secreto. Era la enseña, decía, que portaba un grupo de independentistas puertorriqueños que se oponía a la invasión de la isla por los Estados Unidos. Lo que fijó esa historia en mi memoria fue la revelación de que la tela estaba agujereada por las balas de la refriega. Aunque creo que llegué a ver la bandera, ignoro si el pasaje responde a la veracidad de los hechos o es fruto de una fantasía que confunde a la memoria, aunque es coherente con las simpatías que mi padre profesaba al independentismo como opción política. Le gustaba teorizar y discutir supuestos más cercanos a los conceptos que a la realidad. Porque en realidad era muy pragmático.

Toda su vida estuvo guiada por el pragmatismo más condescendiente. Así, podía atraerle intelectualmente un Partido Independentista, pero posiblemente votara al Partido Popular, partidario de mantener el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, al que pertenecía incluso un familiar que alcanzó la Alcaldía en nuestro pueblo. Tenía un conocimiento bastante profundo de la política, pero nunca se afilió ni participó en aquellos años, al menos, en partido político alguno. Lo recuerdo como una persona más inclinada a la teoría que a la praxis.

También en su profesión se portaba de igual modo. Siendo un buen maestro, al que recuerdo preparar en casa por las noches la materia que debía impartir al día siguiente o rotulando diplomas de una graduación, nunca ambicionó ni ocupó cargos de especial responsabilidad. Se conformaba con el destino que le asignaran. Sin embargo, de su dedicación guardo la pedagogía con que me enseñó a estudiar y dos diplomas que con su letra aún tengo la suerte de conservar.

Su rectitud y severidad pudieran hacer creer que marcaban el rumbo cotidiano familiar, cuando en verdad buscaba la complicidad y el criterio de mi madre. No hacía nada que ella no apoyara o consintiera, excepto tal vez una quimera.

Porque mi padre tuvo un sueño que nunca desechó: estudiar medicina. Pero como médico tampoco dejó de ser él ni procuró enriquecerse. Para entonces ya estábamos separados por medio de un océano. El día que visité su tumba, me afirmaron que una multitud había asistido a su entierro, convencida de que había perdido a un médico entregado a sus pacientes, aunque le pagaran con una gallina. No tenía horas de descanso y siempre estaba presto a ejercer su vocación.

Mi padre guardaba muchas banderas. Era desprendido con los amigos, desinteresado con el dinero y amante del trabajo. Serio y formal hasta en el hogar, pero mordaz en el ingenio. Leal y humilde por convicción. Él mismo se convirtió en la bandera que yo enarbolo como símbolo de mi vida. Mi bandera es él y la guardo en el cajón secreto de mi alma.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Empieza el último

Primer día del último mes del año. Se cierra dos mil once para abrir un nuevo ciclo aún más incierto, con mayores incógnitas que hacen de este solsticio de invierno el más frío y triste de los últimos tiempos. Se tambalea lo firme, se derrumban las certezas y las verdades se cuestionan.  Nada es lo que era y el progreso retrocede para despojarnos de cuantas muletas sujetaban nuestra aparente solidez. Es diciembre, mes de la Navidad para quien guste celebrar el mito espiritual con una alegría que no siente y con unos gastos que no puede. Preparemos las guirnaldas para alegrar nuestro pavor a un tiempo que no se detiene. Villancicos por no llorar o música para soñar. Ya lo he traído en alguna otra ocasión, pero es el apropiado para hoy: December.

martes, 29 de noviembre de 2011

Revueltas para la teocracia

Las revueltas “primaverales” que han logrado derribar regímenes dictatoriales en algunos países árabes mediterráneos, en los que la población expresó su repudio más o menos pacífico a los tiranos hasta conseguir derrocarlos, parecen desembocar ulteriormente en gobiernos confesionales de corte islamista, coyunturalmente moderados, que se suman a las demandas de democracia sin apenas “mojarse”. Un último ejemplo de este proceso “revoltoso” han sido las elecciones legislativas celebradas hace unos días en Egipto, después de la expulsión de Hosni Mubarak del poder. El aplazamiento indefinido con que el Ejército se resistía a las demandas democráticas llevó de nuevo a la plaza de Tahrir a unos manifestantes que no dudaron en volver a enfrentarse a los uniformados armados. Finalmente se han celebrado los comicios, en los que el brazo político de los Hermanos Musulmanes, el Partido de la Libertad y la Justicia, partía como favorito, junto a Alianza Islámica, coalición formada por otros grupos islámicos más radicales.

Días antes, los marroquíes –sin necesidad de revuelta previa- habían apoyado mayoritariamente en sus elecciones legislativas al partido islámico Justicia y Desarrollo, cuyo líder Abdelilá Benjiran podría resultar el primer radical que llega a Primer Ministro en el reino alauí de Mohamed VI. Algo similar a lo sucedido en Túnez, país donde comenzaron las revueltas que hicieron caer al dictador Ben Ali, en que una aplastante victoria en las primeras elecciones democráticas catapulta a los islamistas de En Nahda al frente del Estado, y cuyo número dos y candidato a primer ministro, Hamadi Jebali, manifiesta que comenzaba “una nueva civilización bajo la égida del sexto califato” (Estado basado en la ley islámica). En la vecina Libia, una vez liquidado el esperpéntico coronel Gadafi con ayuda bélica occidental, andan aún en negociaciones para formar un gabinete que integre a las tribus que conforman el país, cada cual con sus intereses regionales y desconfiadas entre sí. Un poco más allá, en la península de Arabia, Yemen también intenta formar un Gobierno provisional que convoque elecciones, tras conseguir la renuncia pactada –para su seguridad- del impresentable Saléh. Y por último, Siria, enésimo episodio de unas revueltas que cada día se parecen más a una guerra civil por la pertinaz resistencia del presidente Bashar Asad a ceder el poder, a pesar de los muertos: más de 3.500 según la ONU.

En casi todos los casos, las reformas democráticas exigidas por la población acaban dando el triunfo a los islamistas o partidos confesionales, únicos elementos estructuralmente organizados entre los opositores que aprovechan el advenimiento de la democracia para lograr ser elegidos en el primer sufragio que se celebre. Desde el punto de vista occidental, resulta llamativo el ascenso al poder de organizaciones o personajes que representan opciones islámicas que no respetan derechos universalmente reconocidos en cualquier democracia, como es la igualdad de la mujer o la separación entre Religión y Estado. Y es que, aún reconociendo la existencia de países democráticos y laicos sui géneris, como Turquía –donde el Presidente y el Primer Ministro pertenecen al partido islamista AKP (Justicia y Desarrollo)-, sigue siendo una incógnita el resultado de unas revueltas que infundieron esperanza e ilusión a unos pueblos sometidos durante decenios a regímenes despóticos insoportables. Más allá del enigma, causa confusión que sean esos mismos pueblos que derriban tiranos los que entreguen las riendas de su destino a facciones que buscan la legitimidad democrática para imponer unos ideales religiosos con los que amedrentan o excluyen a quienes no los comparten. Todo muy lejos de la justicia, la igualdad y la libertad que caracteriza una democracia tal y como conocemos. Extraño camino el de las revueltas para llegar a las teocracias.