viernes, 3 de septiembre de 2010

Caprichos

Nadie se conforma con lo necesario, sino que busca rodearse con lo apetecible, con aquellos “caprichos” que nos hacen la vida más atractiva según nuestros gustos favoritos. Ello no está mal si se adecúa a lo que, en cada momento de la existencia, podemos permitirnos. Lo malo es cuando aspiramos a cosas a las que no podemos acceder si no es renunciando a necesidades primordiales. Todos conocemos a alguien que es capaz de adquirir un modelo de automóvil, totalmente innecesario para los desplazamientos que ha de realizar, por el que debe pagar mensualmente, y durante muchos años, una cuota de mayor cuantía que para un curso de perfeccionamiento (inglés en el extranjero, por ejemplo) en la educación de algún hijo. O personas que se abonan a un club deportivo (de futbol, especialmente) antes que cubrir los gastos de una reforma en la casa. Incluso los que prefieren satisfacer sus dependencias de loterías, tragaperras o “copitas” antes que ahorrar para evitar sustos futuros. Todos pecamos de caer en la tentación de los antojos consumistas puesto que vivimos sumergidos en una sociedad que insta permanentemente a ello.

Lo paradójico es que, si renuncias a participar en esa vorágine de consumo, te conviertes ante los demás en un extraño, un ser huraño cuya tacañería brilla por cada “capricho” no consentido. Estamos tan habituados a gastar lo que aún no hemos ganado (tarjetas de débito), incluso a gastar lo que no podemos, que cualquiera que se aparte de esa conducta mayoritaria es tratado como un individuo asocial y enfermo. Máxime si los mensajes que la economía inocula entre la población son para alertar de las nefastas consecuencias que la caída del consumo provoca en la marcha de la sociedad. ¿Quién puede vivir ajeno a su entorno?

Los locos. Sólo un loco no obedece a las consignas y se retrae a su particular espejismo de manías y fobias entre las cuales podría figurar vivir ajeno a los caprichos, dedicándose sólo a lo necesario sin atender a modas, costumbres y reclamos publicitarios. Así es como percibimos a tales personas, aunque para ellos los locos seríamos nosotros. ¿Cuáles serían, entonces, los cuerdos?

Bibliografía
-Debord, Guy: "La sociedad del espectáculo".
-Moulian, Tomás: "El consumo me consume".

jueves, 2 de septiembre de 2010

Otoño caliente

Este año se presenta un otoño de temperaturas políticas elevadas. Varios son las materias combustibles que aumentarán el calor de los próximos meses. Por un lado, la primera huelga general que los sindicatos plantean al gobierno de Zapatero en respuesta a las drásticas y draconianas medidas adoptadas por aquel para hacer frente a la crisis económica y, más justamente, para afianzar la confianza de los mercados en la deuda pública española. Para los convocantes, el fuerte ajuste emprendido por el Gobierno, que por primera vez en la historia reduce el sueldo real de los funcionarios y congela el del año próximo, además de reducir el crecimiento de algunas pensiones, recae fundamentalmente en el “pilar social” que el ejecutivo de Zapatero pretendía abanderar. Los sindicatos se enfrentan abiertamente a estas medidas económicas y las combaten con una huelga general que, de ser masiva, obligará a rectificar tales medidas o dar por finalizada la actual legislatura.

El segundo carburante, altamente inflamable, lo constituyen los Presupuestos Generales del Estado que el Gobierno deberá presentar antes de que finalice el presente mes de septiembre y cuya aprobación no tiene asegurada. Al encontrarse en minoría, los socialistas han tenido que negociar todos los años los apoyos necesarios para su convalidación en las Cortes, pero los próximos, que recogen las medidas de reducción del gasto y otros compromisos de ahorro que el mercado ha obligado a adoptar, hacen que para el ejecutivo de Zapatero los PGE revistan este año una especial relevancia, pues las circunstancias no permitirían, en caso de no ser aprobados, la prórroga de los anteriores sin grave deterioro de la solvencia de España en la economía mundial.

Y el tercer elemento incendiario son las elecciones autonómicas (no en Andalucía) y municipales que comienzan a convocarse a partir de noviembre y en la primavera siguiente. El PSOE es consciente de la escasa popularidad que gestionar todas estas medidas anticrisis le ha acarreado y procura ganar tiempo por si la recuperación económica trae consigo también el apoyo de los votantes. Sin embargo, la pérdida en feudos en los que, como Cataluña, Castilla la Mancha, siempre ha gobernado, supondría un serio aviso de que las opciones en las próximas elecciones generales vendrían torcidas.

Siempre se ha afirmado que un partido no gana las elecciones, sino que las pierde el que ocupa el Gobierno. Y lo que suceda este otoño será un buen indicador del posible batacazo que sufrirá el actual partido en el Gobierno. Por eso se presenta tan calentito.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lágrimas de plástico

Llevaban muchos años juntos. Eran desinhibidos y no les importaban mostrarse a la vista de todos. Podían cubrirse con ropas que los demás envidiarían o permanecer desnudos sin que ello afectase a su relación ni estado de ánimo. Permanecían impasibles a los comentarios ajenos y mantenían con descaro las miradas de quienes los observaban. Procuraron que su aspecto externo no descubriera jamás lo que sentían ni pensaban. Nunca se dirigieron la palabra más que en la oscuridad de las noches cuando la soledad transportaba eternas promesas de una vida privada y compartida. No pudieron cumplirlas porque cerraron la tienda y vaciaron los escaparates. Los que los guardaron, decían haber visto una gota de agua resbalar por la cara inexpresiva de uno de aquellos maniquíes rotos y desmembrados. Los destruyeron como se destruye al amor, sin hacer caso de los remordimientos.

Fotograma, 22

El niño tuvo una reina con la que compartió el reinado de la primera graduación, cuya fotografía todavía guarda celosamente en un cajón del dormitorio. Aquella niña sería el primer amor no correspondido de un muchacho enamoradizo, su primer amor platónico, con el que soñaba cada vez que compartía clases con ella y cuando la veía cruzar ajena y alegre por la plaza delante del grupo de amigos, ignorando la pasión que desataba. En la timidez del niño crecía la atracción por las muchachas, como si su compañía abjurara la soledad de quien no se siente agraciado consigo mismo.


Miriam, de quien no se acuerda más que del nombre, es en la mente del niño aquel primer arrebato infantil, la obsesión de su alma inocente por la imagen de ternura y delicada belleza que una niña podía despertarle. Era una pasión de miradas y de conjeturas, de anhelos y suspiros generados por la imaginación de un niño que se siente atraído por las féminas, pero a las que nunca se atreverá acercarse para requerirles correspondencia, temeroso de un rechazo al que se sentía predestinado. El azar hizo que fueran elegidos para representar la fiesta de graduación, los que inauguraran el baile. Así surgió la fotografía y los sentimientos que el niño rememora. Ella nunca lo supo, pero Miriam fue su reina, la reina de su infancia, la que reinó en sus sueños durante aquellos años prematuros de amores utópicos y vehementes que mantenían al niño abstraído en la danza de una cabellera rubia y la grácil figura de una niña al andar ante su vista. Miriam había conquistado el reinado de un niño que aún conserva hechizado la muestra de aquel embrujo. Siempre será su reina.